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Reconstruyen por completo el cerebro de una mosca en un ordenador y lo hacen interactuar con un cuerpo virtual

Reconstruyen por completo el cerebro de una mosca en un ordenador y lo hacen interactuar con un cuerpo virtual

Investigadores de una empresa tecnológica han recreado, neurona a neurona, el cerebro de la mosca de la fruta y lo han puesto a funcionar dentro de un ordenador, conectándolo a un cuerpo simulado para que pueda percibir y actuar. El trabajo —dado a conocer el 10 de marzo de 2026 desde Budapest— muestra que un cerebro emulado puede procesar sensaciones y generar conductas complejas sin instrucciones directas, lo que, según sus autores, marca un avance relevante en el camino hacia emulaciones cerebrales de mayor escala. La demostración pretende probar que ciertos rasgos de la inteligencia pueden conservarse al trasladarse de un soporte biológico a uno digital. Los responsables subrayan el potencial científico del experimento, al tiempo que alertan de los límites actuales para extrapolarlo a cerebros más grandes.

La réplica informática se basa en un modelo del cerebro adulto de la mosca que contiene aproximadamente 125.000 neuronas y 50 millones de sinapsis, una complejidad muy superior a la de trabajos previos sobre gusanos con apenas 302 neuronas. Para elaborar la emulación los investigadores han utilizado el conectoma conocido como FlyWire, que mapea el cableado cerebral, y han integrado ese circuito con marcos de simulación corporal y motores de física que reproducen sensaciones y movimiento. El resultado no es un mero cálculo aislado: el circuito informa a un cuerpo virtual, recibe de él estímulos visuales y táctiles y responde con movimientos coordinados.

Según relata Alex Wissner-Gross en la cobertura del experimento, la mosca digital mostró comportamientos reconocibles como caminar, asearse y buscar alimento sin que esos actos hubieran sido programados de forma explícita. Esas acciones aparecieron de manera emergente a partir de la interacción entre la emulación neuronal y el entorno simulado, lo que los autores interpretan como la puesta en marcha de un lazo cerrado percepción-acción. La escena fue registrada y documentada por el equipo, que también publicó vídeos y datos de la simulación para su examen público.

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El texto original que difundió la noticia está firmado por Giulio Prisco, y fue reproducido con autorización en varios medios digitales. La nueva demostración emplea herramientas como NeuroMechFly para modelar el cuerpo y MuJoCo como motor de física, de forma que las señales generadas por la red neuronal emulada se traducen en comandos motores y estos, a su vez, crean nuevas señales sensoriales. Esa retroalimentación convierte la prueba en una experiencia dinámica, muy distinta de las recreaciones estáticas que hasta ahora dominaban la literatura.

Los autores del proyecto defienden que, al completar el circuito entre percepción y acción, la emulación permite estudiar cómo los circuitos reales generan comportamiento, lo que puede servir para testar hipótesis neurobiológicas y mejorar modelos de inteligencia artificial inspirados en la biología. Además, señalan que disponer de un cerebro funcional en un entorno controlado abre posibilidades para explorar la relación entre conectoma y conducta de forma más directa que con experimentos en animales vivos. Sin embargo, insisten en que se trata de una prueba de concepto y no de una réplica perfecta de la biología.

Entre las limitaciones que subrayan los especialistas figura la enorme demanda computacional de ejecutar redes de este tamaño en tiempo real y la incertidumbre sobre cuánto de la actividad simulada reproduce fielmente procesos bioquímicos y electrofisiológicos complejos. Escalar la técnica a cerebros de mamíferos o al humano implicaría un incremento casi inimaginable en la cantidad de neuronas y sinapsis a modelar, además de desafíos éticos y regulatorios que todavía no existe consenso en cómo afrontar. La preservación de la identidad, la posibilidad de experiencia consciente y la responsabilidad sobre sistemas que emulen procesos mentales son debates abiertos.

La comunidad científica ha recibido la noticia con una mezcla de interés y cautela: algunos investigadores valoran el salto técnico que supone conectar un conectoma completo con un cuerpo simulado, mientras que otros piden replicación independiente y revisión por pares más amplia para validar las conclusiones. La referencia al trabajo de 2024 publicado en Nature, que proporcionó la base del modelo anatómico de la mosca, ayuda a situar este avance en una trayectoria de acumulación de datos y herramientas que hoy hacen posible la emulación a esta escala.

En Galicia, donde la investigación en neurociencias y la presencia de centros tecnológicamente avanzados han crecido en los últimos años, el experimento aporta motivos de reflexión sobre las capacidades y límites de la simulación computacional. Aun siendo un hito en miniatura, la mosca digital vuelve a poner sobre la mesa preguntas sobre hasta qué punto la mente puede ser entendida como un sistema replicable y qué pasos deben darse para que ese conocimiento se traduzca en beneficios científicos y sociales sin obviar riesgos. El trabajo, por ahora, invita a observar con atención y prudencia su evolución.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.