El columnista Juan José Millás publica el 17 de marzo de 2026 una reflexión titulada «Reparaciones imaginarias» en la que recuerda una plegaria infantil: desear que la familia olvidara su cumpleaños para poder reclamar después una reparación moral. En el texto, Millás utiliza aquella anécdota para explorar cómo la memoria personal y colectiva se ha transformado con la tecnología y las rutinas sociales. La columna plantea por qué la constatación del olvido actúa como prueba de existencia y cómo la externalización de los recuerdos cambia la naturaleza del reproche y del consuelo.
Millás parte de una escena doméstica: en una familia numerosa, el olvido posible del cumpleaños otorgaba al niño una herida reconocible y una narrativa propia. Ese deseo, lejos de ser simple masoquismo, escondía una estrategia para obtener la demostración del afecto. La constatación de que nadie recuerda sirve como prueba tangible de la ausencia o de la falla afectiva.
La reflexión conecta esa pedagogía del agravio con prácticas sociales más amplias, como la atención a aniversarios y conmemoraciones. Para el autor, las fechas sirven como pequeños dispositivos que mantienen la red de vínculos: saber que alguien marca el calendario por nosotros aporta tranquilidad y sentido.
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →Una plegaria que revela identidad
El texto subraya que el reproche construido a partir del olvido procura una forma de identidad. Ser desgraciado por una razón concreta estructura un relato personal que, paradójicamente, puede resultar confortable. La herida anticipada trae su propia cura: el dolor se acompasa con la posibilidad de reivindicación y de recibir una atención que confirme la propia existencia.
Millás añade una lectura sociológica: el aprendizaje de esa pedagogía del agravio no aparece en los libros, sino en las prácticas cotidianas. Aprendemos a observar las fechas y a valorar los signos exteriores de reconocimiento porque su ausencia legitimiza la protesta y fundamenta la queja.
Ese mecanismo infantil es, según la columna, trasladable a las dinámicas adultas. La atención —y su carencia— sigue rigiendo relaciones personales y colectivas. La manera en que medimos la lealtad, el cariño o la deuda moral pasa a través de pequeñas comprobaciones temporales que sostienen los lazos.
Memoria delegada en algoritmos
Millás advierte, además, sobre la transformación que han introducido las plataformas digitales en este paisaje emocional. Los recordatorios automáticos, las notificaciones de cumpleaños y los mensajes programados reemplazan en parte la tarea de recordar. La memoria se externaliza y, con ello, cambia la naturaleza del gesto.
Cuando un sistema avisa de una fecha, la ausencia del recuerdo humano no siempre equivale a indiferencia; sin embargo, el columnista apunta que el problema no es solo quién recuerda, sino quién sostiene la fecha con presencia real. Una notificación no siempre sustituye al abrazo, la llamada o la mirada que confirma el afecto.
La reflexión concluye que crecer también puede ser renunciar a la demanda de pruebas constantes. Aceptar que el reconocimiento legítimo no siempre se materializa es parte del proceso maduro. No obstante, Millás conserva una visión melancólica: el deseo de ser recordado o de que nos olviden sigue latente, y muchas personas siguen recurriendo, en silencio, a aquella plegaria infantil.
En suma, «Reparaciones imaginarias» plantea que la memoria colectiva y la individual han cambiado de soporte, pero no han perdido su carga emocional. El desafío contemporáneo, según la columna, es distinguir entre el recuerdo auténtico y la formalidad programada, y entender qué tipo de presencia necesitamos realmente para sentirnos vistos.
¿Buscas una Inversión Segura?
Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual
Solicitar Información Ahora