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Rehacerse tras un ictus

Rehacerse tras un ictus

Cinco mujeres de Vigo, con edades comprendidas entre los 50 y los 70 años, han recuperado gran parte de su autonomía después de sufrir isquémicos y hemorrágicos">ictus isquémicos y hemorrágicos, según un reportaje publicado el 11 de marzo de 2026. Estas pacientes pasaron de depender de una silla de ruedas o de necesitar ayuda completa para las actividades básicas a poder realizar entrenamientos de alta intensidad y levantar entre 40 y 50 kilos en peso muerto, fruto de procesos intensivos de neurorrehabilitación. El caso evidencia cómo la combinación de ejercicio dirigido y terapia específica puede revertir limitaciones importantes en la vida diaria. La experiencia ha tenido lugar en Vigo y sus protagonistas atribuyen su mejoría a programas personalizados y a un equipo multidisciplinar.

En el momento más agudo de su recuperación, las cinco viguesas precisaban asistencia para vestirse, desplazarse y otras tareas cotidianas, y en algunos casos utilizaban silla de ruedas de forma habitual. Los ictus que padecieron fueron de distinto origen —isquémicos y hemorrágicos—, lo que obligó a diseñar planes de rehabilitación adaptados a cada perfil y a la evolución neurológica de cada paciente. Con el tiempo y la constancia en la terapia, las secuelas motoras y funcionales se redujeron de manera notable. El hito más llamativo ha sido la capacidad de incorporar cargas considerables en ejercicios de fuerza, un indicador tangible de recuperación muscular y coordinación.

Los programas de neurorrehabilitación que describen las pacientes combinan fisioterapia especializada, trabajo neurocognitivo y entrenamiento de fuerza progresivo, orientado a recuperar patrones motores y estabilidad. El objetivo no es solo mejorar la fuerza aislada, sino integrar capacidad física y control neurológico para que las actividades de la vida diaria puedan realizarse con independencia. Los profesionales implicados insisten en que la intervención temprana y la intensidad adecuada son claves para aprovechar la plasticidad cerebral tras un ictus. Además, el acompañamiento psicológico y la educación sobre prevención han sido componentes habituales en los protocolos seguidos.

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Las mujeres entrevistadas en el reportaje subrayan el papel de la constancia y de la adaptabilidad de los ejercicios: comenzaron con tareas muy simples y fueron incrementando la dificultad según la tolerancia y la evolución. Relatan que el apoyo del fisioterapeuta y la sensación de pequeñas victorias semanales fueron esenciales para mantener la motivación. También destacan la importancia de recuperar la confianza en el propio cuerpo, una dimensión que, según cuentan, es tan relevante como la mejora física. Para ellas, pasar de la dependencia casi total a poder entrenar con cargas significativas ha supuesto un cambio radical en su calidad de vida.

El ictus continúa siendo una de las principales causas de discapacidad adquirida en la edad adulta y, aunque las cifras varían, la necesidad de servicios de rehabilitación especializados es creciente. Estudios y guías clínicas recomiendan intervenciones multidisciplinares y la incorporación de ejercicio terapéutico adaptado como pilares de la recuperación. Sin embargo, la oferta y el acceso a estos recursos no siempre son homogéneos, lo que plantea retos para garantizar que todos los pacientes que pueden beneficiarse de ellos reciban la atención adecuada. La experiencia de estas viguesas pone de manifiesto el potencial de la rehabilitación intensiva cuando se puede aplicar con continuidad.

Aunque el progreso es significativo, los especialistas advierten de que los resultados dependen de múltiples factores: la extensión del daño cerebral, la comorbilidad, la edad y la rapidez con la que se inicia la terapia. Por ello, los equipos remarcan la necesidad de evaluar y ajustar permanentemente los programas para evitar lesiones y maximizar la funcionalidad. La recuperación puede requerir meses o años, y en algunos casos la mejora se mantiene gracias a la continuidad del ejercicio y a la supervisión clínica. Este proceso también implica la coordinación con atención primaria y servicios sociales para facilitar la reinserción en la vida comunitaria.

Las historias individuales de estas cinco mujeres sirven de ejemplo de la recuperación posible, pero también subrayan las limitaciones del sistema: listas de espera, diferencias en los recursos disponibles y la dependencia de iniciativas privadas en algunos casos dificultan un acceso uniforme. Profesionales del ámbito sanitario y asociaciones de pacientes reivindican más inversiones públicas en rehabilitación y programas formales que integren ejercicio de fuerza, fisioterapia neurológica y apoyo psicosocial. Asimismo, señalan la necesidad de formación especializada para profesionales que trabajan con pacientes postictus.

En definitiva, la transformación experimentada por estas viguesas ilustra la capacidad de recuperación del organismo cuando se combinan intervención precoz, tratamientos individualizados y esfuerzo sostenido. Su avance desde la dependencia total a movimientos de alta intensidad es, en palabras del reportaje, una muestra de resiliencia y de la eficacia de la neurorrehabilitación. Así lo recoge el reportaje de Pablo Hernández Gamarra en Faro de Vigo, fechado el 11 de marzo de 2026, que plantea la rehabilitación como una inversión esencial para mejorar la autonomía y la calidad de vida tras un ictus.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.