Desde hace cuatro días repostar con diésel cuesta más que hacerlo con gasolina en España, una inversión inesperada que coincide con la escalada de tensiones en Oriente Medio tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. La subida de las cotizaciones internacionales del gasóleo, alimentada por problemas en el suministro y decisiones comerciales de actores clave, ha superado la ventaja fiscal que hasta ahora beneficiaba a este carburante. El fenómeno se ha dejado notar en los surtidores y amenaza con trasladar presión inflacionaria a sectores dependientes del gasóleo. Las autoridades y la industria vigilan la evolución para calibrar si se trata de un episodio puntual o de una tendencia sostenida.
Según los datos diarios del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, la gasolina ha subido un 11,2% desde el 28 de febrero y se sitúa de media en 1,647 euros por litro, mientras que el gasóleo se ha incrementado un 22,4% y alcanza los 1,759 euros por litro. Esa diferencia de aproximadamente 11 céntimos por litro se traduce en pagar unos 5,5 euros adicionales al llenar un depósito de 50 litros, según el cálculo habitual que hacen conductores y asociaciones de consumidores.
El precio que pagan los conductores no depende solo del crudo, sino de las cotizaciones de los productos ya refinados, y en las últimas semanas el gasóleo se ha encarecido con más fuerza que la gasolina. El barril de crudo superó los 90 dólares esta semana, prácticamente un 50% por encima del nivel del 28 de febrero, pero la ruptura entre crudo y gasolina/diésel explica por qué los surtidores muestran movimientos distintos para cada carburante.
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Conoce más →Fuentes del sector señalan tres factores determinantes. Primero, una mayor demanda mundial de gasóleo por usos industriales y calefacción, que sostiene su precio. Segundo, problemas logísticos en el Estrecho de Ormuz: el encarecimiento de las primas de seguro y la renuencia de algunos buques a transitar por esa ruta han limitado la oferta de productos derivados. Y tercero, la decisión de China de restringir exportaciones de productos refinados ha recortado suministros en mercados internacionales.
En opinión de Inés Cardenal, de la Asociación de la Industria del Combustible de España (AICE), la combinación de esos factores ha provocado que la ventaja fiscal que históricamente amortiguaba la mayor cotización del gasóleo deje de ser suficiente. En España existe una diferencia en el impuesto especial sobre hidrocarburos que solía compensar la mayor cotización internacional del gasóleo, pero ahora esa brecha fiscal no alcanza para mantener el precio del diésel por debajo del de la gasolina.
El encarecimiento del gasóleo tiene efectos directos en familias y empresas. El transporte de mercancías, la agricultura y la industria, sectores intensivos en consumo de gasóleo, podrían ver aumentar sus costes operativos, un impacto que con frecuencia se traslada a los precios al consumidor. Para un pequeño transportista o un agricultor, una variación sostenida en el precio del gasóleo implica ajustes en márgenes y tarifas.
La industria del refino en España, que agrupa a compañías con capacidad de producción como Moeve (antigua Cepsa), Repsol, BP España y Galp, también enfrenta la misma tensión entre oferta y demanda internacional. La capacidad nacional de refinado amortigua en parte los choques externos, pero no es inmune a restricciones en rutas marítimas ni a cambios en la política exportadora de países con gran capacidad de procesamiento.
Este cruce de precios no es inédito: ya se observó algo similar durante la guerra en Ucrania, cuando las disrupciones en las rutas y la reconfiguración del comercio de hidrocarburos alteraron las referencias. Los analistas advierten que la duración del actual sorpasso dependerá de la evolución del conflicto en Oriente Medio, de la normalización de los seguros marítimos en el Golfo y de si China revisa sus restricciones a las exportaciones refinadas.
En las próximas semanas los consumidores seguirán pendientes de la evolución de las cotizaciones y de las decisiones políticas que puedan moderar el encarecimiento, como ajustes fiscales o medidas de contención del precio. Mientras tanto, el nuevo panorama de precios obliga a familias y empresas a recalcular presupuestos y a las autoridades a mantener la atención sobre un mercado que está demostrando una sensibilidad elevada a los conflictos geopolíticos y a las decisiones comerciales globales.
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