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La declaración del expropietario enreda aún más la investigación del pozo de O Porriño

O Porriño — La instrucción sobre la muerte a golpes de Carlos Alberto Videira, cuyo cadáver apareció en un pozo en 2021, ha sufrido un nuevo y significativo vuelco después de que el exdueño de la finca donde se halló el cuerpo prestase declaración ante el juez instructor. Su versión cuestiona uno de los argumentos en los que se basó la Fiscalía para solicitar el archivo del caso, postura que ya fue matizada por la Audiencia Provincial de Pontevedra y que ahora vuelve a ponerse en duda, obligando a la reapertura de líneas de investigación pendientes.

Una comparecencia que añade más interrogantes

La declaración del expropietario, tomada en los últimos días, no aportó la claridad que esperaban ni la defensa ni la acusación particular. Al contrario: según fuentes próximas al procedimiento, su relato introduce discrepancias sobre la cronología de accesos al solar y sobre los trabajos que se realizaron en la parcela antes del hallazgo. Esas diferencias afectan a la reconstrucción básica de los hechos y complican la valoración de cuándo pudo producirse la muerte.

Fuentes judiciales señalan que el testimonio entra en conflicto con al menos uno de los motivos que la Fiscalía alegó para pedir el cierre de la causa —insuficiencia probatoria en algunos aspectos clave— y que ya había sido cuestionado por la Audiencia. En la práctica, la declaración ha obligado al instructor a ordenar diligencias complementarias: nuevos peritajes forenses, revisión de la cadena de custodia de las pruebas y la posible citación de testigos que hasta ahora habían pasado desapercibidos.

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«Su versión genera más dudas que certezas y obliga a completar pruebas técnicas que hasta ahora no se habían solicitado», reconocen fuentes próximas al juzgado.

Hay que recordar que el hallazgo del cadáver fue casual: operarios que accedieron al terreno para realizar trabajos localizaron el cuerpo en el pozo, lo que condicionó desde el primer momento las posibilidades de recuperación de indicios. La víctima presentaba signos de violencia contundente, pero la degradación y las condiciones del emplazamiento truncaron ciertas líneas de investigación físicas habituales en este tipo de procedimientos.

El caso, entre la prudencia judicial y la presión social

En O Porriño y su comarca —zona industrial y de paso entre Vigo y el interior de Pontevedra— el caso no solo despertó conmoción sino también debate sobre la capacidad de las autoridades para resolver crímenes complejos en entornos rurales. La petición de archivo formulada por la Fiscalía meses atrás había encendido las alarmas en la familia y en parte de la sociedad local; la Audiencia ya apuntó entonces que existían indicios que merecían una exploración más profunda, y la reciente declaración del expropietario refuerza esa tesis.

El contexto local aporta matices que un análisis frío no recoge: O Porriño es un municipio con vínculos estrechos al tejido industrial y con una geografía de fincas y solares que cambia de manos con frecuencia. Esos movimientos registrales, junto a la existencia de obras y accesos temporales, complican la investigación sobre quién pudo entrar en la parcela y en qué condiciones. Por eso, fuentes judiciales barajan ahora la necesidad de verificar contratos de obra, entradas y salidas registradas y, si procede, imágenes de cámaras cercanas que pudieran aportar una pista.

La familia de Carlos Alberto Videira se ha mostrado desde el inicio firme en su demanda de no cerrar la investigación sin agotar todas las vías. Su posición ha sido un vector constante de presión y ha contribuido a que la Audiencia mantuviera el expediente abierto a pesar de la petición fiscal. A la espera de nuevas diligencias, la sensación entre los allegados es de frustración y de desasosiego: piden respuestas y temen que la causa acabe archivada sin esclarecer la autoría.

Qué investigaciones quedan por delante y posibles escenarios

Tras la comparecencia del expropietario, lo más probable es que el instructor acuerde la práctica de más pruebas periciales. En el plano forense, se demandarán ampliaciones toxicológicas, análisis de microtrazas en la ropa y en el entorno del pozo, y revisiones de los restos óseos que puedan aportar precisión cronológica. También es factible solicitar nuevas diligencias policiales para reconstruir la dinámica de la parcela en los meses anteriores al hallazgo.

En el ámbito procesal existen varias salidas: si las nuevas diligencias aportan indicios suficientes, podrían dirigirse a la imputación de personas concretas y, en su caso, a la formulación de una acusación. Si, por el contrario, las pruebas siguen siendo endebles, la posibilidad de archivo volverá a plantearse, con el consiguiente riesgo de recurso por parte de la familia y de críticas públicas. La Fiscalía, que ya defendió el archivo en una fase anterior, deberá valorar si mantiene su postura o respalda la continuación de la instrucción.

Además, las circunstancias del caso han reavivado la discusión sobre la coordinación entre Guardia Civil, juzgados y los servicios forenses en la provincia. No es inusual que investigaciones de esta naturaleza requieran equipos técnicos específicos y tiempos más amplios para las pruebas; la clave estará en equilibrar la necesidad de exhaustividad con el derecho de la familia a una resolución pronta.

A falta de nuevas resoluciones judiciales, el procedimiento seguirá su curso con la prudencia característica de las diligencias penales. Para los vecinos de O Porriño y para los familiares de la víctima, la esperanza es que la concatenación de nuevos informes y testimonios permita, finalmente, cerrar una herida que lleva abierta desde 2021. La ciudadanía exige respuestas: no solo justicia para la víctima, sino garantías de que los mecanismos del Estado funcionan cuando toca desentrañar hechos violentos en el ámbito rural.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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