viernes, 20 de marzo de 2026 | Galicia, España
ÚLTIMA HORA El lobo ibérico, gran depredador gallego, entra en la Lista Roja Nacional de la UICN y queda catalogado como vulnerable

Patricia Campos: «Cuando le dije a mi abuela que quería ser piloto militar me dijo que las mujeres solo podían ser azafatas»

Patricia Campos: "Cuando le dije a mi abuela que quería ser piloto militar me dijo que las mujeres solo podían ser azafa

Patricia Campos Doménech, ex piloto de la Armada Española, ofreció este viernes en Lugo una conferencia dentro del programa municipal con motivo del 8-M en la que repasó su trayectoria como la primera —y hasta ahora única— mujer que llegó a pilotar un reactor en la flota. Campos explicó por qué, a pesar de sus orígenes modestos y de las reticencias familiares, se presentó a las oposiciones militares y logró una de las dos plazas disponibles en una convocatoria con cerca de 200 aspirantes. La charla buscaba poner en valor la necesidad de derribar barreras en profesiones tradicionalmente masculinizadas y poner voz a las dificultades que ella misma vivió dentro de la institución.

Nacida en Onda el 12 de marzo de 1977 y formada en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Valencia, Campos compaginó desde joven su afición por el fútbol con el interés por la aviación. Relata que, de niña, jugaba en el patio mientras miraba hacia el cielo y se preguntaba qué se sentiría al volar, sin siquiera imaginar entonces si ese sueño era accesible para una mujer. Más adelante, ante la imposibilidad económica de pagar una formación privada como piloto comercial, optó por las oposiciones a la Armada, donde la formación era gratuita y la oportunidad real para quien no podía costear aeroclubes privados.

Su ingreso en la Armada, a los 23 años, marcó un hito por lo que representaba en términos de ruptura de roles, aunque ella reconoce que no entró con la idea de ser pionera, sino con la simple voluntad de volar. Tras superar unas pruebas durísimas, se convirtió en la primera mujer en pilotar un reactor de la flota, una posición que la situó en un entorno extremadamente masculinizado. Aun obteniendo resultados excelentes en lo técnico y físico, Campos denuncia que la exigencia extra vino por la condición de mujer: “tienes que demostrar el doble que ellos”, ha dicho en diferentes ocasiones.

CONTENIDO PATROCINADO

Salado Golf & Beach Resort

Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.

Conoce más →

En la conferencia en Lugo recordó episodios que resumen la cultura que encontró en el cuartel: incomprensión familiar, comentarios despectivos y chistes que normalizaban la objetivación. Narró cómo, cuando fue a contarlo en su casa, su propia abuela le señaló que las mujeres debían ser azafatas y no pilotos, y cómo esa idea socializada dificultó su aceptación en ciertos ámbitos profesionales. A su juicio, la Armada mantuvo en aquel momento prácticas y actitudes que la hacía sentir fuera de lugar, con compañeros que no ocultaban bromas de mal gusto y una falta de sanción institucional ante el comportamiento sexista.

Más allá del ambiente, Campos describió la responsabilidad técnica de pilotar aviones de la Armada y las tensiones asociadas a misiones con personalidades y altos cargos. Señala que la presión en ese tipo de vuelos es máxima porque no solo se trata de operaciones aeronáuticas, sino también de protocolo y seguridad para personas de alto relieve. A pesar de ello, subraya que jamás permitió que la intimidación o los prejuicios socavaran su rendimiento; su trayectoria demuestra que la competencia profesional no depende del género sino de la preparación y la disciplina.

Tras su etapa en la Armada, su vida profesional dio otros giros: se formó y trabaja como entrenadora de fútbol y se ha convertido en una activista visible en materia de igualdad de género. En las charlas que imparte aprovecha su experiencia para animar a jóvenes a entrar en sectores con poca presencia femenina y a reclamar apoyos estructurales, como becas o programas de apoyo, que corrijan las desigualdades derivadas de la clase social. Campos insiste en que la falta de acceso económico es tan determinante como las barreras culturales a la hora de explicar por qué las mujeres no ocupan ciertos puestos.

En su intervención en Lugo también hizo hincapié en la urgencia de cambios institucionales y culturales: no basta con incorporar a mujeres si las estructuras siguen tolerando actitudes discriminatorias. Propone medidas concretas de formación en igualdad para las plantillas, protocolos claros contra el abuso y políticas de conciliación que permitan a las mujeres desarrollar carreras largas en ámbitos como la aviación militar. Para ella, la visibilidad genera efecto llamada, pero es imprescindible que vaya acompañada de políticas públicas y de un cambio en las actitudes cotidianas.

Campos concluyó su charla apelando a la responsabilidad colectiva: reclama que las administraciones, las fuerzas armadas y las organizaciones deportivas trabajen de forma coordinada para abrir espacios y recursos a quienes provienen de familias humildes y, al mismo tiempo, erradicar el machismo que sigue presente en muchas instituciones. Su relato, entre la crítica y la llamada a la esperanza, combina la experiencia personal con propuestas prácticas y un mensaje claro: que el acceso no sea un privilegio y que la igualdad no se quede en palabras, sino que se traduzca en oportunidades reales.

¿Buscas una Inversión Segura?

Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual

Solicitar Información Ahora

Compartir esta noticia

S

Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

Salir de la versión móvil