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Un error al cambiar a luces largas por la noche puede dejarte sin visibilidad en la carretera

Un error al cambiar a luces largas por la noche puede dejarte sin visibilidad en la carretera

Muchos conductores en carreteras nocturnas reducen la intensidad de los faros demasiado pronto al cruzarse con otro vehículo, lo que puede crear un «vacío de luz» que deja sin visibilidad el tramo por delante en el momento más crítico. El fallo ocurre sobre todo en vías interurbanas y tramos rurales sin iluminación, y responde a hábitos adquiridos o a la costumbre de evitar deslumbrar a otros conductores. La consecuencia es una menor capacidad de anticipación ante un obstáculo o un animal en la calzada. La alerta ha sido recogida en recientes análisis sobre seguridad vial.

Las luces largas están pensadas para maximizar la iluminación cuando no hay tráfico delante; proyectan el haz a mayor distancia que las de cruce y permiten detectar curvas y objetos en la carretera con más antelación. Sin embargo, la normativa exige sustituirlas por las luces de cruce cuando aparece otro vehículo, tanto en sentido contrario como si circula delante por el mismo carril, para evitar el deslumbramiento. Ese cambio, si se realiza de forma precipitada, puede producir efectos contraproducentes para el propio conductor.

Según Elena Castellano, especialistas en seguridad vial advierten de que el gesto de «bajar» las largas en cuanto se detecta un coche a lo lejos es frecuente y erróneo, porque se hace cuando aún hace falta el haz potente para iluminar la calzada intermedia. En vez de mejorar la seguridad global, ese movimiento crea una franja menos iluminada justo entre los dos vehículos, reduciendo la capacidad de reacción del conductor que ha apagado las largas.

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Por qué el cambio prematuro crea un «vacío de luz»

El llamado «vacío de luz» se produce cuando las largas se apagan demasiado pronto y las de cruce no alcanzan la misma distancia de iluminación. En esos segundos la carretera frente al vehículo queda con un alcance de visibilidad inferior al necesario para una conducción segura a la velocidad que se llevaba. El problema se agrava en zonas sin iluminación pública y en carreteras con curvas o con presencia de fauna nocturna.

Además de la pérdida de visión hacia adelante, ese hábito dificulta la percepción de obstáculos laterales y reduce el tiempo disponible para maniobrar. La situación es especialmente peligrosa cuando se combina con la fatiga, el exceso de velocidad o la ausencia de señalización. Por eso los especialistas insisten en no bajar las largas por pura costumbre, sino en valorar la distancia y la velocidad a la que circulan ambos vehículos.

La normativa es clara en su objetivo: evitar el deslumbramiento que puede provocar pérdida temporal de visión en el otro conductor. Pero la aplicación práctica de esa norma requiere criterio y sentido común para no sacrificar la seguridad propia al intentar proteger la visión ajena. Mantener una distancia de seguridad y moderar la velocidad son complementos imprescindibles a la gestión correcta de los faros.

Consejos prácticos para evitar riesgos

Usar las luces largas cuando corresponde —vías sin iluminación, carreteras secundarias— y cambiar a cortas únicamente cuando exista riesgo real de deslumbramiento es la regla general. Si duda sobre el momento exacto, reduzca la velocidad y valore la distancia: es preferible disminuir el ritmo unos metros antes que apagar las largas de forma prematura.

Revisar la correcta alineación de los faros y mantener el sistema de iluminación en buen estado reduce el riesgo de deslumbrar y mejora la efectividad de las largas. Los vehículos con asistente automático de luces largas (high-beam assist) facilitan esta tarea, porque activan y desactivan el haz según el tráfico y las condiciones, pero no eximen al conductor de mantener la atención.

Evite el uso de antiniebla en condiciones de visibilidad normal: esas luces están pensadas para niebla densa y su uso indebido puede molestar a otros conductores sin aportar ventaja en la visibilidad. Ante cualquier duda, reduzca la velocidad y priorice la seguridad: ver y ser visto son dos caras de la misma práctica responsable al volante.

La prevención en la gestión de las luces es un factor clave para reducir accidentes nocturnos. Un gesto tan cotidiano como cuándo cambiar de largas a cortas puede marcar la diferencia entre evitar un incidente o enfrentarse a una situación de riesgo. Conducir con prudencia, mantener el vehículo en condiciones óptimas y adaptar la velocidad a la visibilidad son medidas sencillas pero efectivas para circular con seguridad de noche.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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