Óliver Laxe acudió la noche del 15 de marzo de 2026 a la ceremonia de los Oscar en el Dolby Theatre de Los Ángeles con un pequeño pin de la bandera de Palestina en la solapa. El director gallego, cuya película Sirat aspira a obtener premios en esta edición, llegó sonriendo y visiblemente emocionado por la expectación alrededor de su cinta. Su gesto simbólico y su presencia en la alfombra roja han despertado interés mediático tanto por las candidaturas de la película como por la declaración pública de solidaridad. La velada, parte de la 98ª edición de los premios de la Academia, reunió a figuras internacionales del cine y a parte del equipo que acompaña a la película.
La elección de Laxe de llevar el pin se produce en un contexto marcado por la atención internacional sobre el conflicto en Oriente Medio y la ola de reacciones públicas en el mundo cultural. El gesto fue captado por las cámaras al caminar por la alfombra roja y se ha interpretado como una muestra de apoyo a las víctimas y a la necesidad de visibilizar el sufrimiento civil. Fuentes del equipo de la película señalaron que la intención era «hacer presente» ese dolor sin convertir la gala en un emplazamiento político agresivo.
Tras su llegada, Laxe atendió brevemente a los medios y reconoció la improbabilidad de un triunfo masivo, al tiempo que defendió la honestidad de su obra y su condición no académica. Su honestidad ante la prensa y el público ha destacado tanto como las posibilidades de Sirat en la carrera por las estatuillas. La película compite en varias categorías y, según las expectativas iniciales, podría lograr hasta dos premios, aunque la competencia es muy reñida.
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Conoce más →En la alfombra roja
La presencia de Laxe en la alfombra roja quedó acompañada por otras figuras destacadas de la noche, desde presentadores hasta actores y cineastas internacionales. Conan O’Brien volvió a ejercer como maestro de ceremonias, en una edición en la que la industria buscó recuperar el brillo y al mismo tiempo mantener espacio para discursos y gestos de contenido social. Entre los asistentes se encontraban celebridades como Demi Moore y otras estrellas que dominaron los focos durante la jornada.
Representantes del equipo de Sirat, así como autoridades culturales, se desplazaron a Los Ángeles para acompañar al director y al elenco. Entre ellos figuraban responsables políticos y colaboradores que han apoyado la proyección internacional del filme. La delegación gallega y española aprovechó la plataforma para dar visibilidad a la producción, su equipo y la singularidad de la propuesta cinematográfica.
Contexto, reacciones y significado
El gesto de Laxe ha provocado reacciones diversas en las redes y en el ámbito cultural. Para algunos, el pin representa una muestra legítima de empatía hacia población civil y un recordatorio de que las galas internacionales son también foros donde se pueden expresar mensajes de solidaridad. Otros han planteado debate sobre la conveniencia de mezclar activismo y momentáneamente festivo de una ceremonia de premios, algo que vuelve a evidenciar la tensión entre cultura y política pública en eventos de altísima visibilidad.
«Hay que sostener el dolor de todo el mundo»
El director complementó su postura con una reflexión sobre su manera de entender el cine y las expectativas ante la noche de premios.
«Mi cine no es académico, no vamos a ganar»
Las declaraciones, recogidas por varios medios, subrayan la combinación de modestia y convicción con la que Laxe ha afrontado la nominación. Su discurso remite a una práctica cinematográfica que busca la cercanía y la responsabilidad social más que la espectacularidad escolarizada.
En términos cinematográficos, Sirat ha sido valorada por su apuesta estética y por un lenguaje que conecta con audiencias internacionales, lo que explica su presencia entre las candidatas. La noche continuó con la entrega de premios técnicos y artísticos en una gala larga y llena de momentos emotivos, mientras la atención seguía puesta en las principales categorías.
Al cierre de la ceremonia, el balance sobre la actuación de Laxe y el alcance de su mensaje aún estaba por evaluarse: más allá de posibles estatuillas, la imagen del director con el pin ha quedado como uno de los signos de esta edición. En Galicia, la candidatura de Sirat y la visibilidad de su autor han reavivado el interés por el cine regional en circuitos internacionales.
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