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Sánchez impulsa un sistema de rastreo en redes para medir la «huella del odio»

Sánchez impulsa un sistema de rastreo en redes para medir la "huella del odio"

Pedro Sánchez anunció este miércoles, durante la inauguración del I Foro contra el Odio en Madrid, la puesta en marcha de un mecanismo destinado a rastrear y cuantificar la llamada «huella del odio» en las plataformas digitales. El jefe del Ejecutivo explicó que la iniciativa busca hacer visible cómo redes sociales y algoritmos contribuyen a la polarización y al fomento de discursos de odio, con el objetivo de exigir responsabilidades y proteger la convivencia democrática. La presentación tuvo lugar el 11 de marzo de 2026 y se enmarca en un paquete de medidas destinadas a regular el ecosistema digital y la protección de menores.

El nuevo instrumento, bautizado como HODIO (Huella del Odio y la Polarización), se impulsará desde el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia y pretende combinar indicadores cuantitativos con revisiones expertas para asegurar la representatividad de sus resultados. Según el Gobierno, los datos se harán públicos para que la sociedad conozca qué plataformas facilitan la difusión de contenidos de odio y cuáles adoptan medidas eficaces para frenarlos. La intención es transformar un fenómeno hasta ahora opaco en un elemento medible y sujeto a debate público.

La iniciativa forma parte de un paquete más amplio que, según fuentes gubernamentales, incluye la prohibición del acceso a redes sociales a menores de 16 años y una reforma del Código Penal para tipificar como delito la manipulación de algoritmos con fines de desestabilización social. Además, el Ejecutivo ha activado a la Fiscalía para investigar posibles infracciones relacionadas con la generación mediante inteligencia artificial de contenidos sexualizados vinculados a menores y su difusión en línea. Estas medidas reflejan la voluntad del Gobierno de combinar instrumentos administrativos, penales y de vigilancia pública para abordar el problema.

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Durante su intervención, Sánchez recurrió a la analogía de la huella de carbono y reivindicó la necesidad de medir el impacto social de los discursos hostiles, al tiempo que criticó a lo que denominó los «tecnoligarcas» por, en su opinión, imponer agendas y permitir espacios donde el insulto y el acoso se presentan como opinión. El presidente defendió que las plataformas deberán rendir cuentas por los contenidos de odio que alojen y que la herramienta servirá para distinguir entre quienes combaten ese fenómeno y quienes se benefician de él. El tono de sus declaraciones subrayó la apuesta del Ejecutivo por la transparencia y la regulación de las grandes empresas tecnológicas.

El diseño del sistema prevé la elaboración de índices que permitan ordenar a las plataformas desde las que presentan mayor presencia de odio hasta las más responsables, con la publicación periódica de informes accesibles al público. Los responsables del Observatorio explican que la metodología combinará análisis de volúmenes, difusión, receptores y contexto, así como la valoración de las políticas internas de moderación de cada compañía. Con esa información, el Gobierno aspira a abrir debates sobre cambios normativos y sobre incentivos para entornos digitales más seguros.

Para agilizar la tramitación de las reformas relativas a las plataformas, el Ejecutivo busca un atajo parlamentario que permita incorporar estas medidas en el proyecto de ley de protección digital a los menores que ya se tramita en la comisión de Justicia. La estrategia legislativa divide a los grupos políticos, y desde algunas formaciones ya se han planteado dudas sobre el alcance de las nuevas atribuciones y los posibles efectos sobre la libertad de expresión. Organizaciones de la sociedad civil y expertos en derechos digitales advierten de que cualquier instrumento de control debe garantizar salvaguardas y transparencia en su funcionamiento.

La presentación de HODIO y el anuncio de la reforma penal han provocado ya las primeras reacciones en el sector tecnológico, que reclama diálogo y criterios técnicos claros antes de someter sus sistemas a ránkings públicos. Fuentes empresariales sostienen que la medición de la «huella del odio» exige definiciones precisas y prudencia para evitar errores metodológicos que puedan penalizar iniciativas legítimas. En la esfera política, los partidarios de la iniciativa defienden que la visibilización es un paso necesario para frenar la expansión de contenidos que dañan la convivencia.

El Gobierno ha adelantado que los resultados del observatorio serán públicos y que el proceso se sustentará en criterios académicos reconocidos, aunque no facilitó un calendario detallado sobre la publicación de los primeros informes ni sobre la entrada en vigor de la reforma del Código Penal. Entre las tareas pendientes figuran definir indicadores, establecer protocolos de colaboración con las plataformas y fijar límites jurídicos para la intervención estatal. La propuesta abre un debate que en las próximas semanas implicará a parlamento, empresas tecnológicas, expertos y organizaciones sociales.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.