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El último baile de los zapateros remendones ourensanos

El último baile de los zapateros remendones ourensanos

En Ourense, a 16 de marzo de 2026, los talleres de reparación de calzado afrontan un declive que amenaza su pervivencia: apenas quedan 9 zapaterías dedicadas al remiendo, frente a una oferta de venta de calzado que supera los 50 establecimientos. La conjunción de una clientela envejecida y la cultura del «usar y tirar» impuesta por el fast fashion explican por qué este oficio, que hace décadas formaba parte del entramado comercial de la ciudad, se reduce a mínimos.

Los sondeos a pie de calle indican que el 85% de la clientela de estos talleres tiene más de 65 años, un patrón que refleja la persistencia de hábitos de consumo basados en la durabilidad. A medida que esa cohorte envejece y se reduce, el mercado potencial de reparaciones se contrae y la actividad pierde sentido económico.

La caída de la demanda también está ligada al precio: muchas reparaciones tienen un coste similar al de un zapato barato nuevo, lo que disuade a consumidores más jóvenes. Además, los encargos se concentran en calzado femenino, que tiende a necesitar más arreglos por su diseño y materiales. Los propietarios hablan de una disminución notable de trabajo en verano y de cambios en los hábitos de compra.

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Un oficio que se encoge

Antonio Blanco, propietario del taller A Bota en las Galerías Viacambre (número 9), resume la situación con datos y observación diaria: la clientela es mayoritariamente femenina y los encargos declinan con el calor estival. Su local, que lleva años atendiendo a generaciones de ourensanos, ahora busca alternativas para mantener la rentabilidad.

«Quienes mantienen el negocio son prácticamente las señoras, yo diría que un 85%, estimando por observación que la media debe tener más de 60 años. Vienen por lo general a cambiar alguna suela o chapa de zapato antiguo. Y esto viene en juego con que el zapato de señora suele durar mucho menos, al ser más fino se deterioran con mayor facilidad. Zapatos de caballeros son muy pocos los encargos que suelo recibir, y de forma general resalto el hecho de que esto en verano baja mucho, sobre un 70%.»

Otro veterano del sector, Juan Manuel Somastre, con un establecimiento en la Rúa Xosé Ramón Fernández Oxea desde hace cuatro décadas, advierte que la profesión podría desaparecer en una o dos generaciones si no cambian las tendencias de consumo.

«El oficio está desapareciendo. Pues a la vuelta de, creo yo, ocho, diez años como mucho, no va a quedar nadie. Es una situación muy complicada porque un par de zapatos que cueste 20 o 30 euros, más o menos eso cuesta una reparación, y justo ese es el punto crítico que atraviesa ese tipo de negocio, porque es una cuestión lógica, nadie va a reparar un par de zapatos por casi lo mismo que le costó.»

Presiones económicas y vías de supervivencia

El avance del modelo del fast fashion y la deslocalización de la producción han inundado el mercado con calzado barato y difícilmente reparable, hecho que reduce la demanda de servicios de arreglos. La simplificación de materiales y la caída de los precios convierten muchas intervenciones en económicamente inviables.

Ante esto, los zapateros ourensanos intentan diversificar. Algunos amplían servicios —reparación de mochilas, carteras, cinturones y trabajos de marroquinería— para compensar la pérdida de encargos en calzado. Otros combinan la actividad con la venta de productos relacionados o encargos a medida para clientes concretos.

Los talleres también señalan la falta de relevo generacional. La formación artesanal en reparación de calzado ha perdido atractivo frente a salidas profesionales con mayor proyección económica, y las administraciones locales rara vez han impulsado programas de apoyo específicos para oficios tradicionales.

Expertos en economía local señalan que la supervivencia de estos negocios podría depender de políticas públicas y campañas para recuperar la cultura de reparar. Incentivos fiscales, talleres formativos y campañas de concienciación sobre consumo sostenible son medidas proponibles para frenar la erosión de un oficio con décadas de historia en la ciudad.

Mientras tanto, en las calles de Ourense los remendones siguen trabajando con paciencia, tratando de alargar la vida de los zapatos que aún quieren ser heredados. Su futuro, sin embargo, queda subordinado a una transformación más amplia en los hábitos de compra y en el valor asignado a la reparación frente a la reposición.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.