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Sénior gallegos: activo envejecimiento y nuevo rol social

Desde el estereotipo hacia la contribución continuada

La jubilación deja de ser vista por muchas personas en Galicia como un punto final para convertirse en otro capítulo activo de la vida. Este cambio cultural tiene consecuencias que van más allá del individuo: afecta al mercado laboral, a la estructura familiar y a las políticas públicas. En lugar de narrativas que asocian la edad avanzada con declive inevitable, emerge un relato centrado en la utilidad social, la transmisión de experiencia y la búsqueda de significado.

Valor añadido de la experiencia: una oportunidad desperdiciada

El conocimiento acumulado durante décadas es un activo para cualquier economía, y Galicia no es una excepción. Empresas y organizaciones que saben aprovechar esa experiencia obtienen beneficios en productividad, formación interna y estabilidad operativa. Sin embargo, la incorporación sostenida de trabajadores sénior choca con prácticas laborales rígidas, falta de incentivos y, en algunos casos, prejuicios por edad. Reformular contratos, fomentar la mentoría y diseñar puestos adaptados a capacidades cambiantes permitiría transformar una percepción de coste en una ventaja competitiva.

Además, la permanencia voluntaria en la actividad profesional suele responder a motivos variados: deseo de mantenerse activo, complementar ingresos, compartir saberes o simplemente seguir conectado socialmente. Reconocer esas motivaciones es clave para diseñar políticas laborales que no penalicen ni fuercen, sino que ofrezcan alternativas flexibles y dignas.

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El sostén familiar: solidaridad entre generaciones

En muchos hogares gallegos, las personas mayores desempeñan papeles de apoyo económico y logístico para hijos y nietos. Esa función de colchón social funciona como amortiguador ante precariedades laborales o necesidades puntuales, y tiene efectos positivos inmediatos en la cohesión familiar. Pero también plantea interrogantes de sostenibilidad: ¿puede una sociedad sostener de forma duradera esa carga silenciosa sin ajustar sus políticas públicas?

La dependencia familiar como respuesta a carencias estructurales no debe convertirse en norma. Para evitar sobrecargar a las personas de más edad, es necesario equilibrar responsabilidades mediante medidas que fortalezcan el empleo juvenil, mejoren la protección social y amplíen los servicios de apoyo a las familias.

Barrera cultural y laboral: combatir la discriminación por edad

El prejuicio por edad sigue presente en procesos de selección, promoción y diseño de puestos. Superarlo exige un enfoque múltiple: formación continua orientada a competencias digitales y nuevas metodologías, campañas públicas que cambien la percepción social sobre la vejez y marcos regulatorios que penalicen prácticas discriminatorias. La experiencia no debe verse como un lastre, sino como recurso estratégico.

Medidas como el trabajo a tiempo parcial compartido, la jubilación parcial incentivada o el empleo por proyectos pueden facilitar la integración laboral de las personas mayores sin sacrificar la necesidad de relevo generacional. Estas fórmulas favorecen la transferencia de conocimientos y mantienen activa a una parte de la población que, por salud y motivación, busca seguir participando.

Políticas públicas y propuestas: hacia un envejecimiento activo

Para convertir la potencial contribución de la población sénior en beneficio colectivo, hacen falta políticas coherentes. Algunas líneas de actuación son claras: fomentar la formación adaptada a etapas avanzadas de la carrera profesional, promover incentivos fiscales para empresas que contraten o retengan talento sénior y crear programas públicos de mentoría que vinculen experiencia con emprendimiento juvenil.

Asimismo, los servicios sociales y de salud deben orientarse hacia la prevención y el mantenimiento de la autonomía, facilitando que la prolongación de la actividad sea una opción real y no un privilegio reservado a unos pocos.

Galicia, con más de 800.000 personas por encima de los 65 años, tiene ante sí el reto de transformar su realidad demográfica en una oportunidad. Las respuestas ya no pueden limitarse a buenas intenciones: hacen falta compromisos concretos desde las instituciones, las empresas y la propia sociedad civil para que envejecer no signifique retirarse, sino reinventarse.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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