Donald Trump, presidente de Estados Unidos, declaró este lunes en la Casa Blanca que sería «un gran honor» para él «tomar Cuba», en una intervención que eleva las tensiones diplomáticas entre Washington y La Habana. La afirmación, realizada el 17 de marzo de 2026 desde el Despacho Oval, se produce en el contexto del bloqueo de crudo impuesto por Estados Unidos en enero y de repetidos cortes de energía en la isla. La declaración añade presión a un panorama ya marcado por apagones nacionales y por un diálogo declarado recientemente entre ambos Gobiernos.
El mandatario señaló que podría actuar sobre la isla ya sea para «liberarla» o para tomar control de ella, y afirmó que podría decidir su destino a su antojo. En su intervención, Trump describió a Cuba como «una nación fracasada» y subrayó la escasez de recursos básicos como el petróleo. Al mismo tiempo, elogió el paisaje y la tierra de la isla y mencionó conocidos de origen cubano que, según él, prosperaron en Estados Unidos.
«Tomar Cuba, eso sería un gran honor. Tomar Cuba, tomar Cuba de alguna forma, sí. Ya sea liberarla o tomarla. Podría hacer lo que quisiera con ella»
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Contexto: bloqueo petrolero y apagones
Las palabras llegan tras la imposición por parte de Washington de un bloqueo al suministro de petróleo hacia Cuba en enero de este año, una medida que, según las autoridades cubanas, ha agravado una crisis energética que se prolonga desde 2024. La isla registró este lunes un nuevo apagón nacional, el sexto en 18 meses, que ha provocado paralizaciones en la economía y un aumento del malestar social.
El propio presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, admitió en días recientes que existen conversaciones con representantes de Estados Unidos para abordar diferencias entre ambos Gobiernos. Las autoridades de La Habana, sin embargo, han ligado la situación económica y los cortes eléctricos al bloqueo de combustibles impuesto por Washington y han denunciado un impacto creciente sobre la vida cotidiana de la población.
Repercusiones diplomáticas y tono de la escalada
En las últimas semanas, la Casa Blanca ha mantenido una retórica de presión sobre La Habana que combina advertencias y la sugerencia de medidas más contundentes. Trump ha señalado que el Gobierno de La Habana «caerá muy pronto» y ha vuelto a plantear la posibilidad de intervenir de forma amistosa o hostil. Estas afirmaciones se suman a una escalada verbal que podría complicar los canales diplomáticos abiertos recientemente.
Fuentes oficiales cubanas han confirmado el diálogo con Estados Unidos como un intento de buscar «soluciones por la vía del diálogo», expresando su disposición a negociar pese a las fuertes diferencias políticas. La confirmación del contacto bilateral contrastó con una primera negativa de la isla a reconocer tales conversaciones, según relatos previos.
Analistas consultados por distintos medios subrayan que, aunque exista diálogo, las declaraciones públicas de alto perfil que sugieren cambios de régimen o intervenciones militares complican cualquier avance negociado. El intercambio de mensajes entre ambos Gobiernos se produce en un escenario regional sensible, con atención internacional sobre los límites del uso de la fuerza y la soberanía de los Estados.
En La Habana, los apagones reiterados han afectado a servicios básicos y al funcionamiento industrial, lo que, según fuentes oficiales cubanas, ha incrementado la presión social. Las autoridades atribuyen la debacle energética al bloqueo petrolero y han pedido, en varias ocasiones, el cese de sanciones que afectan al suministro de combustible y a la economía en general.
Desde Washington, la administración de Trump defiende que las medidas buscan presionar al régimen cubano para lograr cambios políticos y de gobierno, y resalta su disposición a explorar distintas vías, incluidas aquellas que la Casa Blanca califica como «amistosas». Las declaraciones de «tomar Cuba» han suscitado reacciones en la comunidad internacional, pendiente de posibles nuevas medidas y de la evolución del diálogo bilateral.
La situación mantendrá la atención sobre La Habana y Washington en las próximas semanas, con la posibilidad de que nuevas decisiones políticas o sanciones acentúen el impacto sobre la población cubana y sobre las relaciones diplomáticas entre ambos países.
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