La intentona de la semana pasada por parte de una productora que rodaba en Celanova para borrar una pintada situada en la fachada del monasterio reavivó la historia de un grafiti que forma parte de la memoria local desde 1933. La inscripción recuerda la cabecera del periódico juvenil Adiante, ligado a las Mocedades Galeguistas, y la actuación provocó que un elemento hasta ahora ignorado ganara visibilidad pública. Ocurrió en la iglesia-convento de Celanova y la polémica ha abierto el debate sobre su conservación y el modo de contextualizarlo para evitar futuros incidentes.
El episodio no fue un mero acto de vandalismo: la productora intentó eliminar la inscripción y, al no hacerlo con criterio, acabó subrayando su presencia ante la curiosidad de los vecinos y visitantes. Algunas pintadas de la villa han sido borradas a lo largo de los años; otras, como esta, permanecen y han adquirido, por la aceptación social, la condición de memoria local. Ahora la pregunta es si se debe proteger oficialmente o instalar una explicación histórica para que se conozca su significado.
La marca en la piedra remite a un tiempo de intensa agitación política: la España de principios de los años treinta. La pintada reproduce la cabecera de un órgano fundado por jóvenes de la localidad que buscaban una voz propia para la Galiza de entonces, y que resistió, en términos simbólicos, décadas de cambios políticos y sociales.
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Conoce más →Origen: una voz juvenil en 1933
En enero de 1933, en plena efervescencia de las juventudes nacionalistas, se constituyó en Celanova una célula de Mocedades que llegó a contar con cerca de 90 afiliados en pocos meses. Entre sus impulsores estaban Celso Emilio Ferreiro y Pepe Velo, que pronto alcanzaron relevancia en la organización a nivel gallego.
Ese grupo puso en marcha un periódico titulado «Adiante», cuya primera edición salió el 5 de enero de 1933 y tenía su redacción en la calle Curros Enríquez, número 3. El proyecto pretendía movilizar a la juventud en favor de una Galicia más libre y creativa, y utilizó la portada para lanzar un llamamiento directo al compromiso cívico y cultural.
«Adiante sale en estos instantes críticos para ayudar a transformar la nuestra Galicia empequeñecida y oprimida… Hermanos, los tiempos han llegado.»
La portada incorporaba además el poema «Os Mozos» de Curros Enríquez como declaración de intenciones, invitando a la juventud a tomar parte activa en la vida pública y cultural de la región. Ese lenguaje combativo dejó huella en la plaza y en las calles, y la cabecera pintada en la piedra se convirtió en un rastro de aquella etapa.
Resistencia y aceptación: casi un siglo en la fachada
La inscripción ha sobrevivido a tres años de República, el golpe de Estado, la guerra civil, cuarenta años de dictadura y las décadas de democracia posteriores. Su permanencia no se explica tanto por protección administrativa como por una aceptación tácita de la comunidad, que dejó pasar los años sin exigir su limpieza.
Ese silencio administrativo plantea preguntas sobre las convergencias sociales que impidieron su retirada: autoridades locales, eclesiásticas o representantes del orden pudieron optar por no intervenir, ya sea por respeto, negligencia o por compartir simpatías ideológicas en distintos momentos históricos.
El caso reciente demuestra que la falta de información puede provocar actos contraproducentes. En lugar de desaparecer, la pintada consiguió ampliar su visibilidad y puso de manifiesto la necesidad de ofrecer un marco explicativo que aclare su origen y significado en el contexto local.
Responsables municipales y especialistas en patrimonio consultados recuerdan que la mejor respuesta pasa por la contextualización: una placa informativa, inclusión en inventarios locales o un expediente de conservación que mantenga la inscripción como testigo de la historia. También advierten de que cualquier intervención de limpieza debe realizarse con criterios técnicos y previa valoración histórica.
Mientras tanto, la pintada de Celanova sigue siendo un ejemplo de cómo signos modestos en la vía pública pueden convertirse, a fuerza de convivencia y silencio, en elementos del patrimonio intangible de una comunidad. La discusión que ha abierto el intento de borrado ofrece una oportunidad para recuperar la memoria y explicarla a las generaciones presentes.
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