Aitana Sánchez-Gijón regresó este marzo al Teatro Español de Madrid para protagonizar una versión contemporánea de «La Malquerida» de Jacinto Benavente, que permanecerá en cartel hasta el 26 de abril y emprenderá después una gira por España hasta diciembre. En la presentación de la función la actriz aprovechó la coincidencia de la puesta en escena para respaldar la protesta de Greenpeace, que ese mismo día desplegó una gran lona en la Puerta del Sol con el lema «No a la guerra». Sánchez-Gijón defendió la conveniencia de mantener el mensaje visible y vinculó la reivindicación a la necesidad de comportamientos más civilizados en la esfera pública.
La actriz calificó la acción de las organizaciones civiles como especialmente oportuna en un momento de tensiones internacionales y pidió que mensajes de ese tipo se repitan por todo el mundo para evitar que impere la «ley del más fuerte», que según ella conduce al desastre. Su intervención en la presentación no fue solo política: sirvió para enmarcar su decisión de volver a un texto clásico desde una perspectiva contemporánea y comprometida. La conexión entre arte y activismo marcó gran parte de la conversación con la prensa en el Teatro Español.
La pieza que se representa es una versión contemporánea de Jacinto Benavente que, como han señalado los responsables, enfatiza elementos como el erotismo, el humor y la música popular para actualizar la tragedia original. La producción mantiene el núcleo dramático de los celos y los afectos difíciles, pero aborda la historia con una mirada poética y actualizada. La directora ha apostado por una puesta en escena que dialoga con el presente sin renunciar al pulso trágico del texto clásico.
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Conoce más →Detrás de la versión figura la dirección de Natalia Menéndez, que propuso a Sánchez-Gijón ponerse en la piel de Raimunda, la madre de la trama, cuando la intérprete ya había vivido la obra en su juventud desde otro papel. Sánchez-Gijón recordó que aceptó el reto tras pensarlo detenidamente, con la sensación de cerrar un círculo artístico que se abrió en 1988, cuando encarnó a la joven Acacia en la versión de Miguel Narros. La actriz confesó estar emocionada por la posibilidad de revisitar el material desde una posición distinta, más madura y con una mirada sobre la historia muy distinta a la de entonces.
La trayectoria de Sánchez-Gijón explica en buena medida la atención que concita su vuelta a los escenarios: comenzó muy joven en la televisión, con un debut a los 16 años en la serie «Segunda enseñanza», y alcanzó gran popularidad en los años noventa gracias a títulos como «Boca a boca», «El pájaro de la felicidad» y «Celos». Su carrera ha combinado cine, teatro y televisión, y la actriz ha mantenido una presencia pública activa que incluye reivindicaciones sociales y políticas. Esa mezcla de perfil artístico y compromiso público ha marcado varias etapas de su vida profesional.
En la presentación también se recordó la etapa en la que Sánchez-Gijón fue una voz visible en el ámbito cultural, incluida su participación en la vida de la Academia de Cine entre 1998 y 2009, según la nota difundida por la sala. Fue además protagonista de momentos llamativos en su activismo: en 2003 apareció en la portada de un diario tras verse implicada en una carga policial durante una manifestación del «No a la guerra» en las inmediaciones del Congreso. Esos episodios forman parte del relato público que la acompaña y que ella misma aludió al hablar de la lona desplegada en la Puerta del Sol.
El reparto de esta nueva lectura de «La Malquerida» reúne a intérpretes de trayectorias diversas y pretende ofrecer una versión coral y contemporánea del drama familiar. La producción incorpora elementos musicales y una cuidada escenografía que busca situar la obra en un espacio reconocible y, a la vez, simbólico. Según la compañía, la intención es que la pieza dialogue con el público actual y abra debates sobre la condición humana y las relaciones de poder en el ámbito privado.
La acción dramática se sitúa en Los Berrocales y gira alrededor de los vínculos entre Raimunda y Acacia, con la celebración de una pedida de mano que desencadena una cadena de acontecimientos trágicos y pasiones enfrentadas. La tensión entre el deseo y los lazos familiares, así como las consecuencias de determinados actos, constituyen el motor del montaje, que explora con intensidad los perfiles psicológicos de sus personajes. La propuesta pretende, en definitiva, reactivar un texto clásico desde una mirada contemporánea y directa.
Tras su paso por Madrid hasta el 26 de abril, la función iniciará una gira que llevará la obra a otras ciudades españolas a lo largo del año, con la intención de acercar la revisión del clásico a públicos diversos. Para Sánchez-Gijón, este retorno al teatro supone tanto una culminación personal como una reafirmación de su compromiso con la escena y con la intervención pública. La actriz confía en que el montaje provoque reflexión y conversación, tanto en torno a la obra como en relación con los mensajes cívicos que puso sobre la mesa al presentarlo.
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