Responsables de las principales compañías aéreas europeas han intentado transmitir hoy cierta calma desde Bruselas: si la escalada bélica que afecta al golfo Pérsico se prolonga apenas «uno o dos meses», no anticipan una escasez de combustible que ponga en riesgo las operaciones regulares. La advertencia llega en un momento de nerviosismo en los mercados y tras una serie de cambios inmediatos en rutas intercontinentales que ya han encarecido billetes y alterado frecuencias.
Efectos inmediatos: rutas alteradas y precios al alza
En una conferencia sectorial organizada por Airlines for Europe (A4E), el consejero delegado de Ryanair, Michael O’Leary, resumió la postura de la industria: si el conflicto se contiene en cuatro a seis semanas —la expresión que usó habitualmente los ejecutivos se sitúa en «uno o dos meses»— las disrupciones no serían generalizadas. «Si dura un mes o dos… no esperamos grandes disrupciones», señaló, con una apuesta clara por que la situación se estabilice a corto plazo.
«Si dura un mes o dos que es la expectativa general, no esperamos grandes disrupciones» — Michael O’Leary
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Las aerolíneas han empezado ya a rediseñar trayectos. Varias compañías asiáticas que tradicionalmente cruzaban el Golfo Pérsico y realizaban escalas en Dubái o Doha han cancelado esas conexiones y optado por rutas más septentrionales: sobrevuelan ahora Asia Central (Uzbekistán, Kazajistán, Turkmenistán), el sur de los Urales y países del Cáucaso para llegar a Europa o América. Ese desvío ha provocado congestión en corredores alternativos y un incremento notable de los precios. Rutas populares entre Asia y Europa, que normalmente cotizaban entre 300 y 600 dólares, se han disparado por encima del millar de dólares y en algunos casos superan los 2.000 dólares según registros de plataformas de venta de billetes.
El impacto también se ha notado en las bolsas. Las acciones de grandes grupos europeos, como International Airlines Group (IAG) o Lufthansa, han llegado a caer entre un 15% y un 20% desde el inicio de la crisis, reflejo del nerviosismo inversor ante el aumento de costes y la incertidumbre sobre la duración del conflicto.
Antecedentes y por qué importa el estrecho de Ormuz
No es la primera vez en los últimos años que se prueba la fragilidad de las rutas energéticas y de transporte aéreo por tensiones geopolíticas. El estrecho de Ormuz es una vía estratégica por la que transita una parte sustancial del petróleo mundial; cualquier interrupción o temor a ella dispara inmediatamente los precios del crudo y, por ende, del queroseno, el combustible de aviación. Asia, por su mayor dependencia de ese flujo, es la región que más está sufriendo el encarecimiento.
Además, la geografía aérea ha cambiado desde 2022: las sanciones y la reorganización del tráfico en torno a la guerra de Ucrania ya forzaron a muchas aerolíneas a buscar nuevos corredores. Ahora, con el cierre de parte del espacio aéreo en el Golfo Pérsico y el temor a incidentes en rutas tradicionales, las compañías están repitiendo maniobras de adaptación que encarecen costes operativos y alargan tiempos de vuelo.
En Europa, determinados destinos se han visto beneficiados por el reajuste de trayectos. Según responsables del sector consultados en Bruselas, países como España, Italia o Grecia están captando flujos que antes pasaban por mercados del golfo, mientras que fuera del mercado único, naciones como Albania o Marruecos también han notado mayores arribos. En Galicia, con el aeropuerto de Santiago-Rosalía de Castro en Lavacolla como ejemplo, los cambios podrían traducirse en movimientos puntuales de tráfico en temporada alta —Semana Santa y verano— aunque por ahora no hay señales de interrupciones en suministros de carburante para las terminales locales.
Riesgos y próximos pasos: qué podría cambiar si el conflicto se prolonga
Las advertencias no son sólo retóricas. El máximo responsable de otra gran compañía, Kenton Jarvis, coincidió en que «por el momento no vemos problemas, pero dependerá de cuánto dure». Más contundente fue la reflexión del consejero delegado de Lufthansa, Carsten Spohr, al recordar que si las aerolíneas llegaran a quedarse sin combustible las consecuencias se extenderían mucho más allá del transporte aéreo: fábricas, cadenas de suministro y el comercio internacional se verían implicados.
«Si las aerolíneas se quedan sin combustible, habrá otros muchos sectores de la economía que se queden sin combustible» — Carsten Spohr
En la práctica, los próximos pasos pasan por dos frentes. Por un lado, las compañías intensifican su política de coberturas (hedging) y ejercicios de planificación de ruta para minimizar costes; por otro, los reguladores y gobiernos evalúan medidas para garantizar la seguridad del suministro energético y la fluidez del tráfico aéreo. A falta de cualquier medida internacional coordinada, las aerolíneas seguirán pagando más por trayectos más largos y gestionando plazas reducidas en corredores alternativos, lo que se traducirá en billetes más caros para el pasajero medio y en mayores costes de transporte para mercancías.
Desde Galicia, donde el turismo y la conexión aérea con Europa son palancas económicas clave, el mensaje es de vigilancia. No es la primera vez que un conflicto lejano provoca efectos inmediatos en aeropuertos como Lavacolla, Alvedro o Vigo; la experiencia de los últimos años obliga a prepararse para escenarios cambiantes. Si la crisis se contiene en el plazo que manejan los ejecutivos —cuatro a seis semanas o un par de meses— el ajuste será incómodo pero gestionable. Si se alarga, la factura será más pesada y los efectos más amplios.
El mercado, mientras tanto, seguirá marcando la agenda. Los directivos reunidos en Bruselas han preferido lanzar un mensaje de prudente optimismo: que la industria está preparada para un pico de unas semanas, pero no para una guerra prolongada. Para Galicia, como para el resto de España y Europa, la lección vuelve a ser la misma de siempre: en una economía globalizada, las tensiones en un punto estratégico del mapa pueden sentirse muy cerca, en la marquesina de un aeropuerto o en la tarifa de un billete. Seguiremos informando a medida que se confirme la duración del conflicto y las medidas de respuesta de las aerolíneas y los gobiernos.
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