Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijoo protagonizaron este miércoles una de las sesiones más ásperas de la legislatura durante la comparecencia del jefe del Ejecutivo para explicar la posición de España ante la escalada en Oriente Próximo. Lo que debía ser una exposición técnica sobre decretos y medidas de urgencia derivó en un choque personal y político: Sánchez acusó a Feijoo de ser cómplice de la política del presidente estadounidense Donald Trump por su «silencio» frente a la guerra; Feijoo respondió con ira y con una frase que ya ha quedado para la anécdota parlamentaria: «No a la guerra y no a usted».
Una intervención con mirada al pasado y dardos al líder del PP
El presidente arrancó su intervención con una referencia histórica que marcó el tono. Recordó la invasión de Irak de 2003 y la figura de José María Aznar, que entonces respaldó la operación impulsada por George W. Bush pese a que —dijo— apenas un 6% de la ciudadanía española mostraba apoyo. Sánchez trazó un paralelismo directo: «A Aznar le han reemplazado el señor Feijoo y el señor Abascal y a Bush le ha reemplazado Donald Trump», espetó, y acusó al líder del PP de no estar «preparado para llevar el timón del país» si acepta o guarda silencio ante medidas bélicas que considera ilegales.
En su aparato retórico, el presidente defendió que el patriotismo pasa por «oponerse a una guerra ilegal que en nada beneficia a los intereses de los españoles ni de los europeos» y alzó la bandera de la diplomacia: según Sánchez, España ha logrado situarse «como referencia internacional en defensa de la paz» y ha conseguido movilizar a la Unión Europea. Esas afirmaciones buscaban blindar la estrategia del Ejecutivo ante una opinión pública inquieta por el recrudecimiento del conflicto y por las implicaciones económicas de cualquier escalada armamentística.
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →Feijoo, que tuvo la palabra después, contestó con dureza. Llamó «matón» a Sánchez por sus críticas y reivindicó el rechazo a la guerra desde la oposición; sin embargo, añadió una acusación dirigida al propio presidente: afirmó que la propaganda iraní había estampado la cara de Sánchez en misiles y lo utilizó como símbolo de una supuesta desorientación del Ejecutivo. «No a la guerra y no a usted», dijo para dejar claro que rechazaba tanto el conflicto como la figura del mandatario.
«Algo tan honorable como la defensa de la paz no se puede sostener si la propaganda iraní estampa tu cara en misiles de guerra»
Contexto: vieja división sobre intervenciones exteriores y la sombra de coaliciones
La refriega no es ajena a la historia reciente: en Galicia, donde Feijoo forjó su carrera como líder de la Xunta, la huella del rechazo social a la guerra de Irak se recuerda en actos y manifestaciones que marcaron a toda una generación política. Hoy, la polarización devuelve aquellas memorias al primer plano y obliga a cada partido a situarse con nitidez. Feijoo pretende mantener la imagen de moderado que le hizo fuerte en Galicia, pero la conversación pública lo sitúa ante la disyuntiva de votar con la derecha europea que apoya medidas más duras o de marcar distancia frente a la extrema derecha de Santiago Abascal.
El encontronazo en el hemiciclo incluyó, además, el ya habitual intercambio sobre pactos y apoyos. Sánchez acusó indirectamente al PP de compartir espacio con Vox; Feijoo, por su parte, reprochó al Gobierno sus acuerdos con fuerzas independentistas y la presencia de partidos como EH Bildu en la aritmética parlamentaria. En ese terreno, la sesión se mezcló con broncas sobre decretos anticrisis, ayudas autonómicas y la gestión de los Presupuestos: el PSOE, con Sánchez al frente, acusó al PP de criticar tardíamente la respuesta a los damnificados mientras comunidades gobernadas por los populares —extremas predecesoras en la gestión autonómica— no han aprobado compensaciones similares.
También emergieron los ataques personales, una constante en las últimas sesiones: el presidente afirmó que Feijoo «no sabe poner a Huelva en el mapa», mientras que el líder del PP replicó con la alusión al AVE Madrid-Málaga y al estrecho de Ormuz. El tono llegó a incluir insultos de Vox —Abascal aseguró que «Sánchez es muy valiente con los huevos de los demás»— y la réplica del presidente, que, con ironía, aludió a las denuncias sobre el enriquecimiento en el entorno de la ultraderecha: «su patria y su bandera es un billete de 500 euros», dijo Sánchez.
Repercusiones y la agenda inmediata: decreto, votaciones y la mirada gallega
La sesión tiene consecuencias prácticas: el decreto anticrisis que el Gobierno somete a debate este jueves sale del Congreso con la necesidad de pactos puntuales. Sánchez exigió a Feijoo que aclarase el sentido de su voto; el líder del PP se negó, manteniendo la ambigüedad que suelen practicar los partidos en campaña o en periodos de alta tensión internacional. Esa indefinición condiciona además la percepción en Galicia, donde varios sectores esperan claridad sobre cómo la crisis en Oriente Próximo impactará en el precio de la energía, las exportaciones y la seguridad de las rutas marítimas por el Atlántico.
Si se mira con proyección, la bronca de hoy sirve a cada bloque para consolidar su base. El Gobierno pretende mostrarse firme ante la opinión pública europea y doméstica, mientras que el PP intenta mantener su perfil de oposición responsable sin perder electores que miran a Vox cuando sube la temperatura política. En Galicia, la jugada es especialmente sensible: Feijoo sigue siendo una figura con arraigo en la comunidad, pero sus gestos en Madrid —tanto de cercanía al centro como de dureza frente a Sánchez— se leen como pruebas de su capacidad para liderar el centro-derecha nacional.
Por lo pronto, la sesión dejó imágenes para la memoria parlamentaria y preguntas abiertas. ¿Logrará el Gobierno el respaldo suficiente para sus decretos? ¿Conseguirá Feijoo mantener su terreno entre el electorado moderado sin ser arrastrado por la retórica de la escalada? Y, más allá del teatro, ¿qué hará España si la crisis se prolonga y exige medidas más contundentes? A falta de respuestas definitivas, la política española vuelve a demostrar su capacidad para convertir los asuntos de Estado en material de confrontación. En Galicia, como en el resto del país, esa batalla se seguirá con atención: mucha gente recuerda bien los años 2003-2004 y ninguno de los actores puede permitirse el lujo de ignorar ese eco histórico.
¿Buscas una Inversión Segura?
Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual
Solicitar Información Ahora