En el marco del Día Mundial del Agua, que Naciones Unidas dedica este año al vínculo entre agua y género, la actividad de Veolia en Galicia vuelve a ponerse en primer plano. La empresa, presente en la comunidad desde hace más de 50 años y responsable del ciclo integral del agua en 48 municipios, combina proyectos de digitalización con programas sociales dirigidos a colectivos vulnerables y acciones formativas orientadas a jóvenes y niñas. El balance, tanto político como técnico, plantea avances palpables y desafíos pendientes que condicionarán la gestión hídrica en los próximos años.
Un servicio extendido con acento social
Quienes recorren las oficinas municipales o las instalaciones de suministro lo saben: la presencia de Veolia en Galicia no es nueva. A lo largo de décadas la compañía ha participado en la operación de redes, plantas depuradoras y estaciones de bombeo en comarcas desde la ría de Vigo hasta el interior ourensano. Además de la gestión operativa, la firma ha desarrollado programas específicos para atender a las personas en situación de vulnerabilidad: fondos y tarifas sociales, así como el programa ‘Agua, Salud e Infancia’, que apoya iniciativas asistenciales y sanitarias destinadas principalmente a niños y jóvenes.
La colaboración con entidades locales, ONG y fundaciones forma parte de esa hoja de ruta. En ese marco surgen también las becas ‘Talento Profesional’ y ‘Talento Joven’, promovidas junto a Igaxes, orientadas a facilitar la inserción laboral de colectivos con dificultades de acceso al empleo. Paralelamente, el programa Aquae STEM procura despertar vocaciones científicas entre el alumnado gallego, con especial atención a atraer a niñas hacia carreras tecnológicas, un punto que conecta directamente con la campaña de la ONU bajo el lema “Donde fluye el agua, crece la igualdad”.
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Conoce más →“Garantizar que todas las personas dispongan de agua implica mucho más que infraestructuras”, indican desde fuentes de la compañía, que subrayan la combinación de inversión técnica y programas sociales para abordar la equidad en el acceso. Esa mezcla de prestación técnica y sensibilidad social explica en buena medida la imagen que Veolia pretende proyectar en el territorio gallego.
Ourense como laboratorio de digitalización e infraestructuras resilientes
Si hay un territorio donde confluyen ambición tecnológica y fondos públicos ese es la provincia de Ourense. El proyecto ‘Ou-Inteligente, provincia del agua’, impulsado por AquaOurense con la Diputación de Ourense, moviliza más de 13 millones de euros para digitalizar el servicio en 79 municipios mediante telelectura, monitorización en tiempo real y la creación de un centro inteligente de gestión que centralizará datos y dará soporte técnico continuado.
Al proyecto provincial se suma el PERTE municipal ‘Ourense termal verde y digital’, dotado con 4,5 millones de euros, que incluye la instalación de más de 6.500 contadores inteligentes, la sectorización de la red en 40 áreas para controlar las pérdidas hídricas y la digitalización de infraestructuras clave. Entre las iniciativas energéticas figura la instalación de una planta fotovoltaica en la EDAR de Reza, un gesto que enlaza eficiencia con descarbonización.
Estas actuaciones ubican a Ourense como un laboratorio regional en el que se prueban herramientas para hacer frente a retos como el cambio climático o el envejecimiento de las redes. La sectorización, por ejemplo, no es un detalle menor: al dividir la red en sectores controlables se reduce el tiempo de detección de fugas y se mejora la presión, lo que a la larga disminuye pérdidas y costes operativos.
El ecosistema de innovación suma también al centro tecnológico Cetaqua Galicia, donde proyectos como Waterun, AWARD o CIGAT Circular exploran el tratamiento y la reutilización de aguas de escorrentía, la eliminación de microplásticos y la transformación de residuos en recursos. En conjunto, son iniciativas destinadas a convertir la gestión del agua en una palanca de economía circular y resiliencia urbana e industrial.
Educación, participación y los debates pendientes
La presencia de programas educativos y de sensibilización —desde Aqualogía hasta visitas a plantas y actividades de voluntariado ambiental— pretende tejer un vínculo entre la ciudadanía y el ciclo del agua. En un territorio con tradición de reivindicación ambiental como Galicia, acercar la gestión técnica al público ha resultado útil para desactivar malentendidos y generar apoyos locales.
No obstante, la gestión del agua en Galicia, como en otras comunidades, sigue siendo un terreno de debates: la relación entre lo público y lo privado, el coste del servicio para el usuario y la capacidad de inversión en municipios pequeños son asuntos que reaparecen con cierta regularidad. No es la primera vez que la modernización de infraestructuras suscita polémicas sobre tarifas y control democrático del servicio. La apuesta por la digitalización y la externalización de operaciones tendrá que convivir, por tanto, con demandas de transparencia y supervisión por parte de ayuntamientos y diputaciones.
Además, los retos técnicos son reales: la adaptación a episodios climáticos extremos, la necesidad de limpieza y renovación de tuberías en áreas rurales y la ampliación de capacidades para la reutilización de aguas exigirán financiación estable y marcos regulatorios coerentes. Las inversiones anunciadas ofrecen soluciones puntuales, pero la sostenibilidad a largo plazo exigirá coordinación entre administraciones, empresas y sociedad civil.
Como cierre, la reflexión impone mirar más allá de los informes: la combinación de innovación, fondos y programas sociales puede ser una receta útil para garantizar el agua en territorios con dispersión demográfica como Galicia. A la vez, será clave mantener el debate abierto sobre cómo se gobierna ese recurso estratégico, quién decide las prioridades y cómo se reparte el coste de las transiciones necesarias. Si la consigna de la ONU —Agua y Género— se hace práctica, las iniciativas locales deberán traducirse en medidas concretas que ofrezcan acceso real y oportunidades iguales, especialmente para mujeres y niñas que, históricamente, han cargado con buena parte del coste invisible del agua.
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