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Fallece José García Cotarelo, uno de los “arquitectos” de la Xunta y Fillo predilecto de A Pontenova

José Antonio García Cotarelo, conocido entre los suyos como Pepe de Regos, ha fallecido dejando una huella discreta pero profunda en la Galicia autonómica. Aunque residió buena parte de su vida en Madrid, su vinculación con A Pontenova, y en particular con el núcleo de Vilameá donde nació, fue constante: regresos, visitas y un reconocimiento oficial como Fillo predilecto el año pasado que plasmó ese afecto mutuo.

Un funcionario detrás de los grandes engranajes

La trayectoria de García Cotarelo se desarrolló lejos de los focos. Ingresó en la Administración estatal a finales de los años 60 y fue ocupando distintos puestos en ministerios y servicios que le llevaron, ya en la década de los 80 y 90, a desempeñar responsabilidades clave en la Xunta. Entre sus cargos figura el de secretario xeral técnico y de Relacións Institucionais da Consellería da Presidencia —puesto que asumió en torno a 1986— y, más tarde, el de secretario xeral da Vicepresidencia, desde donde se jubiló en 2007.

Sus responsabilidades abarcaron ámbitos técnicos y de diseño institucional. Pocas figuras públicas conocen tan bien la mecánica administrativa como aquellas que, como él, trabajaron para que una institución naciese y funcionase: normativas, circulares, manuales y diseños gráficos que contribuyen a la identidad de un gobierno. García Cotarelo fue, según quienes trabajaron con él, uno de los artífices de ese andamiaje silencioso que sostiene la acción pública diaria.

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En vida solía minimizar su papel. «Los años en la Xunta fueron increíbles e hice cosas que en Madrid nunca hubiera podido», llegó a afirmar en una entrevista el pasado año, frase que resume su apego a la administración autonómica y la sensación de oportunidad que le brindó trabajar en Galicia en los primeros decenios de la autonomía.

«Los años en la Xunta fueron increíbles e hice cosas que en Madrid nunca hubiera podido»

Publicaciones, imagen y lengua: aportaciones menos visibles

Tal vez su sello más reconocible para la ciudadanía fue su impulso al Servizo de Publicacións da Xunta. Ese servicio, esencial para la comunicación institucional y para la difusión de normativa y cultura, permitió ordenar y proyectar la administración gallega con criterios profesionales y, en muchos casos, apostando por la normalización del uso del gallego en documentos oficiales. Quienes colaboraron con él recuerdan su interés por la calidad del diseño y la presentación, aspectos que consideraba tan importantes como el contenido técnico.

La dualidad de su vida —funcionario en la capital del Estado pero con una raíz firme en Vilameá— explica buena parte de su forma de entender la política pública: menos retórica y más factories. En A Pontenova se le conocía por su cercanía y por gestos modestos; en la Xunta, por su capacidad para traducir decisiones políticas en procedimientos y servicios. No era el protagonista de titulares, sino quien hacía que los titulares pudieran llegar a buen puerto.

El reconocimiento como Fillo predilecto, entregado en un acto con el alcalde Darío Campos, fue una manera de la localidad de devolver esa lealtad. La imagen del regidor pontenovés imponiéndole la distinción quedó como testimonio de una carrera que, más allá de cargos y títulos, se cimentó en la pertenencia a un territorio que nunca abandonó del todo.

Un legado ligado a la construcción autonómica

Hablar de García Cotarelo es también hablar de los años en que Galicia dejó de ser solo una referencia cultural y se convirtió en una entidad política con instituciones propias. Cabe recordar que la constitución de la Xunta y el desarrollo de sus estructuras en los 80 y 90 exigieron tanto la voluntad política como la pericia técnica de funcionarios capaces de transformar un horizonte normativo en procedimientos operativos. Fue el tiempo de normalizar lenguas, servicios y símbolos; de crear oficinas, boletines oficiales y servicios de publicaciones capaces de conectar la Administración con la ciudadanía.

La figura del «arquitecto» —término que se ha aplicado a García Cotarelo en algunos círculos— remite a esa labor discreta pero imprescindible. Sin ella, muchas de las políticas de proximidad y las herramientas de gestión habrían sido más lentas o menos coherentes. Su apuesta por la profesionalización y el cuidado de la imagen institucional contribuyó a que la Xunta ganase credibilidad en sus primeros años de vida, algo que todavía hoy pesa en la memoria colectiva de la Administración gallega.

En A Pontenova, su fallecimiento ha encendido recuerdos personales: la infancia en Vilameá, la figura de Pepe de Regos en fiestas y reuniones familiares, la carta devuelta con su firma protocolaria que, pese a todo, mantenía un acento cercano. Para quienes siguen la política autonómica, su pérdida recuerda también a toda una generación de servidores públicos que combinaron lealtad institucional con vínculo territorial.

Repercusiones y despedida

La noticia de su muerte ha generado reacciones de respeto y reconocimiento en ámbitos institucionales y en su municipio natal. A falta de comunicación oficial con detalles sobre el sepelio, fuentes cercanas señalan que la familia está recibiendo ya las condolencias de compañeros y de autoridades locales. El acto de nombramiento como Fillo predilecto el año anterior y la foto del alcalde Darío Campos entregando el reconocimiento quedarán, seguro, entre las imágenes que acompañen su recuerdo.

Más allá de rituales, su legado plantea una reflexión sobre la importancia de quienes, desde la función pública, diseñan los mecanismos cotidianos del autogobierno. En Galicia —tierra de emigraciones, regresos y compromisos locales— la figura de un hombre que hizo de la Administración su oficio y de Vilameá su pulso vital encaja con una tradición donde lo colectivo y lo personal —lo institucional y lo íntimo— se entrelazan.

Queda para A Pontenova y para la Xunta la memoria de un técnico que supo escuchar y poner en marcha ideas que hoy se han normalizado. Y queda, sobre todo, el recuerdo de Pepe de Regos, que supo unir Madrid y Vilameá sin renunciar a ninguno de los dos lugares.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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