martes, 10 de marzo de 2026 | Galicia, España
ÚLTIMA HORA Científicos estadounidenses aseguran haber copiado el cerebro de una mosca en un ordenador y que ahora "vive en una simulación"
Galego Castelán

Habitar el misterio

Habitar el misterio

Juan José Millás relata en un artículo publicado el 10 de marzo de 2026 en Faro de Vigo cómo una pregunta de su nieto en un parque —por qué él es él y no otro— lo obligó a detenerse y repensar el enigma de la identidad. El episodio ocurrió mientras ambos estaban en el tobogán, un lugar cotidiano que se tornó escenario de una duda profunda, y ofreció al autor el motivo para una reflexión sobre por qué habitamos el yo que nos ha tocado. La crónica plantea, en pocas líneas, que la cuestión no admite una respuesta simple y que quizá la tarea es aprender a convivir con el misterio. Esa conclusión sirve como punto de partida para una meditación que alterna memoria personal y pensamiento filosófico.

En el parque, mientras el niño subía de nuevo por la escalera del tobogán, la pregunta brotó sin advertencia y tomó al autor por sorpresa. El narrador confiesa que su atención estaba puesta en evitar que el pequeño se hiciese daño, pero la consulta lo devolvió a interrogantes que él mismo había guardado desde la infancia. Recordó entonces al niño que fue —sus propias dudas silenciosas sobre la identidad y la extrañeza de habitar un cuerpo particular— y reconoció en la pregunta de su nieto la misma mezcla de desconcierto y asombro.

Ante el porqué de ser uno y no otro, la respuesta habitual apela a la contingencia: un nacimiento en un instante preciso, una combinación única de genes, circunstancias y azares. Esa explicación, correcta en términos causales, no satisface el pedido de sentido que acompaña a la pregunta: describe el mecanismo sin alcanzar el temblor que la experiencia produce. Comparar la identidad con una sucesión de hechos biológicos puede aclarar cómo se forma, pero no por qué se siente como una posición irreemplazable desde la que se vive el mundo.

CONTENIDO PATROCINADO
Playa Privada Salado Resort

Salado Golf & Beach Resort

Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.

Conoce más →

Otra ruta que explora el texto es la idea de que el yo se construye con el tiempo; que no viene listo de fábrica, sino que se forja entre decisiones, recuerdos y encuentros. Si la pregunta está mal planteada, quizás convenga cambiar el enfoque y pensar menos en un origen definitivo y más en la manera en que el yo se sostiene día a día. El autor sugiere que las preguntas profundas de la vida no siempre reclaman soluciones, sino cercos, metáforas y aproximaciones que ayuden a mantener el equilibrio junto al abismo de lo inexplicable.

Para ilustrar esa actitud, Millás propone una imagen: una página de un libro que existe un instante, se deja leer y luego queda integrada en el conjunto, sin perder su singularidad. La comparación sirve para mostrar que la identidad puede ser algo que se vive y se incorpora, no un enigma que deba resolverse de una vez por todas. Así, la pregunta “¿por qué soy yo?” podría entenderse como una invitación a prestar atención a la singularidad de cada momento vivido, en lugar de buscar una respuesta definitiva.

El observador que mira deslizarse al niño comprende que la pregunta exige más presencia que explicación. Ver a alguien absolutamente concentrado y feliz en su gesto confirma la idea de que el misterio no se desactiva por el conocimiento, sino que se habita con atención. Esa atención convierte lo dado en un único punto de vista válido desde el que sentir el frío del metal, la velocidad de la bajada o la alegría de un instante, y lo hace suficiente para que valga la pena seguir viviendo.

Desde esa perspectiva, confiesa el autor, lo que cabe decir es la humilde admisión de la ignorancia: no sabemos por qué somos quienes somos. Sin embargo, esa ausencia de respuesta no empobrece la experiencia; al contrario, obliga a asumir el yo recibido como la única posición desde la que el mundo puede ser conocido. La reflexión concluye que la actitud adecuada ante el misterio no es derrotista, sino estimulante: aceptar la incógnita permite entregarse a la vida con más intensidad.

El cierre del texto retorna al parque y al gesto cotidiano: seguir deslizándose por el tobogán, abrazar el cuerpo y el momento que nos han tocado, lanzarse a nuevas experiencias aun sin certezas. La invitación es simple y exigente a la vez: no resolver el enigma hasta agotarlo, sino aprender a vivir en él con curiosidad y valentía, convirtiendo la pregunta en una forma de atención que dignifica cada instante. En definitiva, habitar el misterio se presenta como una práctica cotidiana y como una manera de estar en el mundo.

¿Buscas una Inversión Segura?

Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual

Solicitar Información Ahora

Compartir esta noticia

R

Redacción

Periodista de Galicia Universal.