jueves, 19 de marzo de 2026 | Galicia, España
ÚLTIMA HORA La escalada de precios por la guerra en Irán deja a la flota gallega varada y pone en jaque a la industria y al campo
Galego Castelán

Transportistas gallegos amenazan con parar si no se compensan subidas del gasóleo: «Hoy en día estás trabajando para matarte»

Los transportistas de Galicia se encuentran al borde del conflicto laboral y económico tras semanas de subidas abruptas del precio del diésel. Empresas como la porriñesa Trans Pereiras, con una flota de 70 vehículos, asumen sobrecostes que rondan los 64.000 euros al mes y denuncian que no pueden repercutir esas alzas en sus tarifas. En plena tensión por el estrecho de Ormuz y con el anuncio de un Consejo de Ministros extraordinario, el sector baraja desde la paralización de 72 horas hasta fórmulas legales para forzar la actualización de precios.

La situación en las carreteras: impactos inmediatos y peticiones del sector

La escalada del precio del gasóleo —que en apenas unas semanas ha pasado de rondar los 1,50 €/litro a superar la barrera de los 2 euros, un incremento superior al 30%— está ahogando a los transportistas. Damián Pereiras, director de operaciones de Trans Pereiras, define el momento como una «situación crítica»: facturar sin poder aplicar tarifas actualizadas obliga a muchas empresas a tirar de la tesorería y del crédito para mantener la actividad.

En el caso de la empresa porriñesa, el efecto del conflicto en Oriente Medio y del bloqueo del Estrecho de Ormuz se traduce en un sobrecoste mensual de 64.000 euros. Pereiras no duda en exponer el cansancio del sector y apuesta por una medida contundente: «Yo personalmente estoy a favor de parar, con 72 horas bastaría para que atendiesen nuestras reclamaciones».

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«Hoy en día estás trabajando para matarte»

Además del golpe directo del carburante, las cláusulas contractuales dificultan aún más la respuesta: las revisiones de tarifas suelen pactarse a 30, 45 o 60 días, lo que obliga a los transportistas a soportar el incremento en su caja antes de poder trasladarlo al cliente. Muchas empresas cargadoras, según denuncian los propios transportistas, sólo aplican actualizaciones mínimas —del 2% o 3%— que no cubren nada.

Organizaciones y medidas reclamadas: de Vieiros a Fegatramer

En este clima, la Unidade Galega de Transportistas (conocida como Vieiros) registra un creciente apoyo a la idea de paralizar la actividad. Su secretario general, Alberto Vila, ha anunciado que la asociación podría convocar una asamblea para decidir «qué acciones emprender», aunque esperarán al anuncio de medidas gubernamentales en el Consejo de Ministros que se celebra este viernes.

Las demandas del sector no son novedosas: reclaman al menos una bonificación de 0,25 €/litro de combustible y ayudas directas que las asociaciones cuantifican en 1.500 euros por camión y 750 euros por furgón. Al mismo tiempo piden una investigación sobre lo que consideran un incremento «poco justificable» en el precio de los carburantes.

En contraste con quienes optan por la movilización, la patronal Federación Gallega de Transportes de Mercancías (Fegatramer) —representada por su presidente, Ramón Alonso— apuesta por la cautela y el diálogo. Alonso recuerda que «si paralizamos el país nadie va a ganar dinero» y aconseja a sus asociados que, cuando los cargadores se nieguen a actualizar tarifas, procedan a denunciar: aplicar las subidas es obligatorio por ley, según su interpretación.

Antecedentes y contexto gallego: tejido empresarial frágil y dependencia logística

En Galicia, donde la economía depende en buena medida del transporte por carretera para alimentar sectores como la pesca, la automoción y la distribución de productos frescos, la presión sobre los transportistas tiene efectos en cadena. Vigo y su área industrial, con empresas exportadoras y una logística portuaria intensa, se sienten particularmente expuestas: semanas de costes crecientes minan la competitividad y pueden traducirse en retrasos o incrementos de precios para el consumidor final.

Cabe recordar que el sector está fragmentado: predominan pequeñas empresas y autónomos con escaso colchón financiero, lo que hace que el impacto de las subidas de carburante sea mucho más agudo que en grandes compañías con mayor músculo. La posibilidad de que la ruptura de la cadena de suministro se traduzca en pérdida de contratos internacionales es una amenaza real que muchos empresarios de la comarca del Miño, O Porriño y Vigo perciben ya en el día a día.

Además, la política de precios de los carburantes y la presión geopolítica sobre rutas clave como el estrecho de Ormuz han añadido incertidumbre. No es la primera vez que Galicia sufre picos en el combustible, pero la velocidad del alza actual y la coincidencia con plazos contractuales cerrados sitúan al sector en un punto de inflexión.

Repercusiones y próximos pasos: de la asamblea a las mesas de negociación

En las próximas 48-72 horas, las decisiones que adopte el Gobierno en el Consejo de Ministros tendrán un efecto inmediato sobre la tensión social en las carreteras gallegas. Si las medidas son percibidas como insuficientes, Vieiros tiene sobre la mesa la convocatoria de una asamblea y, potencialmente, movilizaciones. Por su parte, Fegatramer ha optado por presionar vía denuncias y negociación con cargadores que se resistan a actualizar tarifas.

Para el tejido productivo gallego, la mejor salida sería una combinación de medidas: bonificación temporal del combustible, ayudas directas a vehículos pesados y un mecanismo ágil que permita la revisión automática de precios cuando se registren variaciones excepcionales en el mercado. Sin mecanismos de respuesta rápida, los transportistas seguirán soportando los costes hasta que la tesorería de la mayoría se quiebre.

Queda, además, la cuestión política: cómo compaginar la necesidad de contener el gasto público con la urgencia de una intervención que evite daños mayores a la economía regional. En Vigo y sus comarcas, donde cada día circulan miles de camiones que sostienen la actividad portuaria y empresarial, la paciencia del sector se agota. A falta de soluciones concretas, la amenaza de parar ha dejado de ser discurso y se aproxima a una realidad tangible que el Gobierno, las empresas cargadoras y los propios transportistas deberán gestionar en muy pocos días.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.