Doce estatuillas de bronce que ornaban panteones del Cementerio de San Eusebio, en la parroquia de Ferreiros (Peroxa, Coles), fueron sustraídas presumiblemente durante la noche del pasado domingo y se descubrió su ausencia el lunes por la mañana. Según fuentes municipales, los objetos son en su mayoría crucifijos y pequeñas imágenes religiosas que, además de tener valor como chatarra, poseen un fuerte valor sentimental para las familias. La falta de vigilancia continua en estos recintos facilita que los autores actúen en un intervalo temporal indeterminado, complicando la investigación. El móvil aparente es económico: obtener dinero rápido vendiendo el metal en el mercado de reciclaje.
Los responsables accedieron al cementerio y se llevaron alrededor de una docena de figuras de bronce que estaban colocadas en las lápidas y panteones, explicaron concejales del municipio. Se trata de piezas relativamente pequeñas pero codiciadas en el mercado negro de metales por su contenido de cobre, lo que hace que el bronce tenga un precio atractivo para los receptores de chatarra. Los vecinos que acudieron a la necrópolis el lunes comprobaron la ausencia de los ornamentos y trasladaron de inmediato su consternación al Ayuntamiento. Las fuentes municipales confirmaron que la sustracción se notó en el recuento rutinario de los objetos del recinto.
El bronce, al ser un metal que se vende por peso, suele ser troceado para facilitar su transporte y su posterior venta, lo que destruye la pieza y borra posibles evidencias. Este patrón ya se ha observado en otros episodios de hurtos a tumbas y panteones, en los que los autores buscan piezas pequeñas y fáciles de sustraer sin llamar la atención. La operativa de estos robos incluye la elección de espacios poco transitados y la acción en horarios en los que es difícil precisar el momento exacto del delito. Esa indefinición temporal complica la obtención de imágenes o testigos que permitan identificar a los implicados.
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Conoce más →Más allá del perjuicio económico, los robos de objetos sacros causan una herida emocional en las familias, que ven cómo desaparecen símbolos vinculados a seres queridos fallecidos. Los habitantes de Ferreiros y parroquias cercanas expresaron su enfado y tristeza por la profanación de un lugar destinado al recuerdo y al respeto. Desde el Ayuntamiento reiteraron su condena a estos actos y subrayaron la necesidad de proteger los espacios públicos y los bienes que conservan la memoria de varias generaciones. También incidieron en que la pérdida no puede medirse solo en euros.
Fuentes municipales indicaron que se presentó la correspondiente denuncia y que la investigación permanece abierta; la policía local y los responsables municipales estudian posibles medidas para intentar esclarecer los hechos. Por el momento no ha trascendido la identidad de los autores ni se han producido detenciones, según las mismas fuentes. El Ayuntamiento baraja reforzar la comunicación con la Guardia Civil y revisar protocolos de vigilancia en los recintos funerarios más afectados. Vecinos y responsables locales esperan respuestas rápidas para evitar que estos episodios se repitan.
El fenómeno de los hurtos de metales en cementerios y espacios públicos ha mostrado un repunte en los últimos años impulsado por la revalorización de ciertos materiales en el mercado de reciclaje. Aunque el bronce no es tan habitual como el cobre o el aluminio en algunas modalidades de sustracción, su combinación con motivos religiosos y ornamentales lo convierte en objeto de interés para redes que trafican con chatarra. Los expertos en prevención de delitos contra el patrimonio señalan que sistemas de control, iluminación nocturna y la colaboración vecinal son herramientas que ayudan a disuadir a los delincuentes.
En el caso de San Eusebio, la comunidad reclama medidas concretas que garanticen la protección de las tumbas y que permitan una respuesta más eficaz ante futuros incidentes. Propuestas que circulan entre los vecinos incluyen la instalación de cámaras en puntos estratégicos, la mejora de la iluminación y patrullajes más frecuentes en horas sensibles, aunque su puesta en marcha depende de los recursos del Ayuntamiento. Mientras tanto, familiares de los difuntos afectados estudian cómo reponer las piezas o colocar sustitutos que respeten el significado original.
La noticia, publicada el 10 de marzo de 2026, vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de los espacios funerarios ante la codicia por materiales valiosos y la necesidad de políticas concretas de protección del patrimonio afectivo de los ciudadanos. Por Miguel Cao.
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