La profesora Rosa María Crujeiras Casais se convirtió el 11 de marzo de 2026 en la primera rectora de la Universidade de Santiago (USC) en más de cinco siglos de existencia, tras una campaña que apostó por la moderación institucional y un programa reformista. La catedrática de Estadística, natural de Ribeira, llegó al cargo en un proceso marcado por la previsibilidad de las encuestas y por una segunda vuelta en la que consolidó su ventaja. Su victoria responde a una combinación de perfil técnico, mensajes centrados en políticas concretas y la presentación de un equipo con nombres de peso. La elección tiene un importante valor simbólico y abre una nueva etapa en la gobernanza de la institución académica gallega.
Desde el inicio de la contienda, Crujeiras supo rentabilizar su formación en estadística y la gestión de expectativas: apareció en las quinielas antes de la primera vuelta y, una vez superado ese primer filtro, pasó a ser la favorita. Su estrategia fue sostener un discurso estable y centrado en pocas propuestas clave, mientras su rival, Maite Flores, endurecía el tono y buscaba sacudirse la desventaja con mayor dinamismo. Así, Crujeiras mantuvo una campaña de bajo perfil público pero alta presencia institucional, con agendas intensas que recorrieron Santiago y Lugo. Esa prudencia calculada le permitió proyectar solvencia entre buena parte del electorado universitario.
Uno de los momentos más llamativos de su candidatura fue la presentación de su equipo, en la que apostó por figuras reconocidas del mundo académico y sanitario para transmitir confianza. Entre los nombres que figuran en su lista destaca el del cardiólogo José Ramón González Juanatey, mientras que el exdiputado Juan Díaz Villoslada aparece señalado como candidato a asumir la gerencia de la USC. Esa combinación de perfiles clínicos y de gestión política busca dar respuesta rápida a asuntos complejos como la coordinación con el Complejo Hospitalario Universitario y la modernización administrativa del campus. La composición del equipo pretende además asegurar interlocución con las distintas instancias públicas y con el tejido social gallego.
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Conoce más →El programa de Crujeiras se presenta como una apuesta reformista más que continuista respecto a la dirección saliente, con propuestas concretas sobre vivienda, política de personal, la situación de la Facultad de Medicina y el desarrollo del campus de Lugo. En su discurso público ha puesto un acento sostenido en la igualdad de género y en la erradicación de las violencias, planteando una universidad con perspectiva feminista y medidas para proteger a la comunidad académica. Esa línea de trabajo no fue una inclusión puramente electoral, según fuentes cercanas a su equipo, sino una constante en su trayectoria profesional. Sus medidas pretenden combinar una agenda de justicia social con prioridades de investigación y docencia.
En el telón de fondo de la candidatura de Crujeiras han operado apoyos relevantes dentro del mundo científico; entre ellos, dos expresidentes de la USC vinculados a las ciencias que respaldaron su proyecto. Ese aval contribuyó a su imagen de continuidad con la excelencia investigadora, aunque la propia rectora electa ha prometido impulsar reformas internas para dinamizar la actividad académica. Parte de su desafío será conciliar la modernización con los códigos tradicionales que aún pesan en la institución, un equilibrio delicado en una universidad con siglos de historia. El respaldo de figuras consagradas facilitó además su acceso a sectores del profesorado reticentes a cambios bruscos.
La forma sobria y presidencial con la que llevó la campaña ayudó a contraponer su perfil al de otros candidatos más combativos; para muchos ese tono fue sinónimo de seriedad y capacidad de gestión. A ojos de sus partidarios, la nueva rectora ofrece garantía de trabajo diario y de cumplimiento de programas, una cualidad que la comunidad universitaria valora en la cúspide administrativa. Sus rivales, en cambio, acusaban cierta falta de carisma e iniciativa pública durante el proceso, pero reconocían su solvencia técnica. En cualquier caso, la intensidad de las jornadas electorales puso de manifiesto la dedicación de ambas candidatas y la movilización en los distintos campus.
Entre los retos inmediatos que afrontará Crujeiras figuran la gestión de la vivienda universitaria, la mejora de las condiciones laborales del personal docente e investigador y la articulación de proyectos para fortalecer la investigación. También deberá negociar con las administraciones autonómica y estatal cuestiones presupuestarias y de planificación, así como trabajar en la internacionalización de la USC. La expectativa es que combine medidas a corto plazo con reformas estructurales que atiendan las principales debilidades señaladas por la comunidad académica. El éxito de su mandato dependerá en buena medida de su capacidad para traducir promesas en resultados tangibles.
Más allá de la agenda técnica, la elección de Rosa María Crujeiras Casais supone un hito simbólico para la universidad gallega: romper con cinco siglos de dirección exclusivamente masculina y abrir la puerta a nuevas representaciones en el liderazgo académico. Ese valor simbólico se suma a la evaluación práctica que los agentes sociales y políticos harán de sus decisiones en los próximos meses. La rectora electa ha empezado su mandato con la iniciativa de perfilar un equipo y lanzar propuestas concretas, y ahora tendrá que demostrar que su combinación de perfil institucional y proyecto reformista puede conducir a una USC más igualitaria y más investigadora.
La toma de posesión oficial y la configuración definitiva de su gobierno marcarán los avances reales de esta nueva etapa, en la que la comunidad universitaria espera señales claras de compromiso con la docencia, la investigación y la equidad. Para buena parte del personal y del estudiantado, la prueba de fuego será la puesta en marcha de las políticas anunciadas y la capacidad de diálogo con los distintos colectivos del campus. Si Crujeiras logra materializar sus promesas, su nombre quedará no solo como una efeméride histórica, sino como el inicio de una transformación sostenida en la USC.
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