Veinte jefes de servicio de la Universidade de Vigo han hecho público un manifiesto en el que alertan del «profundo deterioro» de la gestión institucional y reclaman a los aspirantes a rector medidas concretas para corregir la situación. El documento, enviado a todas las cuentas de correo de la institución, apunta a la falta de liderazgo y a la lentitud en la toma de decisiones como causas de un bloqueo administrativo que, según los firmantes, compromete la operatividad diaria. La advertencia llega en plena campaña electoral: el periodo informativo comienza el 20 de abril y las votaciones están convocadas para el 6 de mayo. Los jefes de servicio piden un giro en el rumbo tras los dos mandatos del actual rector.
En su comunicado los firmantes detallan que la coordinación entre unidades se ha visto afectada por «compartimentos estancos» y una progresiva pérdida del peso de los criterios técnicos frente a directrices de corte político. Esa dinámica, sostienen, provoca demoras en los procedimientos habituales y una ralentización «injustificable» de la gestión ordinaria. El manifiesto no solo describe síntomas operativos, sino que advierte del riesgo de un colapso administrativo si no se adoptan soluciones urgentes. Los responsables reclaman transparencia en los criterios de decisión y una comunicación interna más eficaz.
El escrito exige compromisos concretos a las tres candidaturas que concurren a la dirección de la universidad, entre ellas las de Belén Rubio, Carmen García Mateo y Jacobo Porteiro. Los jefes de servicio reclaman planes claros para restablecer los cauces técnicos y administrativos, agilizar trámites y asegurar que las políticas universitarias se apoyen en argumentos profesionales. Subrayan que la participación de estos equipos en la toma de decisiones es esencial para evitar la aparición de una administración «paralela». Piden que los programas electorales incluyan medidas verificables y calendarios de ejecución.
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Conoce más →La reacción del rector no se hizo esperar. Manuel Reigosa publicó un artículo en el que defendía la necesidad de «lealtad» institucional y alertaba sobre los riesgos de erosionar la confianza en los órganos de gobierno. En su texto, el mandatario cuestionaba la índole de algunas voces críticas y sugería que presentarse como independiente mientras se actúa políticamente en favor de una candidatura puede ser una práctica poco transparente. Fuentes internas interpretan que la intervención del rector responde tanto al manifiesto de los veinte jefes como a otra carta suscrita por más de doscientos trabajadores.
Ese otro escrito, firmado por 213 empleados del personal técnico, de gestión y de administración y servicios, plantea reivindicaciones que se solapan con muchas de las que expusieron los jefes de servicio. Entre las demandas figuran mejoras en las condiciones laborales, garantías de estabilidad en las plantillas y mayor peso de los criterios profesionales en la planificación institucional. La existencia de ambas misivas refleja una amplia inquietud entre quienes sostienen el día a día administrativo de la universidad. En conjunto, los movimientos ponen sobre la mesa la gravedad de los problemas internos.
Analistas consultados por este diario señalan que la crítica pública de jefes de servicio, que habitualmente operan desde la discreción técnica, añade presión a la campaña electoral y obliga a las candidaturas a concretar sus propuestas de gestión. La universidad afronta retos que no solo son administrativos: la reputación académica y la capacidad para atraer recursos y talento dependen, en buena medida, de la solvencia organizativa. Por ello, explican, cualquier plan de gobierno que no incluya medidas de reordenación y modernización administrativa tendrá difícil recorrido.
Fuentes universitarias indican que los firmantes del manifiesto pretenden que sus propuestas no queden en una advertencia puntual y exigen mecanismos de seguimiento que permitan evaluar el cumplimiento de los compromisos. Entre las posibles soluciones que plantean en privado figuran la revisión de protocolos de decisión, la mejora de canales de comunicación interna y la recuperación del criterio técnico en procesos claves. Subrayan que la institucionalidad y la eficiencia no son objetivos antagónicos, sino condiciones necesarias para la actividad académica y de investigación.
Con la campaña a punto de arrancar, las tres candidaturas tienen ahora la oportunidad de responder de forma detallada a las preocupaciones expresadas por el personal de gestión. La comunidad universitaria, advierten los firmantes, estará atenta a las propuestas y a la capacidad de ejecución de quienes aspiren a dirigir la institución. Si no se abordan con rapidez los problemas señalados, concluyen, la universidad podría afrontar nuevos episodios de descoordinación que afectarían a docentes, investigadores y alumnado por igual.
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