Renata Otero, catedrática de Dibujo y doctora en Historia del Arte, llegará este viernes 20 de marzo a Crearte, en Bertamiráns, para presentar su libro Más barro y menos drama. La autora, que compagina su docencia en el CPI de Vedra con talleres de modelado cerámico, defiende que trabajar con las manos y el barro no es solo una actividad creativa: es una práctica con capacidad terapéutica y de autocuidado emocional. La cita es a las 20.30 horas.
El taller, el libro y el descubrimiento del barro
Nacida en Barcelona y con raíces en A Mariña lucense, Otero lleva vinculada al área compostelana desde hace más de dos décadas. Vive en Santiago desde hace unos 25 años y suma en total 31 años de profesión en la enseñanza pública: veinte de ellos en el IES de Ames y actualmente en el CPI de Vedra. Hija del ceramista Alfonso Otero Regal, con taller en Viveiro, confiesa que, pese a su origen, su trayectoria artística fue inicialmente pictórica. El reencuentro con la cerámica y el modelado llegó en 2011, y se consolidó tras la experiencia colectiva de la pandemia.
De aquellos primeros talleres nació una investigación académica que alimenta ahora el libro. En sus encuentros presenciales, la profesora combina gestión emocional, técnicas de coaching y trabajo manual con barro. No se trata, asegura, de decorar un objeto bonito: la propuesta busca activar vías sensoriales y motoras que la palabra a veces no alcanza. Para Otero, tocar, moldear y recibir la resistencia del material es una forma de diálogo con uno mismo.
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Conoce más →«Hacer ejercicio y mover las manos es imprescindible para estar bien de la cabeza», afirma Otero, que ve en el tacto un acceso primario a las emociones.
La presentación en Crearte será también un reconocimiento a esa pedagogía práctica: el libro está pensado como una guía accesible para quienes quieran probar en casa sin necesidad de formación previa. Otero insiste en que no hace falta «tener un perfil artístico»: la eficacia del método reside en la experiencia sensorial y en la repetición de gestos que ponen en marcha procesos mentales y corporales.
Un auge con raíces sociales y tecnológicas
La atención por la cerámica y las actividades manuales no surge de la nada. En Galicia, como en otras comunidades, se ha observado en los últimos años un crecimiento de la oferta formativa y de los talleres vinculados a la artesanía. El fenómeno guarda relación con la digitalización creciente de la vida laboral y cultural: cuando el trabajo tiende a abstraerse en pantallas, el cuerpo reclama ocupaciones que le devuelvan una respuesta tangible.
Otero enmarca esta demanda en cambios más amplios: tras la pandemia muchas personas redescubrieron el valor de la calma activa. Así lo resumen numerosas experiencias locales, desde cursos municipales en centros cívicos a iniciativas privadas en talleres como Crearte. La cerámica se ha insertado en ese mapa como una práctica con doble valor: estética y funcional, lúdica y reparadora.
Sin embargo, la profesora advierte contra la simplificación. El modelado con barro no es una panacea ni sustituye la atención especializada. «Complementa», repite: puede acompañar procesos terapéuticos, favorecer la regulación emocional y ofrecer herramientas de autocuidado, pero no suple la intervención psicológica o psiquiátrica cuando estas son necesarias. Esa precisión es parte del mensaje central de su libro.
Repercusiones locales y futuros pasos
La presentación de Más barro y menos drama en Bertamiráns abre varias líneas de debate. En primer lugar, sobre la integración de prácticas artísticas en las políticas culturales municipales. En concellos como Ames o Vedra, donde las redes educativas y asociativas mantienen una tradición viva de talleres y actividades formativas, existe un terreno favorable para incorporar propuestas que unan arte y bienestar.
Además, la propia trayectoria de Otero –docente con décadas de aula, investigadora y tallerista– ilustra una vía posible para que la universidad y la investigación aplicada dialoguen con la comunidad. El libro nace de una tesis y de años de trabajo con grupos reales; su posible extensión en forma de cursos, convenios con centros de salud o programas municipales podría ser el siguiente paso lógico.
Por otra parte, la demanda social plantea retos: profesorado con formación específica, espacios adecuados y materiales accesibles. Otero insiste en que su guía baja la barrera económica y técnica, pero la expansión de esta práctica requerirá apoyo institucional y una red de facilitadores formados que garanticen seguridad y calidad en la intervención.
En el plano ciudadano, la propuesta tiene un componente democrático. Al banalizar la idea de que solo los artistas pueden modelar, se abre la posibilidad de que personas de distintas edades y condiciones encuentren en el barro una vía de expresión y contención. En tiempos en que la salud mental acapara atención pública, herramientas sencillas y cercanas como estas pueden complementar la oferta existente y conectar con tradiciones artesanas gallegas que nunca llegaron a desaparecer del todo.
El acto de presentación en Crearte será, en definitiva, más que una firma de libros: una puesta en valor de una práctica situada entre la artesanía, la pedagogía y el apoyo emocional. A falta de confirmación sobre futuras actividades, la asistencia de público y profesorado local puede marcar el inicio de un interés más estructurado en la comarca.
Termina la jornada con la idea que guía a Otero: el barro propone un ritmo distinto, corpóreo y lento, frente a la inmediatez digital. Para ella, mover las manos no es un gesto ornamental; es una forma de poner en marcha la cabeza. Y en Galicia, donde las manos siempre han sido herramienta de trabajo y cultura, la propuesta suena a reencuentro más que a novedad.
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