La Policía Nacional desplegó un amplio dispositivo de seguridad en Balaídos en torno al último encuentro entre el Celta y el Real Madrid, que se celebró en marzo de 2026. Acompañamos a varios de los equipos implicados para conocer cómo se planifica y ejecuta el operativo antes, durante y después del partido. El objetivo principal fue garantizar la seguridad de los aficionados, evitar altercados y coordinar la atención sanitaria y de emergencias. El despliegue se prolongó horas antes y después del pitido final para minimizar riesgos.
El operativo reunió a unos 350 agentes, según las fuentes consultadas, y combinó a miembros de diferentes fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado con la seguridad privada de ambos clubes. También participaron personal sanitario, equipos de emergencias y voluntarios de la asociación Vodea, vinculada a Protección Civil. La presencia de tantos efectivos responde a la consideración del encuentro como de «alto riesgo» dada la afluencia y el perfil de los desplazamientos.
Los preparativos se iniciaron varios días antes con reuniones operativas y análisis de inteligencia para detectar posibles focos de conflicto. Ese trabajo previo incluye planificar accesos, itinerarios de llegada y salida, puntos de socorro y contingencias para incidencias. La coordinación entre Policía Nacional, cuerpos locales, clubes y servicios privados es clave para que el operativo funcione sin solapamientos.
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Conoce más →Preparación y coordinación
En la jornada del partido, los responsables policiales habilitaron controles en los accesos principales al estadio y puntos de verificación en torno a los perímetros exteriores. Se establecieron filtros para el acceso de aficionados y se reforzaron los dispositivos de vigilancia en zonas de concentración previas al encuentro. La movilidad urbana y la gestión del tráfico se ajustaron para canalizar los flujos y evitar cuellos de botella que puedan derivar en incidentes.
Dentro del estadio, las tareas se centraron en la vigilancia de graderíos, coordinación con la seguridad privada de cada club y el mantenimiento de corredores de evacuación y asistencia. Los equipos de emergencias dispusieron puntos de intervención rápida ante cualquier lesión o indisposición. Los voluntarios de Vodea apoyaron en labores de orientación a los espectadores y en la colaboración con servicios sanitarios y de atención social.
La operación no se limitó al minuto 90: tras el final del partido se mantuvieron patrullas y controles para supervisar la salida de aficionados y prevenir episodios de confrontación entre hinchadas. La Policía articuló rutas seguras para los seguidores visitantes y protocolos para detectar grupos conflictivos que pudieran provocar altercados. Estas medidas se prolongan hasta que se considera que la situación vuelve a la normalidad.
Personal implicado y logística
Los equipos que acompañamos mostraron una estructura jerarquizada con responsables de área para tráfico, orden público y atención sanitaria. La comunicación entre unidades se realizaba a través de canales seguros y con coordinación directa con los mandos de seguridad de los clubes. Esta logística permite reaccionar con rapidez ante imprevistos y redistribuir recursos según la evolución de la afluencia.
Además de la seguridad, la planificación contempla aspectos prácticos como señalización de accesos, puntos de información y protocolos para personas vulnerables. La actuación conjunta con la seguridad privada evita duplicidades y potencia la respuesta ante situaciones de riesgo. La presencia policial visible también busca disuadir conductas violentas y asegurar que el espectáculo deportivo transcurra con normalidad.
La experiencia de acompañar a las distintas unidades pone de manifiesto la complejidad de estos dispositivos: implican numerosos actores, planificación detallada y flexibilidad operativa. Para las autoridades, la prioridad es combinar la protección del público con el respeto a la libre asistencia y el disfrute del evento. Los dispositivos, aunque costosos en recursos humanos y técnicos, se consideran imprescindibles en encuentros de alta convocatoria y perfil sensible.
En Balaídos, como en otros estadios, la normalidad del día a día tras el partido depende tanto de la eficacia del dispositivo como de la colaboración ciudadana. Llegar con antelación, respetar las indicaciones de acceso y evitar objetos prohibidos son recomendaciones que ayudan a reducir tensiones. Para la Policía, el objetivo es que la seguridad no reste a la experiencia deportiva, sino que la garantice.
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