Vigo — Un icono de la transición energética gallega toca a su fin físico pero no simbólico. Este viernes la plataforma prototipo Atir, diseñada por Magallanes Renovables y con nueve años de trayectoria, efectuó su último viaje hasta las gradas de Industrias Navales A Xunqueira (INAX), en Moaña, donde arrancará su desguace. La operación pone punto final a una etapa de ensayos que incluyó invernadas en la ría viguesa y un histórico paso por el banco de pruebas del Centro Europeo de Energía Marina en las Orcadas.
El traslado y el inicio del desmantelamiento
La maniobra de remolque comenzó alrededor de las 14.00 horas con la colaboración del equipo del puerto, remolcadores y prácticos. El barco de apoyo Fénix Vigo, de la compañía marítima Northcom Diving, asistió en las operaciones de enganche. Ya en el astillero, y con la plataforma escorada para evitar que el mástil sumergido toque el fondo, quedó amarrada a la espera de la pleamar que permita sacarla del agua y comenzar los trabajos en seco.
La supervisión de obra corre a cargo de la auxiliar Navaleva, mientras que el despiece y la gestión del acero han sido encargados a Xunqueira, astillero con amplia experiencia en reparaciones y bloques para la industria naval local. Durante las últimas semanas Magallanes realizó un vaciado paulatino de equipos —componentes susceptibles de ser reutilizados en futuros proyectos— y preparó la estructura para su transporte final a las instalaciones del astillero en O Morrazo.
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Conoce más →En palabras de la propia compañía: «Cumplido el objetivo, el sistema volvió a ser remolcado a lo largo de la fachada atlántica, pero en este caso en el sentido inverso: la Atir regresó a su lugar de nacimiento, la ciudad olívica, para su último descanso». El adiós físico, no obstante, llega con intención práctica: piezas y aprendizajes servirán para la siguiente generación de plataformas.
De Vigo a las Orcadas: nueve años de pruebas y aprendizajes
La Atir nació en 2017 en los muelles de Vigo, ensamblada por Ganaín y presentada como un «molino invertido» capaz de aprovechar las corrientes marinas. Su montaje en vertical dejó imágenes imponentes en la ría, que atrajeron la atención de la ciudad y del sector técnico. Tras las primeras pruebas costeras, el prototipo viajó hasta el norte de Escocia, donde en 2019 comenzó a verter electricidad en la red británica desde las instalaciones del EMEC.
Allí, en las frías aguas de las Orcadas, la Atir superó una batería de pruebas exigentes que validaron el concepto y aportaron datos operativos valiosos para el desarrollo mareomotriz. Fue la primera infraestructura de este tipo ensamblada en Galicia que logró exportar energía a una red nacional, un hito que colocó al tejido industrial gallego en el mapa del sector renovable europeo. Con esos resultados, la compañía dio el paso de traer nuevamente la plataforma a la ría para recuperar equipos y cerrar el ciclo del prototipo.
Una muerte y una promesa: el relevo hacia la Atir 2.0
El desguace no es únicamente un fin, sino también una inversión en el futuro. Magallanes ha venido trabajando en la versión comercial, bautizada como Atir 2.0, para la que ha vuelto a contar con Ganaín como astillero constructor, junto a socios como Coterena, Seaplace y D3 Applied Technologies. El nuevo diseño incrementará las dimensiones hasta 55 metros de eslora —frente a los 45 metros de la Atir original—, con una manga de 7 metros y una profundidad de 16 metros.
Ese salto de escala responde a la necesidad de convertir la tecnología probada en un dispositivo comercialmente viable, capaz de ofrecer mayor potencia y menores costes unitarios. La experiencia acumulada por la Atir en condiciones reales y las piezas recuperadas componen una base técnica y económica esencial para avanzar en su industrialización. Además, el retorno de componentes a la economía circular local —acero, sistemas mecánicos y electrónicos— aliviará parcialmente el coste de partida del proyecto comercial.
Sin embargo, el camino no está exento de desafíos. El sector mareomotriz europeo encara todavía barreras financieras, regulatorias y logísticas: altos costes de instalación y mantenimiento en entornos marinos agresivos, la complejidad de permisos y la necesidad de integrar estos sistemas en redes insulares o costeras con requisitos específicos. Galicia, con su tradición naval y red de astilleros, tiene ventaja competitiva pero también debe consolidar cadenas de suministro y financiación a escala industrial.
En el plano local, la operación en Xunqueira pone foco en la reconversión de astilleros del área viguesa, que en los últimos años han ido modulando su actividad hacia reparaciones, desguaces y trabajos especializados. El astillero Xunqueira, inmerso en un proceso de venta en los últimos tiempos, suma así un encargo que dinamiza la economía del Morrazo y permite mantener empleo técnico relacionado con las energías marinas.
Mirando hacia delante, la historia de la Atir puede leerse como la de un prototipo que cumplió su cometido: validar una tecnología y catalizar una cadena industrial. La atención ahora se traslada a si la Atir 2.0 llegará a buen puerto comercial y si Galicia logrará convertir la experiencia científica y marítima en una industria exportable y sostenida. Para la ciudadanía de Vigo y los puertos de la ría, el desmontaje tiene una dimensión emocional —la visión de aquella estructura en vertical no volverá— y, a la vez, la promesa de que los conocimientos recogidos no se pierdan sino que se traduzcan en nuevos empleos y en energía limpia producida desde su costa.
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