Setenta familias fueron desalojadas en plena noche del 13 de marzo de 2001 en la calle Teresa Herrera, en A Coruña, por un incendio declarado en un aparcamiento subterráneo. El fuego calcinó cinco vehículos y obligó a cortar el acceso a varios portales hasta que los bomberos lograron controlar las llamas. No se registraron heridos, aunque muchos vecinos abandonaron sus viviendas con lo puesto por precaución. Las autoridades locales abrieron una investigación para esclarecer el origen del humo que alertó a la barriada.
Según la crónica de la época, el suceso convirtió la calle en un escenario de alarma donde desalojados y residentes siguieron con preocupación las labores de extinción. Los equipos de bomberos trabajaron de forma intensa durante la madrugada para sofocar los focos y ventilar las zonas afectadas por el humo. Vecinos relataron la incertidumbre de no saber de dónde procedía la columna de humo que se extendió por los portales. Finalmente, una vez controlado el incendio, se permitió el regreso de las familias a sus hogares.
El siniestro se produjo en el aparcamiento subterráneo de un edificio residencial, un tipo de instalación que plantea riesgos específicos por la acumulación de humo y la dificultad de ventilación. Las cinco unidades afectadas quedaron totalmente calcinadas, según los partes de los bomberos, que no informaron de daños personales entre los residentes. La rápida intervención impidió que el fuego se propagase a vehículos contiguos o a la estructura del edificio, según fuentes municipales.
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Conoce más →La evacuación nocturna provocó escenas de inquietud entre los vecinos, que relataron cómo tuvieron que salir a la calle sin tiempo para recoger pertenencias. Algunos testigos señalaron la presencia de familiares y amigos en la zona para atender a los desalojados, mientras que los servicios de emergencia establecieron un perímetro de seguridad. Las labores de verificación y limpieza se prolongaron hasta primeras horas del día siguiente para restablecer la normalidad en la vía.
El episodio, recogido en la hemeroteca local, no fue el único incidente que marcó aquella fecha en el archivo de la ciudad. La crónica reseñó de forma paralela otros hitos históricos: hace cincuenta años se documentó la pérdida de una galería en la calle Real, hace setenta y cinco el Museo Provincial de Bellas Artes mostraba obras de Dionisio Fierros y, en 1926, se informó del sorteo de dos viviendas sociales recién construidas en el Campo de Marte. Estas referencias ofrecen una perspectiva sobre la vida urbana y sus transformaciones a lo largo del tiempo.
Incendios en aparcamientos subterráneos ponen de manifiesto la necesidad de protocolos claros de evacuación y controles de seguridad que reduzcan riesgos y permitan una respuesta ágil. Especialistas en emergencias señalan que la ventilación, la detección temprana y el acceso de bomberos son elementos claves para limitar daños materiales y evitar víctimas. Aunque en este caso la coordinación funcionó y no hubo heridos, el sobresalto dejó patente la vulnerabilidad de residentes ante siniestros en zonas comunes.
La crónica original del suceso fue firmada por Eugenio Cobas el 14 de marzo de 2001 en El Ideal Gallego, y la conmemoración de su vigésimo quinto aniversario recupera ahora esas imágenes de alarma y solidaridad vecinal. Para muchos de los afectados, aquel episodio quedó como un recuerdo vívido de la noche en la que la comunidad se movilizó ante una emergencia inesperada. Hoy, la memoria de aquel incendio sirve también para reforzar la prevención y los protocolos en garajes y aparcamientos urbanos.
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