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Renfe impulsa la mayor compra de trenes de alta velocidad de su historia para alcanzar 350 km/h

Renfe y el Ministerio de Transportes han puesto en marcha esta semana una operación de compra de material rodante que podría convertirse en la mayor adquisición de trenes de alta velocidad en la historia de la operadora. El objetivo declarado es incorporar unidades capaces de circular a 350 km/h, una cifra que sitúa la flota disponible por encima de la velocidad comercial media actual en España. A falta de confirmación oficial sobre plazos, cantidades y distribución territorial, la iniciativa reabre el debate sobre prioridades de la red y sobre quién se beneficiará realmente de esos recursos.

La compra: exigencias técnicas y plazo industrial

La operación llega tras el encargo de 30 unidades del modelo Avril (serie 106) y pretende modernizar y homogeneizar la flota de alta velocidad. Un tren certificado para 350 km/h exige proyectos de diseño más sofisticados: aerodinámica optimizada, bogies y suspensiones que minimicen vibraciones a mucha velocidad, sistemas de frenado redundantes y mayor exigencia en aislamiento acústico y confort para trayectos largos. Todo ello se traduce en pliegos más estrictos y en plazos de fabricación que suelen superar los dos años para la primera unidad.

Además de la velocidad máxima, el contrato deberá incluir requisitos sobre eficiencia energética, mantenimiento predictivo y compatibilidad con los diferentes sistemas de señalización. El despliegue del ERTMS, en sus versiones más modernas, condiciona la explotación real de esas 350 km/h: no es suficiente que un tren pueda alcanzar esa velocidad si la infraestructura y la certificación de la línea no lo permiten.

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En la mesa de contratación se verá también la pugna industrial. La industria ferroviaria española, con nombres como Talgo y CAF, entra con ventaja por capacidad productiva y conocimiento del mercado local, pero habrá ofertas internacionales que intentarán competir por precio o por tecnologías concretas. Las cláusulas sobre fabricación en territorio nacional y la asignación de contratos de mantenimiento serán determinantes para que las comunidades autónomas perciban un beneficio industrial real.

Galicia y el problema del ancho de vía

En Galicia la reacción ha sido prudente. Aunque disponer de trenes más rápidos parece una buena noticia, la red gallega mantiene secciones y necesidades especiales: buena parte de su conectividad depende todavía del ancho ibérico y del uso de trenes con cambiador de ancho para evitar transbordos en Ourense o en otras estaciones. Según fuentes del sector consultadas en Santiago y en Ourense, los nuevos trenes no parecen destinados, al menos en su configuración estándar, a operar por Galicia porque no incluirían el sistema de gauge change que requieren esos trazados.

No es la primera vez que la llegada de material nuevo genera expectativas que luego no se cumplen en la comunidad. Cuando se abrió la línea de alta velocidad hacia Galicia, la demanda de unidades con ancho variable fue una reclamación constante de la Xunta y de los ayuntamientos para garantizar viajes sin cambios de tren. Si esta compra prioriza modelos pensados únicamente para la red de ancho internacional o estándar, Galicia podría quedar relegada a una flota menos moderna o a unidades de segunda mano.

En estaciones como la de Santiago o la de Ourense se escucha preocupación por el encaje entre la modernización de la flota y las necesidades operativas locales. No basta con trenes más rápidos: hacen falta talleres preparados, vías adaptadas y un plan de explotación que permita aprovechar la velocidad punta en trayectos efectivos. Sin esas piezas, la compra quedaría sobre todo limitada a corredores con menos condicionantes de ancho y más densidad de tráfico.

Repercusiones sociales, económicas y políticas

Fuera de la órbita gallega, incorporar trenes capaces de 350 km/h tiene argumentos sólidos. En corredores adecuados, la subida de velocidad puede hacer que el tren compita mejor con el avión en emisiones y tiempos de viaje, favoreciendo la descarbonización del transporte. Pero la ganancia de tiempo es muy dependiente del perfil de la línea: en itinerarios con muchas paradas o geometría tortuosa, la ventaja se diluye.

La cadena de valor se verá movilizada: desde proveedores de señalización hasta empresas de mantenimiento y suministro de piezas. Los contratos de fabricación y mantenimiento pueden traducirse en contratos de larga duración y empleo local, por lo que las administraciones autonómicas y locales presionarán para que parte de la producción y los servicios se realicen en sus territorios. En Galicia, ese reclamo histórico por talleres y empleo ferroviario volverá a ocupar la agenda política.

La operación también promete debates políticos. La selección de proveedores, la inversión en infraestructuras necesarias y la priorización de corredores servirán de munición para la oposición y para las comunidades que reclaman compensaciones. Habrá que vigilar el pliego de condiciones, los criterios de adjudicación y las cláusulas sobre transferencia tecnológica, porque esa letra pequeña es la que define si la compra genera valor industrial y social o se limita a una mera renovación cosmética de la flota.

En los próximos meses, los actores clave serán el Ministerio, Renfe, los fabricantes y las comunidades autónomas. La negociación sobre especificaciones técnicas y fabricación determinará dónde se fabrican las unidades, cuántas incorporan sistemas de ancho variable y qué calendario de entrega se acuerda. Para los viajeros la incógnita persiste: ¿llegarán trenes más rápidos a sus estaciones o se concentrarán en corredores ya prioritarios como el Madrid–Barcelona o el corredor mediterráneo?

La compra anunciada abre la puerta a una modernización profunda del parque de alta velocidad, pero no garantiza por sí sola mejoras homogéneas en todo el territorio. Galicia, con su configuración particular de red y una demanda creciente de conexiones eficientes con Madrid y el norte de Portugal, vuelve a situarse en la línea de fuego para reclamar que las decisiones estratégicas del ferrocarril español tengan en cuenta la singularidad de su red y las necesidades de su tejido productivo.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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