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El Gobierno concede a Fernando Ónega la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil a título póstumo

El Gobierno concede a Fernando Ónega la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil a título póstumo

El Consejo de Ministros aprobó este martes conceder, a título póstumo, la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil al periodista lucense Fernando Ónega, fallecido la semana pasada a los 78 años. La concesión fue anunciada en la rueda de prensa posterior al Ejecutivo por la portavoz del Gobierno, quien subrayó el papel de Ónega como una de las voces más relevantes de la Transición y como referente para generaciones de informadores. La distinción llega como reconocimiento a su trayectoria en prensa, radio y televisión y a su paso por la Secretaría de Comunicación de la Presidencia en la etapa de la Transición. El decreto fue aprobado en la reunión del gabinete celebrada el 10 de marzo de 2026.

En su intervención, la ministra portavoz Elma Saiz recordó la labor de Ónega como director de prensa y portavoz durante la presidencia de Adolfo Suárez y destacó su contribución al asentamiento de prácticas informativas en momentos claves de la vida pública española. Saiz subrayó que, además de su función institucional, Ónega fue maestro de periodistas y modelo de rigor profesional, y que su ausencia dejará un vacío en el oficio. La ministra vinculó el homenaje con la necesidad de preservar la memoria de quienes ayudaron a consolidar la democracia en España. La comunicación oficial insistió en el carácter ejemplar de su carrera.

La noticia de la concesión ha coincidido con las numerosas muestras de respeto y recuerdo por parte de compañeros y personajes públicos que recordaron su estilo y su discreta huella en la política y la información. Entre las voces que se han sumado al homenaje, el cantautor Julio Iglesias rindió un emotivo adiós, en el que relacionó memoria y cercanía afectiva, mientras que periodistas y antiguos colaboradores ensalzaron su capacidad para combinar análisis y prudencia. En Lugo y en Galicia, asociaciones y colegas han valorado especialmente su vinculación con la tierra natal, donde comenzó su trayectoria y mantuvo lazos profesionales.

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Ónega nació en Mosteiro, parroquia de Pol, en 1947, y desarrolló una carrera que abarcó distintos ámbitos de la comunicación. En prensa escrita fue subdirector del diario Arriba en los años setenta y dirigió el diario Ya entre 1985 y 1986, además de colaborar con cabeceras como La Vanguardia y, de forma puntual, con El Progreso. En radio su presencia fue notable: ingresó en la Cadena SER en 1979 para participar en Hora 25 y, en febrero de 1981, asumió la dirección de los informativos de la emisora en un momento que coincidió con el intento de golpe del 23-F.

Posteriormente, en la segunda mitad de los ochenta, Ónega ejerció funciones similares en la Cadena COPE entre 1986 y 1990. En televisión consolidó su perfil como analista y presentador durante los años noventa, colaborando con los informativos de Telecinco y presentando las noticias nocturnas en Antena 3. También fue tertuliano habitual en espacios de actualidad y debate como 59 segundos, El Programa de Ana Rosa y Las mañanas de Cuatro, donde su voz se reconocía por la claridad y la moderación del juicio político.

A lo largo de su trayectoria recibió varios galardones que reconocieron su aportación al oficio: entre ellos figuran el Premio Ondas, la Medalla Castelao, el premio Puro Cora y el Diego Bernal. Estos reconocimientos subrayan tanto su impacto profesional como su relevancia en el ámbito cultural gallego y en el periodismo nacional. La Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil se suma ahora a ese conjunto de distinciones y tiene un carácter protocolario y simbólico, reservado a quienes han prestado servicios relevantes a la nación.

En Lugo, su ciudad natal, la muerte de Ónega motivó ceremonias y una despedida multitudinaria que responsables locales y ciudadanos calificaron de emotiva. Colegas y antiguos alumnos han rememorado su faceta como formador, su discreción personal y su apuesta por el contraste informado frente a la estridencia. Su relación con medios gallegos y su presencia en actos culturales consolidaron una imagen pública ligada también a la defensa de la lengua y la identidad de la comarca.

El reconocimiento del Gobierno, según fuentes del Ejecutivo, pretende además poner en valor el papel de quienes, desde la comunicación institucional o desde la crónica política, contribuyeron a la estabilidad democrática durante décadas convulsas. Para quienes escriben hoy sobre la Transición y la política contemporánea, la figura de Ónega sirve de enlace entre generaciones de periodistas: su legado profesional se evalúa tanto por la práctica informativa como por la influencia sobre quienes llegaron después.

Con la Gran Cruz concedida ahora a título póstumo, la trayectoria de Fernando Ónega queda formalmente inscrita en el registro de honores civiles del Estado, pero para muchos el recuerdo permanecerá en las pequeñas lecciones profesionales, en la coherencia de su mirada y en la huella en los medios que fue tren de su vida. La familia y los colegas han anunciado que aceptarán la distinción y la interpretarán como un gesto de reconocimiento público a toda una vida dedicada al periodismo.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.