Un equipo de investigación de la Universidad de California en Los Ángeles publica el 11 de marzo de 2026 en Nature un trabajo que vincula los circuitos neuronales del cuidado parental con comportamientos empáticos en ratones. Los autores observan que las mismas neuronas que promueven el cuidado de las crías facilitan también el consuelo y la ayuda entre adultos, y sostienen que la experiencia familiar modelaría esa arquitectura cerebral desde etapas tempranas. El hallazgo plantea que la «firma» neural de la empatía no surge de forma aislada, sino que estaría enraizada en los mecanismos de la crianza.
Los investigadores siguieron el comportamiento de ejemplares en varios contextos sociales y registraron la actividad neuronal en el área preóptica medial (MPOA), una región vinculada tradicionalmente al comportamiento parental. Los animales que dedicaban más tiempo a acicalar y proteger a sus crías mostraron asimismo una mayor propensión a consolar a compañeros estresados, aunque estos no fueran familiares. Ese patrón permitió a los autores trazar una relación directa entre conductas de cuidado filial y actuaciones prosociales hacia otros adultos.
Para comprobar esa relación, el equipo empleó técnicas de manipulación neuronal que permitieron inactivar las células activadas durante los cuidados parentales. Cuando esas neuronas quedaron silenciadas, los ratones redujeron notablemente su tendencia a ayudar o consolar a pares angustiados, sin que se observaran cambios generales en la sociabilidad. Ese resultado sugiere que no se trata de un rasgo global de sociabilidad, sino de circuitos específicos que sirven a ambos repertorios conductuales.
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Conoce más →Los autores identificaron además una proyección desde el MPOA hacia el sistema dopaminérgico, incluida la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, una vía clásica de la motivación y la recompensa. Tanto las interacciones parentales como los comportamientos de consuelo activaban esos circuitos de recompensa, lo que indica que cuidar y ayudar resultan intrínsecamente gratificantes para los animales. Esa conexión entre motivación y ayuda social puede explicar por qué ciertas conductas prosociales se mantienen incluso sin vínculos de parentesco.
El trabajo, liderado por Fangmiao Sun y colaboradores, cuestiona una hipótesis evolutiva asentada: la idea de que los circuitos creados originalmente para asegurar la supervivencia de la descendencia fueron reaprovechados posteriormente para sostener formas más amplias de conducta prosocial. En lugar de una reutilización tardía, los autores proponen que la base neural de la empatía podría emerger ya integrada en los circuitos parentales, modulada por la experiencia familiar desde edades tempranas.
Los investigadores subrayan en su nota de prensa que sus hallazgos abren nuevas preguntas sobre cómo las variaciones en el entorno familiar y en los estilos de crianza pueden influir en el desarrollo de la empatía. Si estos circuitos son sensibles a la historia personal, las diferencias en la estructura y el soporte familiar podrían dejar huellas duraderas en la predisposición a comportamientos prosociales. Esa línea de investigación conecta la neurobiología con factores sociales y ambientales que suelen abordarse por separado.
Los autores y los comentaristas científicos advierten, no obstante, que la extrapolación directa de ratones a humanos exige cautela. Aunque las vías neuronales básicas comparten semejanzas entre mamíferos, la complejidad del comportamiento humano y la influencia de la cultura y el lenguaje introducen variables adicionales. Los próximos pasos deberán incluir estudios en modelos más próximos a la cognición humana y trabajos que examinen cómo intervenciones tempranas en el ámbito familiar podrían modificar esos circuitos.
El artículo, titulado «Shared neural substrates of prosocial and parenting behaviours», aparece firmado por Sun et al. y puede consultarse en Nature (2026) con DOI https://www.doi.org/10.1038/s41586-026-10327-8. Sus resultados añaden una pieza relevante al debate sobre el origen de la empatía y ofrecen pistas sobre cómo comprender y, en su caso, intervenir en trastornos del comportamiento social relacionados con déficits en la motivación y la recompensa.
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