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La nota no llega: cómo muchos jóvenes gallegos reescriben el acceso a la carrera soñada

Cuando caen las calificaciones de la ABAU y la plaza en la carrera anhelada se escapa por unas décimas, la sensación para muchos alumnos es de catástrofe. Sin embargo, en Vigo, Santiago y otros campus gallegos empiezan a verse trayectorias menos lineales: ciclos de Formación Profesional, estancias en universidades europeas o repetir asignaturas específicas. Dos historias recientes —la de Candela Domínguez y la de Ana Miraz— ilustran que no siempre existe una única puerta de entrada y que, a veces, la segunda oportunidad llega de forma inesperada.

De la angustia al laboratorio: el recorrido de Candela

Durante el último curso de Bachillerato, Candela no dormía bien. La estudiante del IES Alexandre Bóveda en Vigo escribió meses de estudio hasta sumar jornadas maratonianas: «llegué a pasar 12 horas en la biblioteca», recuerda. Con un expediente notable —buenas notas en la ESO y en Bachillerato— su objetivo estaba claro desde la adolescencia: Medicina. Pero la realidad de las notas de corte jugó en su contra.

Cuando supo su calificación de la convocatoria quedó por debajo del umbral que necesitaba. «Se me vino el mundo abajo», llegó a decir. El suspenso simbólico no fue un suspenso académico, sino un bloqueo emocional: con alrededor de 12 puntos en la ABAU —una nota que en muchos contextos sería magnífica— se quedó a unas décimas del acceso; necesitaba un 12,6 para la plaza que pretendía. Los primeros días fueron de desconcierto y ansiedad: «la primera semana fue un drama; lloraba todo el rato», cuenta.

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«Se me vino el mundo abajo. Tuve ataques de ansiedad porque veía que no era capaz»

No optó por la opción económica de una privada ni por aceptar sin reflexión otra carrera sanitaria. Decidió formarse de forma distinta: un ciclo superior de Formación Profesional en Anatomía Patológica y Citodiagnóstico, cursado en el Colegio Aloya de Vigo. Fueron dos años con prácticas, incluida una estancia en un pequeño laboratorio de Italia, que cambiaron su perspectiva profesional.

El resultado académico y personal fue sorprendente: cerró el ciclo con una media de 9,55, adquirió experiencia en laboratorio y, lo más importante, recuperó la confianza. Volvió a presentarse a las asignaturas específicas de la ABAU con otra cabeza y, esta vez, logró la nota deseada. Hoy, con 21 años, cursa segundo de Medicina en la Universidade de Santiago de Compostela. Su voz refleja alivio y cierto asombro: «no es la misma Candela de antes; la etapa de FP me dio herramientas y me hizo madurar la vocación».

Irse fuera para volver con opciones: la experiencia de Ana

La historia de Ana Miraz es otra vía frecuente entre quienes no consiguen plaza en los grados con mayor demanda. Incapaz de entrar en el sistema español en su primera tentativa, Ana eligió estudiar fuera: cursó asignaturas en universidades de Polonia y Eslovaquia, sistemas donde la oferta y los requisitos de entrada difieren de los españoles. La experiencia le permitió continuar formándose, ganar fluidez académica en otro idioma y, lo más relevante, acumular créditos que luego convalidó.

El marco europeo —el llamado Espacio Europeo de Educación Superior— facilita ese tránsito: convalidar asignaturas, trasladar expedientes y pedir traslados entre instituciones es una ruta que muchos jóvenes desconocen hasta que la viven. Ana regresó con una mochila de créditos y, tras negociar con los servicios de admisión, pudo incorporarse a un grado afín en España sin empezar desde cero. Su reflexión es breve y práctica: «no se acaba el mundo; hay formas distintas de llegar».

«No se acaba el mundo»

Alternativas y raíces: por qué la universidad ya no es una única puerta

Que existan historias no convierte la dificultad en algo trivial. Las notas de corte para títulos como Medicina, dobles grados de Matemáticas, determinadas ingenierías o Física se mantienen muy altas, y la presión se concentra en unos días decisivos para la vida académica. Aun así, el mapa de acceso es más complejo que antes. La FP aparece como una vía de especialización práctica cada vez más reconocida; las universidades públicas ofrecen mecanismos de transferencia y reconocimiento de créditos; y la movilidad internacional se ha convertido en una vía legítima para no interrumpir un itinerario formativo.

En Galicia, los campus han visto multiplicarse perfiles no lineales: estudiantes que pasan por ciclos formativos antes de la universidad, jóvenes que retoman la matrícula después de trabajar y quienes traen experiencias de centros extranjeros. Estas trayectorias reflejan también cambios sociales: retraso en la elección profesional, mayor información sobre itinerarios alternativos y, en algunos casos, una maduración personal que solo aporta perspectiva después del primer golpe.

La salud mental aparece como un reto paralelo. Exámenes decisivos que condicionan trayectorias enteras generan estrés que los centros educativos y las familias gestionan con desigual eficacia. En el terreno público y político, propuestas para orientar mejor a los alumnos en Bachillerato y ofrecer información práctica sobre rutas alternativas —desde la FP hasta la convalidación europea— son reclamadas por orientadores y familias.

Consecuencias y porvenir: cómo afrontar las próximas convocatorias

La lección que dejan Candela y Ana no es meramente anécdota: su experiencia apunta a medidas concretas. Tanto institutos como universidades deberían reforzar la orientación hacia itinerarios diversos y normalizar la posibilidad de que la trayectoria no sea lineal. Los padres y docentes, por su parte, pueden ayudar a que un suspenso por décimas no se traduzca en una crisis irreparable. A nivel institucional, mejorar la comunicación sobre programas de convalidación y transferencias —y facilitar becas o apoyo para quienes optan por estudiar fuera temporalmente— sería una respuesta práctica.

Al fin y al cabo, el relato dominante de la carrera única y la nota perfecta está perdiendo vigencia. No porque el acceso sea menos competitivo, sino porque hay más puertas, a veces menos visibles: la Formación Profesional, las universidades extranjeras, los traslados y las repescas académicas. Para muchos jóvenes gallegos eso ha supuesto convertir un revés en aprendizaje. Como resume una de las protagonistas: tras el golpe inicial, aprendió a mirar la universidad como un recorrido posible, no como un destino inamovible.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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