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El O Berbés de 1892 de Juan Martínez Abades, desde la ribera de Vigo hasta las salas del Thyssen Málaga

Juan Martínez Abades, uno de los grandes nombres del marinismo español, pintó en 1892 una escena del O Berbés que hoy cuelga en el Museo Thyssen de Málaga. La obra, titulada Recogida de algas en la ribera del Berbés, forma parte de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza desde diciembre de 1994 y fue incorporada a la exposición permanente del museo malagueño cuando este abrió sus puertas en 2011. Lo que hace un siglo y medio era bulla de puerto y trabajo aparece ahora bajo la luz controlada de una sala andaluza, memoria pictórica de un Vigo que ya no existe tal cual.

Un rincón de Vigo inmortalizado sobre tabla

Donde hoy ocupan su lugar un parque infantil, el acceso a un párking y unas canchas de baloncesto, hace exactamente 134 años había arena y ajetreo: O Berbés, barrio pegado al mar con soportales en arco, mercado y punto de descarga del pescado. Martínez Abades trasladó esa geografía de oficio al lienzo: pescadores, parejas de mujeres recogiendo las algas conocidas como ceba, y el agua como protagonista silenciosa. La escena conserva el costumbrismo que caracterizó su trayectoria, con una paleta dominada por ocres y grises, y reflejos oscuros en la lámina de agua que dan sensación de mar frío y húmedo.

Los archivos del Thyssen recogen que el pintor estuvo en Galicia en 1890, y volvió en los meses de agosto, septiembre y octubre de 1892, acompañado de su discípulo Luis Suárez Llanos. Por entonces trabajaba en una serie de encargos, entre ellos seis grandes cuadros para la sala principal del Gimnasio, una entidad recreativa fundada en 1881. La recogida de algas en septiembre —mes en que debió pintarse la obra— aprovechaba las mareas y era una actividad ligada al calendario agrícola: la ceba servía de abono para los campos cercanos, y su extracción era labor comunitaria y cotidiana al mismo tiempo.

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Desde el Museo Thyssen en Málaga, el conservador Javier Barón ha señalado que los tonos ocres y los grises sucios, junto al tratamiento oscuro de los reflejos acuáticos, son rasgos más que reconocibles de la producción de Martínez Abades en esa época. Esa estética, de raigambre marinista, buscaba atrapar no tanto una fotografía del puerto como la atmósfera del trabajo marítimo: olor a mar, humedad en la ropa, gestos repetidos de quien procura el sustento.

El Berbés en la tradición pictórica y la memoria viguesa

O Berbés no fue ajeno a la mirada de otros artistas: antes que Martínez Abades lo pintaron Francisco Padilla, Aureliano de Beruete, Teodomiro Avendaño y Julio Riudavets, entre otros. Esa sucesión de miradas explica cómo el mismo paisaje portuario se convirtió en motivo canónico, útil para mostrar desde el academicismo decimonónico hasta las búsquedas más personales de cada autor. Vigo, entonces creciendo como puerto de la ría y con una industria pesquera en expansión, ofrecía temas que interesaban tanto a mercados locales como a coleccionistas metropolitanos.

La ciudad ha transformado su frente marítimo en más de una ocasión: lo que aparece en la tabla de Martínez Abades —barcos pequeños, muelles informales, labores a la orilla— se superpone hoy con infraestructuras modernas, astilleros y una ría que ha ido perdiendo y ganando usos según las décadas. Para los vigueses contemporáneos, la obra actúa como un espejo: devuelve una imagen de trabajo comunitario que muchos reconocen en relatos familiares y archivos fotográficos, aunque el lugar físico haya cambiado de fisonomía.

Es relevante también el papel del coleccionismo privado en la visibilidad de este tipo de escenas. Tita Cervera, cuyo nombre va ligado a la colección Carmen Thyssen-Bornemisza, incorporó la obra en 1994. Decisiones como esa han permitido que piezas regionales acaben formando parte de narrativas nacionales sobre el arte español; también han determinado que las imágenes de Galicia circulen fuera de su territorio físico, fijadas en museos de ciudades tan alejadas geográficamente como Málaga.

Repercusiones y posibilidades para Vigo

La presencia de la obra en el Thyssen abre puertas prácticas y simbólicas. En lo inmediato, permite a investigadores y curiosos acceder a una mirada sobre la ciudad de finales del XIX que se conserva en buena condición y bajo criterios museísticos contemporáneos. A medio plazo, ofrece la posibilidad de préstamos temporales para exposiciones en Galicia: el Museo do Mar de Galicia o el MARCO de Vigo podrían aprovechar una cesión para articular exposiciones sobre marinismo, paisaje urbano y memoria portuaria, conectar la pieza con fotografías antiguas y documentos del archivo municipal, y atraer así a un público local y foráneo interesado en la historia marítima.

Existe además un valor pedagógico. El cuadro permite explicar a escolares y visitantes cómo funcionaba una economía litoral basada en recursos naturales y trabajo manual, y cómo prácticas como la recogida de ceba conectaban ciudad y campo. Es una lección de ecología histórica que hoy, con debates sobre fertilidad del suelo, turismo y conservación de costas, puede resultar inesperadamente actual.

Queda por ver si desde las instituciones viguesas se impulsará alguna gestión para traer la obra temporalmente a su ciudad. Las administraciones locales suelen mostrarse receptivas a préstamos que fortalezcan la identidad cultural; el reto es negociar fechas, condiciones de conservación y una narrativa expositiva que haga justicia al lienzo y a la propia memoria colectiva.

Más allá del movimiento físico de la pintura, la noticia recuerda que la historia de Vigo está repartida por colecciones de todo el país. El hecho de que una escena de O Berbés pueda emocionarnos en Málaga es, en cierto modo, una oportunidad: obliga a repensar qué piezas de nuestra historia material debemos buscar, conservar y, cuando sea posible, traer de vuelta para que los vigueses las vean con la luz que les corresponde.

La tabla de Martínez Abades no solo es un ejemplo de buen marinismo decimonónico; es también un documento sobre prácticas económicas y sociales de un puerto que fue —y sigue siendo— nodo de vida y transformación. Mientras tanto, en las salas del Thyssen seguirá recordando, a quien la contemple, que bajo el asfalto y las instalaciones modernas de la ría late otra Vigo, aún visible en fibras y pigmentos.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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