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La hija de Carlos Saura explora la faceta íntima de un creador incansable: «Nunca se aburrió»

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En el Festival de Málaga, el 10 de marzo de 2026, Anna Saura presentó «Ese niño de la fotografía», un documental que propone por primera vez un acercamiento íntimo a la vida y el trabajo de su padre, el cineasta Carlos Saura, fallecido en 2023 a los 91 años. La responsable del film reunió material personal inédito —fotografías, grabaciones, dibujos y reflexiones— para mostrar por qué Saura se mantuvo creativo hasta sus últimos días. El motivo, según la directora, fue dejar testimonio de la tenacidad y la curiosidad que marcaron su trayectoria. La presentación en Málaga sirvió para poner en diálogo la dimensión pública de su obra con una vertiente humana poco conocida.

El documental recoge imágenes rodadas durante los últimos tres años de vida del cineasta, tanto en su despacho de Collado Villalba como en los viajes que emprendieron padre e hija. Saura aparece trabajando con la misma entrega que lo acompañó toda su carrera: pintando, haciendo fotografías y conversando sobre sus proyectos. Su hija cuenta que, incluso cuando la respiración le costaba, mantuvo la rutina creativa y no dejó de producir. Esa energía frente a la enfermedad es uno de los ejes que atraviesa la película.

«Ese niño de la fotografía» no es una película centrada en la cronología de premios y estrenos, sino en el proceso: la manera en que la mirada del autor convergía en cine, pintura y fotografía. El material de archivo facilita ese retrato coral: entrevistas antiguas, grabaciones televisivas y archivos personales que construyen una voz propia. La intención, explica Anna, fue mostrar al hombre detrás del mito, un creador hermético y a la vez sorprendentemente cercano en su intimidad. Esa tensión entre reserva y cercanía es la que dota al documental de su principal valor.

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La película repasa etapas clave de la biografía de Saura, desde su infancia en Huesca hasta su formación en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid. Se detiene en sus colaboraciones más permanentes, en especial con Elías Querejeta, productor de títulos decisivos como «Elisa, vida mía» o «Mamá cumple 100 años». También aborda la importancia de los reconocimientos internacionales, en festivales como Cannes y Berlín, que le permitieron sostener una carrera en España durante el franquismo. Ese contexto histórico y profesional se entrelaza con las vivencias personales que la hija reconstruye a partir del archivo familiar.

Anna Saura, que empezó a trabajar con su padre a los quince años como asistente, relata en la película anécdotas del día a día y ofrece una mirada de persona que transitó muchos rodajes y despachos junto a él. Hoy, productora ejecutiva de proyectos como «Día de caza», reconoce que su función en el documental fue doble: la de narradora y la de compiladora de un legado. Confiesa que su vida profesional actual es de papeles, contratos y logística, pero que decidió asumir la dirección porque sabía qué historias quería preservar. Esa mezcla de profesionalidad administrativa y sensibilidad personal conforma el pulso del film.

Entre el material desvelado aparecen fotografías inéditas, apuntes y reflexiones grabadas por el propio Saura a lo largo de su carrera, elementos que permiten seguir la evolución de sus obsesiones temáticas y estéticas. El montaje trabaja con esa voz íntima para mostrar cómo la creación fue una respuesta constante a la curiosidad y a la necesidad de contar historias. La cinta evita la hagiografía y prefiere el retrato en primera persona, con silencios y retazos que revelan más de lo que explican las grandes declaraciones públicas. Eso la convierte en un complemento valioso a la historiografía del cine español contemporáneo.

En la rueda de prensa en Málaga, Anna insistió en la idea de un hombre «gracioso, amable y muy solitario», paradojas que convivieron en su carácter. La directora subrayó que nunca oyó a su padre decir que estaba aburrido y que, por el contrario, siempre buscó actividades creativas. Esos rasgos emergen como piezas clave para comprender por qué su obra mantiene vigencia: la necesidad de mirar, de probar y de no conformarse. El documental pone en primer plano esa disciplina íntima que alimentó tanto los largometrajes como las piezas pictóricas y fotográficas.

La acogida en Málaga ha abierto ya el debate sobre la proyección futura del documental en salas y festivales internacionales, y sobre su papel para nuevas generaciones que estudian el cine español. Para los espectadores gallegos, la película ofrece la oportunidad de redescubrir a un autor que combinó vocación artística y compromiso profesional en épocas complejas. Más allá de la figura pública, «Ese niño de la fotografía» pretende preservar la memoria de un creador que, según su propia familia, nunca dejó de mirar y de trabajar hasta el final.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.