Un grupo de cuatro expertos jubilados del Val Miñor conforma desde 2020 un pequeño laboratorio de ideas que busca ofrecer propuestas concretas a ayuntamientos y organismos sobre los efectos del cambio climático y la globalización en la comarca. El colectivo, que se reúne semanalmente y publica sus trabajos en una web propia, ha centrado su última investigación en el litoral de Nigrán tras la sucesión de borrascas y mareas vivas que han afectado a Praia América y Panxón. Su objetivo es impulsar actuaciones de adaptación y mitigación que protejan el territorio y la calidad de vida de la población local. Los miembros sostienen que las soluciones pasan por combinar conocimiento científico, intervención municipal y voluntad política.
El grupo lo integran cuatro profesionales con trayectorias largas en ciencia y educación: Santiago Fraga Rivas, biólogo marino vinculado durante 42 años al Instituto Oceanográfico; Carmela García González, profesora de Biología y divulgadora ambiental; Fernando Lahuerta Mouriño, biólogo y docente que pasó tres décadas en el IES Val Miñor y diez años como director del centro; y José Ramón Ojea Vidal, informático y exdirector de Servicios Avanzados del Consorcio de la Zona Franca de Vigo. Tras su jubilación, los cuatro han dedicado tiempo a aplicar sus conocimientos al territorio donde residen. Esa mezcla de experiencia científica, educativa y técnica nutre las propuestas que presentan a responsables locales.
El colectivo, que se bautizó como Resiliencia, comenzó a reunirse en los meses previos al confinamiento de 2020 y desde entonces ha mantenido encuentros semanales, adaptándose a las videoconferencias durante la pandemia. Sus trabajos y recomendaciones se difunden en la página resiliencia.gal, donde recogen informes, mapas y propuestas de actuación para el Val Miñor. A lo largo de estos años han desarrollado proyectos de alcance local y han ofrecido asesoramiento a ayuntamientos y a organismos como la Zona Franca de Vigo. Su intención es permanecer como una fuente de conocimiento accesible y aplicada a problemas concretos.
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Conoce más →El último informe del grupo analiza los daños recientes en el litoral nigranés provocados por la combinación de temporales y mareas vivas, y plantea intervenciones concretas en Praia América. Entre las recomendaciones figura la retirada de elementos de hormigón y otras barreras artificiales que limitan el espacio natural de las dunas, con el fin de recuperar procesos y tejidos costeros. Los autores advierten, además, de que las viviendas construidas en la línea del paseo de Panxón están en situación de vulnerabilidad y podrían verse afectadas por episodios recurrentes si no se adoptan medidas de adaptación. En sus conclusiones alertan de que la inacción podría desembocar en la pérdida de playas en décadas si no se actualizan las políticas de gestión costera.
Las propuestas que emanan del informe combinan medidas de restauración ecológica —como la regeneración de dunas y la revegetación con especies autóctonas— con recomendaciones de planificación urbana que limiten la ocupación del borde litoral. También plantean alternativas basadas en la defensa blanda frente a la construcción de estructuras rígidas y apuntan hacia la necesidad de planes de manejo participativos que integren a la ciudadanía y a los sectores económicos locales. Los autores subrayan que la retirada de hormigón no es una solución única, sino parte de un paquete de actuaciones que incluye vigilancia, mantenimiento y una estrategia de ordenación territorial coherente.
Este diagnóstico del Val Miñor encaja en un contexto global de aumento de fenómenos extremos y de erosión costera ligada al ascenso del nivel del mar, un proceso que pone presión sobre poblaciones y actividades económicas dependientes del litoral. En la comarca, la economía local —vinculada al turismo y a usos residenciales— hace que los costes sociales y económicos de la degradación costera sean especialmente sensibles. Los integrantes de Resiliencia insisten en que las políticas de adaptación requieren inversión pública y un cambio de prioridades para privilegiar soluciones basadas en la naturaleza.
Los miembros del laboratorio prefieren actuar como asesores y no como representantes institucionales; ofrecen sus análisis y recomendaciones a título gratuito, apoyándose en su conocimiento acumulado. Han presentado sus informes a corporaciones municipales y a organismos supramunicipales y mantienen contactos con entidades como la Zona Franca para explorar posibles colaboraciones. Su vocación es práctica: no se limitan a la alerta, sino que proponen actuaciones concretas que, en su opinión, pueden ejecutarse con planificación y financiación adecuadas.
Con seis años de actividad, Resiliencia mantiene la agenda de trabajo y prepara nuevos estudios sobre riesgos costeros y adaptación territorial, al tiempo que reclama que las administraciones aceleren decisiones para evitar daños irreversibles. Los miembros insisten en que las soluciones locales—bien planteadas y coordinadas—pueden servir de ejemplo para otras zonas de Galicia ante desafíos semejantes. Mientras tanto, su mensaje es claro: la ventana para actuar es estrecha y las medidas de hoy decidirán el litoral de mañana.
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