Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, declaró este viernes desde el Pentágono que las autoridades estadounidenses creen que el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, se encuentra herido y podría haber sufrido desfiguraciones. La afirmación llegó en una comparecencia en la que, según Hegseth, Washington mantiene información que apunta a una pérdida de liderazgo y legitimidad en Teherán tras el inicio de la ofensiva coordinada con Israel. El ministro ofreció estos datos en el marco de la intensificación del conflicto que ha afectado ya rutas marítimas clave como el Estrecho de Ormuz y ha elevado la tensión internacional.
En la rueda de prensa, Hegseth subrayó que la aparición pública de Jameneí se limitó a un comunicado escrito y sin material audiovisual, algo que, a su juicio, refleja un estado de vulnerabilidad y temor entre los dirigentes iraníes. «No había voz, no había vídeo», afirmó para cuestionar la normalidad del liderazgo. También aseguró que el entorno de Teherán estaría tratando de protegerse y evitar mostrar imágenes que confirmen el estado del nuevo supremo.
El jefe del Estado Mayor conjunto, Dan Caine, acompañó a Hegseth en la quinta comparecencia desde el inicio de la campaña militar lanzada por la administración de Donald Trump en coordinación con Israel, según explicaron ambos. La intervención del secretario de Defensa se articuló en un tono marcadamente beligerante y triunfalista, en el que atacó a parte de la prensa por, dijo, no reflejar los logros militares de Estados Unidos en la contienda. Sus críticas incluyeron calificativos duros hacia los líderes iraníes, a los que llegó a describir como escondidos y carentes de coraje.
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Conoce más →Hegseth y Caine aseguraron que las fuerzas estadounidenses y aliadas han alcanzado alrededor de 15.000 objetivos iraníes desde el inicio de las operaciones, y ofrecieron datos sobre la reducción de capacidad ofensiva de Teherán. Según los generales, el lanzamiento de misiles por parte de Irán ha caído en un 90% desde el comienzo del conflicto, y la actividad con drones se habría reducido un 95% en el último recuento. Estas cifras, presentadas como prueba del éxito de las campañas de defensa y ataque, no han sido verificadas de forma independiente por fuentes internacionales.
Durante la misma comparecencia, los responsables militares adelantaron que esperaban que el viernes fuese una jornada de intensidad máxima en los ataques estadounidenses, una promesa que busca, según señalaron, mantener la presión sobre los mandos iraníes. Hegseth insistió en que la campaña continuará de forma secuencial y coordinada entre diferentes agencias y aliados, con el objetivo de neutralizar capacidades estratégicas de Irán. Al mismo tiempo, su discurso buscó transmitir control sobre el curso de la guerra pese a la escalada.
Un capítulo destacado de la intervención fue la referencia al cierre casi total del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, movimiento que ha disparado la incertidumbre en los mercados y amenazado el comercio marítimo de crudo. El secretario de Defensa negó que Estados Unidos hubiera sido incapaz de planificar para esa eventualidad y aseguró que Washington está abordando la situación para minimizar el impacto. No obstante, intentó restar dramatismo al fenómeno afirmando que «no hay necesidad de preocuparse», una valoración que contrasta con las preocupaciones expresadas por actores económicos y navieros.
Sobre la posible colocación de minas en el Estrecho —una hipótesis difundida por diversas informaciones de inteligencia—, Hegseth sostuvo que no existen pruebas claras que confirmen que Irán las haya sembrado. Esa negación contradice reportes de algunos estamentos de inteligencia estadounidense, que han señalado que Teherán podría haber sembrado el paso con explosivos. La discrepancia entre la versión oficial del Pentágono y partes de la propia inteligencia añade un elemento de incertidumbre sobre la situación real en el estrecho.
El anuncio de que el liderazgo iraní estaría herido y debilitado se produce en un contexto de fuerte polarización informativa y diplomática. Observadores internacionales subrayan la dificultad para verificar daños personales en figuras de alto perfil dentro de Irán, donde el control de la información es riguroso y las comunicaciones oficiales pueden ser parciales. Además, el impacto económico y geopolítico del cierre del Estrecho de Ormuz convierte cualquier afirmación no corroborada en un factor de riesgo para mercados y sucursales diplomáticas.
Ante la falta de confirmación independiente sobre el estado de Jameneí y sobre la presencia de minas en las aguas estratégicas, la comunidad internacional sigue pendiente de nuevas evidencias y de la evolución de la estrategia estadounidense y aliada. Mientras tanto, la retórica de la Casa Blanca y del Pentágono busca tanto justificar la escalada militar como transmitir que existe un plan para contener las consecuencias regionales y globales del conflicto. La situación, empero, continúa marcada por la opacidad y la posibilidad de una mayor escalada en los próximos días.
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