Aspas controla el balón en el área después de
su remate al palo. | MARTA G. BREA
En ese fino alambre en el que se deciden partidos y temporadas nadie se mueve como el Real Madrid y hay pocos equipos más desgraciados que el Celta, cuyo catálogo de infortunios siempre encuentra nuevos episodios. Quien quiera entenderlo solo tiene que asomarse al cruel desenlace del partido de ayer en el que los vigueses se despidieron primero de la victoria en ese remate al palo de Iago Aspas en el minuto 87 y poco después del punto que tenía amarrado por culpa de un disparo de Valverde en el 94 que se iba hacia la grada de animación y que Marcos desvió de forma involuntaria para alojarse en la portería de un Radu imponente. Una secuencia calamitosa que mantiene al Real Madrid en la pelea por la Liga y que corta la racha de un Celta que complió solo a medias con su plan defensivo, pero que fue incapaz de ejecutar su idea de castigar con el balón a los de Arbeloa. Le faltó algo de descaro y finura con la pelota; y le sobró distancia con la portería rival. Las pocas veces que ejecutó su plan –gracias sobre todo a Williot en el primer tiempo y a Iago Aspas en los últimos instantes– fabricó oportunidades que acabaron en el palo o en parada milagrosa del inevitable Courtois. Pero fueron acciones con cuentagotas en un partido en el que el Celta defendió demasiado tiempo muy cerca de Radu y con buena parte de sus futbolistas enemistados con la pelota, circunstancias que alimentaron a un Real Madrid que, pese a llegar a Balaídos en precario, insistió hasta encontrar el postrero guiño del destino.
El Celta se confundió. En su idea de ceder metros al Real Madrid para que Vinicius no pudiese correr –el sistema que le ha funcionado a muchos rivales del equipo blanco en las últimas semanas– acabaron convertidos en operarios de la grada de Gol. Y eso lo aprovechó el Real Madrid (que ya había avisado en algún disparo lejano), en un saque de esquina en el que Tchouameni encontró el tiempo y la distancia para recibir un pase cómodo de Güler y ajustar el remate junto al palo derecho de un incrédulo Radu. Un gol impropio del fútbol profesional que ha convertido cada balón parado en una reyerta callejera. Pero el Celta, siempre innovador, le puso una alfombra al Real Madrid para que se adelantase en el marcador. Cuando quisieron darse cuenta de lo que estaba pasando el balón ya estaba puesto en el círculo central para reiniciar el juego.
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →Pero el Celta tenía detectado dónde estaba el principal agujero del Real Madrid: en la espalda de Trent. Zona de tránsito del dañino Williot, el «asesino con cara de niño» que decían en Manchester de Solskjær. Mientras los defensas piensan en arroparlo o darle un abrazo con esa cara de desamparo, él los acuchilla a la menor oportunidad. Superado el minuto veinte, tras un tiempo gris de los vigueses que no acababan de dar con la fórmula, Mingueza encontró con un maravilloso pase en largo al sueco que volvió a ser letal. Primero resistió la embestida de Trent, luego le sentó con un recorte y por último entregó al corazón del área para que Borja (que llevaba una primera parte enemistado con la pelota aunque había probado a Courtois en el comienzo del partido) ajusticiase al meta belga.
El empate no tapó la incomodidad del Celta que seguía demasiado tiempo rondando a Radu. La misión de tapar a Vinicius estaba cumplida (muy bien Carreira y Javi Rodríguez) pero al equipo le costaba encontrar soluciones a la presión del Real Madrid. Demasiada vulgaridad en el manejo de la pelota donde solo Miguel Román y Mingueza por momentos era capaces de ponerle algo de sentido al juego. Hubo ausencias clamorosas como la de Moriba, Jutglá o Borja Iglesias…y eso hizo crecer a un Real Madrid que generaba una situación ficticia de peligro. Radu no intervenía, pero tampoco era buen negocio tener al Real Madrid rondando su área.
Aunque el primer tiempo se despidió con la mejor jugada del Celta, que acabó en otra parada de Courtois a remate de Williot, el partido no cambió gran cosa tras el paso por el descanso. El Celta seguía poniendo más énfasis en protegerse que en dañar al contrario. Cierto es que ajustó mejor algunas situaciones y el Real Madrid, aunque tenía la pelota, ya no era capaz ni de amenazar con los disparos lejanos (su principal recurso). Por momentos parecía que Claudio pretendía que Arbeloa se fuese cociendo poco a poco y que la falta de recursos en el banquillo (repleto de canteranos), el cansancio y la necesidad de ganar acabase por inclinar el partido hacia su costado. El porriñés, a veinte minutos para el final, dio un vuelco a su frontal de ataque con la entrada de Jones, Hugo Alvarez y Fer López. Un curioso bandazo porque pasó de jugar con dos delanteros centros a hacerlo con ninguno. Tampoco fluyó el Celta que sí se ajustó algo más con la aparición minutos después de Aspas. Con Fer López en su sitio y el moañés sacando de posición a todo el mundo los vigueses encontraron por fin las transiciones por las que llevaban casi una hora suspirando. Una cobertura de Mendy evitó que Jones se plantase delante de Courtois. Sucedió justo antes de que el partido entrase en su momento decisivo. A tres minutos del final Jones encontró a Iago Aspas en el área, el moañés sentó a Asencio y su remate, de escuela, se estrelló en el palo izquierdo de la portería de un Courtois superado por completo.
Fue el festivo preludio del desastre final. En el último minuto del descuento salía Fer López en dirección a los banquillos cuando fue trabado de forma descarada por un rival. Díaz de Mera dejó continuar la acción y a partir de ahí hubo un poco de pasividad defensiva. Primero de Hugo Alvarez, luego de Vecino que hizo un despeje lamentable en un balón cruzado…Valverde enganchó el disparo que se iba a la grada de Marcador, pero Marcos Alonso rozó lo suficiente para que el balón, siempre caprichoso, se marchase en dirección contraria a la Radu. En ese alambre tembloroso que define partidos el Real Madrid y el Celta son el día y la noche.
¿Buscas una Inversión Segura?
Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual
Solicitar Información Ahora