El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este lunes en la Casa Blanca que sería «un gran honor» para él «tomar Cuba», en una intervención que ha agravado las tensiones entre Washington y La Habana. Las palabras se pronunciaron en una comparecencia pública mientras ambos países atraviesan un conflicto diplomático por el bloqueo energético impuesto por EEUU en enero de este año. La advertencia se produce en un contexto de apagones recurrentes en la isla y de conversaciones preliminares entre representantes de ambos Gobiernos.
Trump añadió que, según su criterio, la isla está sumida en la crisis: la describió como una «nación fracasada» sin recursos energéticos ni dinero, aunque reconoció la belleza del territorio y la fertilidad de sus tierras. El presidente republicano aseguró igualmente que su Administración mantiene contactos con autoridades cubanas, pero no detalló interlocutores ni el alcance de esas conversaciones.
En su intervención el mandatario no solo planteó la posibilidad de una intervención sino que sugirió que esa acción podría adoptar formas distintas, desde una transición «amistosa» hasta un control más directo. Sus afirmaciones han encendido las alarmas en la región y reavivan temores sobre la estabilidad en el Caribe y posibles consecuencias humanitarias si se intensifica la presión sobre La Habana.
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En la rueda de prensa, Trump insistió en su capacidad para intervenir de múltiples maneras y se mostró convencido de que podría «hacer lo que quisiera» con la isla si así lo decidiera. Sus palabras incluyeron referencias personales y anecdóticas; mencionó tener amigos cubanos que, según dijo, se hicieron millonarios en Estados Unidos.
«Tomar Cuba, eso sería un gran honor. Tomar Cuba, tomar Cuba de alguna forma, sí. Ya sea liberarla o tomarla. Podría hacer lo que quisiera con ella.»
El presidente afirmó además que el Gobierno de La Habana «caerá muy pronto» porque, en su opinión, la isla está «en ruinas» como consecuencia del bloqueo de crudo impuesto por Washington en enero. Esas amenazas repetidas en las últimas semanas añaden presión sobre un país que ya arrastra una crisis energética profunda.
Crisis energética y diálogo entre Washington y La Habana
La declaración se produce tras un nuevo apagón nacional en Cuba, el sexto registrado en los últimos dieciocho meses, que las autoridades cubanas atribuyen al bloqueo petrolero estadounidense. Ese cuadro ha paralizado buena parte de la economía y ha aumentado el malestar social, con consecuencias sobre el suministro básico de electricidad para hospitales, transporte y comunicaciones.
Por su parte, Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, confirmó en días recientes que existen contactos con representantes de Estados Unidos orientados a «buscar soluciones por la vía del diálogo», aunque inicialmente La Habana había negado conversaciones formales. El reconocimiento del diálogo por parte del Gobierno cubano se interpreta como un intento de abrir canales que eviten un agravamiento del conflicto.
Analistas subrayan la doble dimensión de la situación: por un lado, la política exterior de Washington exhibe un discurso de máxima presión; por otro, la faceta diplomática mantiene puertas abiertas al intercambio limitado de información para abordar problemas puntuales como el suministro energético. Esa contradicción complica la previsión sobre los pasos siguientes.
En términos legales y geoestratégicos, cualquier intento de «tomar» un país plantea problemas evidentes bajo el Derecho Internacional y provocaría reacciones de la comunidad internacional, especialmente de países aliados de Cuba. Tampoco está claro cuál sería la respuesta regional o cómo reaccionarían actores como la Unión Europea o naciones latinoamericanas ante una escalada militar o económica.
En el plano interno estadounidense, la retórica de Trump puede leerse tanto como una estrategia electoral dirigida a su base como una maniobra para presionar por concesiones. Fuentes oficiales de la Casa Blanca no ofrecieron detalles adicionales sobre planes concretos ni sobre el calendario de las conversaciones con La Habana.
Mientras tanto, en Cuba la situación humanitaria ligada a los cortes eléctricos sigue siendo una prioridad para las autoridades y la ciudadanía. Observadores internacionales y organismos humanitarios siguen de cerca la evolución de la crisis energética y llaman a soluciones que eviten un deterioro mayor de las condiciones de vida en la isla.
La comunidad internacional permanece atenta a los próximos pasos de Washington y La Habana, y a la posible evolución de las negociaciones que, por ahora, combinan declaraciones beligerantes y contactos discretos para intentar aliviar una crisis que amenaza con prolongarse.
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