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San Caetano y la permanencia: cómo Gamallo, Rivas y Díez han tejido décadas de poder en la Xunta

En los pasillos y jardines de San Caetano conviven hoy funcionarios que conocen la Administración autonómica casi tan bien como sus propios despachos. Tres nombres condensan esa longevidad: Jesús Gamallo, Encarnación Rivas y José Alberto Díez. Tras sortear crisis de gobierno, cambios de presidencia y reformas administrativas, estos altos cargos siguen en sus puestos en 2026, acumulando experiencia y poder informal que rara vez aparece en los organigramas.

Tres trayectorias que se cruzan en el centro del poder

El más veterano del trío es Jesús Gamallo, que entró en la Administración autonómica en 1992 y lleva al frente de las relaciones exteriores de la comunidad 23 años. Licenciado en Derecho por Santiago, profesor de Derecho Internacional y formado en Florencia, Gamallo ha sido una pieza clave en la proyección europea de Galicia. Sus recuerdos de la tarea administrativa están hechos de montañas de papel y búsquedas en los tomos del DOG; imágenes que hoy parecen de otra época pero que forjaron una manera minuciosa de entender la gestión pública.

«Cuando empecé hacíamos acción exterior por la vía de los hechos»

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Jesús Gamallo

Por su parte, Encarnación Rivas ocupa la Dirección Xeral de Urbanismo desde 2009. Arquitecta de formación, saltó del ámbito municipal —con responsabilidad en Pontevedra y en la Gerencia de Urbanismo de Sanxenxo— a la Xunta con el reto de profesionalizar un área delicada. Su idea, repetida en entrevistas, fue sacar al urbanismo del terreno de la confrontación partidaria y llevarlo al de la gestión técnica: un plan urbanístico entraña decisiones que se mantienen durante dos décadas y puede sobrevivir a gobiernos de distinto color político.

«El atrevimiento debe venir del conocimiento y aún tengo pánico de no estar a la altura»

Encarnación Rivas

Completando el trío, José Alberto Díez comparte con Rivas el año de incorporación a la Xunta: 2009. Nacido en Andalucía con raíces gallegas, su recorrido académico en los campus de Vigo y Santiago y la dirección de la creación de la facultad de Económicas de Lugo le dieron un perfil técnico que luego se transfirió a la Secretaría Xeral de Universidades. Díez destaca políticas como el plan de financiación universitaria y el mapa de titulaciones, iniciativas que han marcado al sistema universitario gallego en la última década.

«La experiencia aporta perspectiva, memoria y capacidad de anticipación»

José Alberto Díez

Cómo se explica tanta permanencia: estructura, partido y técnica

La explicación no pasa sólo por méritos personales. Es innegable que la serie de victorias electorales del PP en Galicia, con figuras como Manuel Fraga en la primera fase y más recientemente Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Rueda, ha dado continuidad institucional. No obstante, la supervivencia de Gamallo, Rivas y Díez combina esa estabilidad partidaria con una apuesta por la tecnocracia: los tres se presentan como técnicos —pero sin renegar del componente político— y se han hecho imprescindibles por su conocimiento del aparato.

San Caetano no es un despacho hermético; es una red donde la memoria institucional importa. Ser capaz de leer un expediente largo, agilizar un informe del Ministerio o interpretar una normativa europea vale tanto como tener cargo. Esa capacidad de «sostener la máquina» les ha permitido resistir reformas, cambios de conselleiros y mudanzas de poder que en otras administraciones se traducen en purgas extensas.

Además, su perfil profesional encaja en cargos que requieren continuidad. El urbanismo, la acción exterior y las políticas universitarias son ámbitos donde los efectos de una decisión se miden a años vista. Por eso Rivas reivindica la necesidad de planes básicos para municipios pequeños y mayor transparencia en los procesos; Díez, la consolidación de la financiación y la adaptación de la universidad al alumno y a la formación continua; y Gamallo, la presencia de Galicia en foros multilaterales, cuestión en la que todavía lamenta no haber conseguido un papel observador en la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa.

Repercusiones y los retos por delante

La permanencia tiene efectos prácticos y simbólicos. En lo práctico, la acumulación de saber hacer reduce tiempos y evita errores que los cambios frecuentes suelen provocar. En lo simbólico, genera debate sobre la renovación y la apertura de la administración. A falta de un relevo natural, la pregunta que surge en Santiago y en los despachos municipales es hasta cuándo la Xunta mantendrá esa estructura de mandos intermedios que mezcla política y técnica.

Los retos que plantean tanto la sociedad como la propia modernización administrativa pasan por compatibilizar la experiencia con la rotación y la entrada de perfiles más jóvenes. En urbanismo, por ejemplo, la apuesta de Rivas por obligar al Estado a acotar plazos en sus informes toca un problema crónico en Galicia: la lentitud de tramitaciones que estrangula a los pequeños municipios. En la Universidad, la agenda de Díez sobre formación continua y agilidad se enfrenta a inercias institucionales que requieren reformas más profundas.

En el área de acción exterior, el trabajo de Gamallo ilustra otra dimensión: la necesidad de transformar la influencia en reconocimiento. Su labor ha modernizado la presencia de la comunidad en lo europeo, pero la ambición de logros simbólicos —como representación en foros internacionales de lengua portuguesa— sigue encontrando límites diplomáticos y legislativos.

La próxima legislatura y la posible configuración de futuros gobiernos marcarán si estos tres profesionales siguen siendo piezas centrales o si la Xunta impone una renovación más intensa. Lo que difícilmente cambiará es la ventaja con la que parten: décadas de memoria administrativa que no se recuperan con un simple relevo. En una comunidad donde la historia reciente pesa —basta con recordar los tiempos de Fraga y las transformaciones de los últimos treinta años—, la pregunta sobre el equilibrio entre experiencia y continuidad adquiere un tono práctico y, a la vez, político.

En las escalinatas y patios del palacio de San Caetano, quienes pasan ven a menudo las mismas caras. Para unos son garantía de estabilidad; para otros, símbolo de una Administración que necesita abrir ventanas. Mientras tanto, Gamallo, Rivas y Díez siguen en sus puestos, con agendas que combinan decisiones técnicas y pequeños ejercicios de poder informal: aquello de influir tanto como mandar que, en la política gallega, define a los que realmente mueven los engranajes.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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