La escalada de precios del combustible, vinculada al conflicto en Oriente Próximo, ha dejado a Galicia con una demanda extraordinaria de gasóleo para calefacción y estaciones donde el diésel supera los dos euros por litro. Desde el 28 de febrero, cuando empezaron los ataques que han tensado el mercado del crudo, los conductores y gestores de empresas han observado subidas abruptas en los surtidores de la comunidad. La situación, registrada hasta el 14 de marzo de 2026, ha obligado a consumidores, distribuidores y administraciones a monitorizar tanto el suministro como los márgenes comerciales.
El precio medio del gasóleo A en Galicia se situó en 1,46 euros por litro el 28 de febrero y en apenas dos semanas se ha disparado aproximadamente un 30%, hasta rondar los 1,85 euros de media a finales de la pasada semana. En varias estaciones, sobre todo en la provincia de A Coruña, el gasóleo ya supera la barrera de los 2 euros, y se registraron picos de hasta 2,15 euros por litro en el polígono de Barreiros, en Lugo. Estos incrementos no son homogéneos y varían según la ubicación y la política de precios de cada establecimiento.
El Gobierno central, a través de la vicepresidencia tercera, ha pedido a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia que supervise los movimientos en las aproximadamente 12.000 estaciones de servicio del país para detectar prácticas irregulares. La ministra responsable de la cartera de Transición Ecológica, Sara Aagesen, señaló que el organismo regulador está atento a la volatilidad para evitar abusos. Por su parte, la organización de consumidores Facua ha acusado a algunas gasolineras de aprovechar la coyuntura para ampliar márgenes y ha exigido medidas que frenen lo que considera una conducta especulativa.
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Conoce más →Además del aumento en las estaciones, las empresas de suministro han experimentado un crecimiento súbito de la demanda de gasóleo de calefacción en la primera semana de marzo, cuando muchos particulares y negocios adelantaron pedidos ante la incertidumbre. El director financiero del Grupo Valdés, Ramón Rodríguez, relató que aquellos días fueron caóticos para la logística: la demanda superó con creces la capacidad habitual y fue necesario intensificar las distribuciones para atender pedidos. Según la empresa, el gasóleo de calefacción pasó de venderse cerca de 90 céntimos por litro antes del 28 de febrero a situarse en torno a 1,50 euros, un encarecimiento superior al 50%.
Desde otras compañías locales la sensación fue similar aunque con matices. José Antonio Garrido, responsable de Gasóleos Rial, confirmó que la solicitud de suministro se disparó en las últimas dos semanas pero precisó que, hasta ahora, no se han detectado problemas de abastecimiento que comprometan el servicio. Las empresas sostienen que la oferta de producto existe y que la presión se concentra en semanas concretas de compra masiva, más que en una falta estructural de combustible.
El alza del carburante ya tiene repercusiones directas en el sector primario y en el transporte, ámbitos que dependen intensamente del gasóleo. Productores agrarios y armadores han reclamado la adopción de medidas extraordinarias para mitigar subidas de costes que pueden trasladarse a toda la cadena alimentaria. Las organizaciones del sector advierten de que el incremento de los gastos de explotación, si se mantiene, reducirá márgenes, encarecerá el transporte y presionará los precios finales al consumidor.
A corto plazo, las empresas y las administraciones insisten en que no hay señales de desabastecimiento generalizado en Galicia, aunque la incertidumbre sobre la evolución de los precios persiste mientras dure la inestabilidad en los mercados energéticos. Herramientas y buscadores de precios permiten a los consumidores localizar los surtidores más económicos, una práctica recomendada ante la volatilidad actual. Al mismo tiempo, la CNMC vigila posibles desviaciones significativas en los márgenes que puedan indicar prácticas anticompetitivas.
En las últimas horas se han intensificado las peticiones de intervención regulatoria por parte de consumidores y sectores afectados, que piden medidas concretas para amortiguar el impacto en hogares y empresas. Mientras tanto, distribuidores y estaciones apelan a la calma y a la normalización progresiva de la demanda, aunque reconocen que nadie puede asegurar cuándo se detendrá la escalada de precios. La combinación de supervisión pública, presión de la demanda y la evolución del conflicto internacional marcará el ritmo de los próximos días en los surtidores gallegos.
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