El investigador verinés Bruno Rúa presentó el jueves 12 de marzo de 2026 en el Edificio Multiusos de A Mezquita su último trabajo, un libro dedicado a las aldeas de Conso, Frieiras, Viana y As Portelas con el propósito de recuperar y fijar la memoria de estos espacios ante la rápida despoblación del mundo rural. La obra, fruto de años de investigación y trabajo de campo, pretende documentar la historia, la identidad y las prácticas culturales de pequeños núcleos que hoy corren el riesgo de perderse. Rúa justifica la iniciativa como una obligación con las personas que vivieron y viven esos lugares y con la propia continuidad del territorio.
El volumen, titulado «Aldeas de Conso, Frieiras e Viana (e As Portelas)», propone una mirada retrospectiva sobre estos concejos orientales de la provincia de Ourense, combinando datos históricos con relatos orales y fotografías de los elementos materiales que siguen en el paisaje. El autor reúne crónicas, noticias de hemeroteca y testimonios recogidos en cada núcleo para reconstruir una cartografía emocional y social de las aldeas. Así, el libro busca no solo conservar hechos, sino también registrar el sentir y las prácticas que han marcado la vida rural durante generaciones.
Rúa, que ya publicó con anterioridad «Aldeas da Tamagania» y desarrolló trabajos similares en la comarca de A Limia, explica que la iniciativa nace del «afán de conocimiento» y del deseo de completar un mapa más amplio del patrimonio inmaterial ourensano. Su trayectoria combina la labor de investigador con la divulgación; no se limita a acumular datos, sino que traduce ese material en narraciones accesibles pensadas para lectores locales y para un público más amplio interesado en las dinámicas rurales. Su trabajo, dice, es una forma de resistencia frente al olvido.
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Conoce más →El método que emplea combina investigación documental y trabajo de campo. Primero revisa archivos, hemerotecas y crónicas, aunque los fondos sean escasos, y luego recorre cada aldea para hablar con sus moradores, fotografiar elementos significativos y tomar nota de los topónimos y las historias transmitidas de boca en boca. Rúa subraya que la fase de campo es la más gratificante porque permite comprobar in situ cómo la memoria se materializa en la arquitectura, en las fuentes, en los caminos y en los oficios. Ese contacto directo con el territorio es, a su juicio, imprescindible para dar veracidad a cualquier análisis.
Para Rúa, la conservación de la memoria no es un ejercicio nostálgico sino una herramienta de supervivencia: si no se realizan estos trabajos, temen que en pocas décadas muchos de los lugares reconocibles hoy queden reducidos a un conjunto de piedras sin contexto. Además, el investigador recuerda que el compromiso es con las personas que habitaron y habitan esas aldeas; la huella humana impregna los paisajes y sus recuerdos, y perderlos sería traicionar esa experiencia colectiva. Por eso insiste en la urgencia de documentar antes de que desaparezcan los últimos testigos.
En su intervención, Rúa también reflexionó sobre la mirada urbana hacia el mundo rural: desde la ciudad se pasa con facilidad del desprecio a la idealización romántica, posiciones que considera igualmente equivocadas porque no reflejan la complejidad real del territorio. Sostiene que solo quien vive el entorno rural puede aportar soluciones sostenibles a sus problemas y que las recetas impuestas desde fuera suelen fallar. Esa visión defiende un enfoque que combine respeto por la tradición y la búsqueda de alternativas contemporáneas para fijar población y actividad.
Entre las historias recogidas, el autor confesó sentirse especialmente impresionado por la narración relacionada con la familia de los Bordas, un episodio local vinculado a la agitación liberal del siglo XIX durante el reinado de Isabel II. En un contexto de comunicaciones fragmentadas, aquella comunidad protagonizó un levantamiento local que ejemplifica cómo las grandes convulsiones políticas llegaron, muchas veces de forma imprevista, a los pueblos más apartados. Historias como esa, subrayó Rúa, demuestran la capacidad de las comunidades para actuar ante la falta de indicaciones externas y la posibilidad de que episodios de gran calado queden apenas apuntados en los archivos si nadie los recupera.
La presentación en A Mezquita atrajo a vecinos, historiadores locales y representantes culturales que participaron en un coloquio donde se debatió el papel de la memoria en la conservación del patrimonio rural. Rúa aprovechó para animar a otros investigadores y asociaciones a continuar la labor de documentación y a poner en valor los fondos orales que aún es posible recuperar. Defendió además que la divulgación es clave para que esos materiales lleguen a las nuevas generaciones y alimenten proyectos culturales y educativos en el medio rural.
El libro de Rúa se suma a una tendencia creciente de trabajos que intentan frenar la erosión cultural provocada por la despoblación y la globalización. Más allá de su interés histórico, su autor confía en que sirva como herramienta práctica para políticas locales y como repositorio de identidad para los habitantes y descendientes de estas aldeas. Mientras prosigue sus recorridos por la provincia, Rúa mantiene la convicción de que preservar la memoria es la única manera de evitar que el paisaje quede convertido en un mero conjunto de ruinas sin relato.
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