En un artículo publicado el 17 de marzo de 2026 en La Región, el profesor José Ángel Vázquez Barquero sostiene que la reordenación internacional reciente revalora los recursos termales como instrumentos geoestratégicos. Según el autor, la competencia por rutas, mercados y materias primas sitúa a las surgencias termales —tanto por su potencial sanitario como energético— en el mapa de intereses estatales y privados. El argumento se inserta en un análisis histórico que recorre desde la Roma antigua hasta los procesos coloniales y las políticas públicas europeas del siglo XIX.
El texto denuncia que la era de consensos multilaterales abierta tras la II Guerra Mundial ha perdido vigor y que ahora predominan los intereses particulares. Frente a esa fragmentación, los espacios termales emergen como enclaves susceptibles de control político, económico y cultural. La reflexión enlaza pasado y presente para mostrar cómo el aprovechamiento de las aguas ha servido tradicionalmente para consolidar poder y proyectar modelos de civilización.
Vázquez Barquero recuerda que no se trata de una novedad: la instrumentalización de los manantiales tiene raíces profundas. Desde la ocupación romana hasta las estrategias coloniales modernas, las aguas termales han funcionado como nodos de integración territorial y social. Esa continuidad histórica aporta claves para entender la pujanza actual del recurso en clave geoestratégica.
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Conoce más →Herencia romana y colonial
Las legiones romanas no solo conquistaban territorios, sino que también reorganizaban su aprovechamiento económico y cultural; las termas fueron elementos centrales de ese proceso. Los baños se integraron en redes viarias y urbanísticas que difundían costumbres, servicios y una lógica administrativa común. Por tanto, las surgencias termales fueron utilizadas como palancas de romanización y control social.
En una fase posterior, los imperios coloniales replicaron ese modelo en ultramar, incorporando las fuentes termales a una agenda de salud pública y prestigio cultural. Ejemplos europeos muestran cómo ciertas ciudades termales llegaron a ser espacios de reafirmación identitaria y de readaptación de élites tras períodos en las colonias. El caso de Vichy ilustra la doble función sanitaria y simbólica que pueden adquirir estas estaciones.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, el Estado se implicó con fuerza en el desarrollo termal europeo. Francia y Alemania promovieron inversiones públicas que transformaron estaciones en centros turísticos y sanitarios de primer orden. La rivalidad entre potencias impulsó planes urbanísticos y servicios que consolidaron el papel estratégico de esas localidades.
De las termas al tablero geoestratégico actual
En el presente, la lógica estratégica se ha desplazado pero mantiene el mismo núcleo: controlar recursos y nodos de influencia. Las aguas termales combinan valor sanitario, patrimonial y, cada vez más, energético, lo que las convierte en activos atractivos para inversores y administraciones. En un entorno global donde las rutas y los suministros están en disputa, controlar manantiales puede suponer ventajas económicas y políticas locales y regionales.
Esta revalorización es particularmente relevante para Galicia y, en especial, para la provincia de Ourense, que atesora un patrimonio termal notable. El potencial turístico y terapéutico de estas localidades representa una oportunidad de desarrollo, pero también un foco donde pueden converger intereses públicos y privados con alcance internacional. La gestión de esos recursos exigirá decisiones estratégicas sobre uso, protección y modelo de explotación.
Los riesgos son claros: la privatización desordenada, la presión urbanística y la degradación ambiental pueden desvirtuar el valor social de las termas. Además, la entrada de capitales extranjeros o de grandes grupos empresariales plantea dilemas sobre soberanía y control territorial. Sin una política pública coherente, el beneficio podría concentrarse en actores externos y perderse el interés comunitario.
Propuestas y retos para la política pública
La lectura de Vázquez Barquero impulsa la necesidad de políticas integradas que combinen protección del patrimonio, planificación territorial y promoción económica sostenible. Es imprescindible que las administraciones locales y autonómicas actúen con visión estratégica para preservar el uso público y sanitario de las aguas. La inversión en infraestructuras, investigación y formación sanitaria debe acompañar cualquier proyecto de desarrollo.
Asimismo, el aprovechamiento geotérmico y la diversificación de la oferta turística y de salud pueden ser palancas de futuro si se gestionan con criterios ambientales y sociales. La cooperación transfronteriza y los marcos normativos europeos pueden ofrecer herramientas para equilibrar intereses y evitar la explotación extractiva. El reto es conjugar rentabilidad con bienestar colectivo.
En definitiva, el renovado interés geopolítico por los recursos termales obliga a plantear el debate público con urgencia. Galician Universal advierte que la provincia de Ourense tiene ante sí una oportunidad estratégica que, bien gestionada, puede generar empleo, protección patrimonial y resiliencia energética; mal gestionada, puede convertirse en un objetivo más de la competencia por recursos en un mundo cada vez más fragmentado.
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