António Costa, presidente del Consejo Europeo, se desmarcó este martes en Bruselas de las palabras de la presidenta de la Comisión y pidió con urgencia «garantizar que el mundo siga basado en reglas» durante su intervención en la Conferencia Anual de Embajadores de la Unión Europea. El discurso, pronunciado el 10 de marzo de 2026 en el foro que reúne a los representantes diplomáticos de los Veintisiete, subrayó la defensa del multilateralismo ante lo que Costa describió como crecientes desafíos al orden internacional. El portugués explicó que su posicionamiento responde a la necesidad de evitar una mayor fragmentación global que, a su juicio, perjudica los intereses europeos y la estabilidad mundial.
La intervención de Costa llegó un día después de que Ursula von der Leyen pusiera en duda la viabilidad de un sistema internacional exclusivamente basado en reglas para proteger los intereses de la Unión. Frente a ese diagnóstico, el presidente del Consejo defendió que la respuesta de la UE debe pasar por reforzar la cooperación multilateral y por una política exterior «multidimensional» que combine diplomacia, sanciones coordinadas y apoyo a las instituciones internacionales. Costa insistió en que, aunque el escenario global ha cambiado, la apuesta por el Derecho Internacional y por la Carta de las Naciones Unidas sigue siendo la estrategia más eficaz a largo plazo.
En su diagnóstico de la nueva realidad internacional, Costa señaló que el mundo multipolar exige soluciones colectivas en lugar de «esferas de influencia» donde prime la política del poder sobre el Derecho. Enumeró, sin matices, situaciones que ponen a prueba ese orden: la invasión de Ucrania por parte de Rusia, las prácticas comerciales de China que alteran mercados y, en su opinión, decisiones de Estados Unidos que desafían el sistema internacional basado en reglas. El presidente del Consejo evitó caer en retórica beligerante, pero dejó claro que cualquier retroceso en las normas que regulan las relaciones entre Estados tendría consecuencias directas para la Unión Europea.
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Conoce más →La guerra en Oriente Próximo centró también parte de su intervención. Costa calificó la situación como «de suma preocupación» y situó a Irán como responsable de las causas fundamentales que han agravado el conflicto, si bien rechazó el unilateralismo como salida. Exigió a Teherán y a sus aliados, en especial a grupos como Hezbolá, el cese de los ataques, incluidos los dirigidos contra Estados miembros de la UE como Chipre, y pidió un retorno a canales diplomáticos que permitan reducir la escalada militar.
Además de la dimensión política y humanitaria, el presidente del Consejo advirtió sobre el impacto económico de una mayor tensión regional, citando especialmente el riesgo que supondría un bloqueo del estrecho de Ormuz para el suministro energético y el comercio global. Recordó que la defensa de los derechos humanos y la libertad no se consigue con bombas y que es el Derecho Internacional el que debe garantizar esas aspiraciones. Con ese argumento, reiteró el apoyo de la Unión al pueblo iraní y a su derecho a decidir su futuro sin intervenciones externas que atenten contra la soberanía.
Costa también abarcó otras crisis que, en su opinión, deben convertirse en prioridades de la diplomacia europea: la vulneración del Derecho Internacional en Ucrania, episodios en Groenlandia, África, América Latina y las situaciones de Gaza, así como las violaciones de derechos humanos en Irán, Sudán o Afganistán. En todos esos frentes, dijo, la UE tiene la responsabilidad de actuar de forma coherente y colectiva para no legitimar prácticas que erosionen las normas globales. La coherencia, añadió, pasa por coordinar respuestas políticas y mantener la presión internacional cuando se quebrantan normas básicas.
Sobre el papel de las Naciones Unidas, el jefe del Consejo Europeo defendió a la Organización como el marco insustituible para gestionar conflictos y resolver retos globales, pero admitió que necesita reformas. «La ONU debe ser reformada, no reemplazada», dijo Costa, quien pidió modernizar mecanismos para que el multilateralismo sea más eficaz y refleje la complejidad del siglo XXI. En su intervención abogó por reforzar los instrumentos de prevención y respuesta y por una participación europea más decidida en foros internacionales.
Las palabras de Costa dejan al descubierto una tensión visible en los altos mandos de la Unión sobre la estrategia exterior a seguir en una era de mayor competencia entre potencias. Su llamamiento a preservar un orden internacional basado en reglas se perfila como un intento de marcar la agenda antes de que la Conferencia de Embajadores concluya y de trasladar a los Estados miembros la necesidad de consensos claros. En los próximos días, la discusión en Bruselas sobre prioridades y herramientas diplomáticas será clave para traducir esa retórica en políticas concretas que la UE pueda ejecutar frente a las crisis abiertas.
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