Una carta al director firmada por Pedro Marín Usón y publicada el 17 de marzo de 2026 en La Región de Ourense denuncia el desfase entre las competencias que exige el mercado laboral y la formación que reciben los jóvenes. El autor parte de los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística, que sitúa el paro general en España en 10% por primera vez en 17 años, mientras que el desempleo juvenil (16-24 años) se mantiene en torno al 23,5%.
Marín advierte de que, aunque la economía registra mejoras globales, los jóvenes se encuentran en una situación dual: el mercado laboral se digitaliza y exige nuevas habilidades, pero el sistema educativo y las políticas públicas siguen anclados en modelos de vieja escuela. La carta señala que esta discrepancia provoca que muchas incorporaciones al empleo sean precarias y desajustadas respecto a la cualificación real de los trabajadores.
El autor recuerda que existen planes de digitalización a varios niveles —como el marco europeo 2021-2027 o la reforma reciente de la Formación Profesional— pero critica su ejecución. A su juicio, la implantación de esos programas es desordenada y desigual, con aulas sin infraestructuras, profesorado sin la formación necesaria y acceso limitado a dispositivos y conectividad en entornos desfavorecidos.
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Conoce más →Brecha entre competencias y mercado
La carta pone el foco en la sobrecualificación: señala que aproximadamente un tercio de los menores de 25 años ocupan puestos que no requieren el nivel de formación que poseen. Esa sobrecualificación convive con altos niveles de temporalidad y retribuciones bajas, lo que, según el autor, perpetúa la precariedad juvenil pese a la aparente recuperación del empleo en términos agregados.
Los datos de la EPA muestran una realidad de contrastes: mientras la tasa de paro global baja a niveles no vistos en casi dos décadas, el colectivo joven sigue con cifras de exclusión laboral muy superiores a la media. Esto evidencia un problema estructural que no se resuelve solo con crecimiento del empleo, sino con políticas de calidad y ajuste entre oferta formativa y demanda empresarial.
En su misiva, Marín critica medidas simbólicas como la prohibición del móvil en el aula si no se acompasan de iniciativas que enseñen a usar esas herramientas como recursos didácticos y profesionales. Para el autor, esa actitud refleja «un sistema caduco que prioriza el control sobre la innovación».
«Cuando se descubrió América, se la denominó el Nuevo Mundo. Ahora lo replicamos con la situación de los jóvenes, en espera de que en algún momento se unan en uno solo.»
Políticas públicas y responsabilidades
La carta acusa a la clase política de relegar la cuestión juvenil a un segundo plano: retrasos en el cumplimiento de objetivos europeos de inserción, inversión insuficiente en políticas activas de empleo y la persistencia de un desajuste formación-empleo. Para el remitente, esas carencias configuran un escenario en el que muchos jóvenes quedan atrapados entre la urgencia de aprender competencias digitales y la lentitud de las reformas educativas y laborales.
Fuentes oficiales recuerdan que los planes para digitalizar la educación y modernizar la FP incluyen líneas de financiación y objetivos concretos, pero los retos de implantación son reales y requieren coordinación entre administraciones. Expertos en empleo y educación consultados habitualmente insisten en combinar inversión en infraestructuras, formación del profesorado y programas de orientación profesional desde edades tempranas.
La carta concluye con una advertencia y un llamado a la acción: si el futuro depende de generaciones capaces de liderar la transformación digital, urge impulsar políticas coherentes que integren formación, empleo digno y herramientas tecnológicas accesibles para todos. Sin ello, la mejora estadística del desempleo general puede seguir ocultando la vulnerabilidad persistente de la juventud española.
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