Escuchaban el mismo programa de madrugada cuando ella decidió «anunciarse» por teléfono. Aquella broma —«si hay algún avariado que le guste…»— terminó en ocho llamadas y en un noviazgo que, a punto de cumplir dos años, ha transformado la vida de Marisa Blanco y Ramón Seijas. Ella tiene 75 años y vive en Malpica; él, 82, es de Pontedeume. Lo que comenzó como un guiño improvisado al micrófono se ha convertido en una compañía cotidiana que recupera costumbres antiguas: paseos por la dársena, cafés en el puerto y conversaciones que duran más allá del anochecer.
De una llamada a una «luna de miel» tardía
La anécdota la cuenta Marisa con una mezcla de sorpresa y satisfacción. No esperaba repercusiones cuando habló en la radio; ni mucho menos que, de las ocho llamadas que recibió, una sería la de Ramón y desembocaría en una cita. Aquella primera reunión fue un café y la naturalidad de dos personas que ya habían vivido lo suficiente como para no poner mascarillas a los gestos. Desde entonces, los desplazamientos entre Malpica y Pontedeume se han hecho habituales, y los encuentros han ido afianzando la relación.
Los familiares, según fuentes cercanas, han acogido la noticia con alivio y ternura. Los hijos y los nietos vieron pronto que la pareja no buscaba otra cosa que compañía y pequeñas alegrías: comentar la pesca del día, escoger una canción en la emisora local, visitar el mercado de A Coruña cuando toca. Para Marisa y Ramón, la mayor ganancia ha sido recuperar ritmo y proyecto: «Nos cambió la vida totalmente», dice ella.
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Conoce más →Ramón resume su experiencia con simpleza: la radio fue el vehículo que permitió que dos voces encontraran un paisaje común. La ventaja, añaden, fue la lentitud del vínculo; no hubo prisa por formalizar nada. «Queremos disfrutar», repite Marisa. «No tenemos que correr», añade Ramón. Y así han preferido caminar, con la costa de fondo y los habituales del puerto que ya los saludan por el nombre.
La radio como tejido social en la Galicia envejecida
Esta historia no es solo una curiosidad romántica; es una pieza más de la vida comunitaria en la Galicia rural y costera. La radio local conserva un papel que las grandes plataformas digitales no siempre cubren: es accesible para muchas personas mayores, no obliga a manejar aplicaciones y promueve la escucha colectiva. Desde programas de madrugada a espacios de dedicatorias, el aparato en la cocina sigue siendo hilo de conexión para quienes viven en núcleos pequeños.
La demografía gallega, envejecida y dispersa, pone a prueba las redes de apoyo tradicionales. Ferrolterra, la Costa da Morte y las rías del Eume comparten problemas comunes: transporte interurbano poco frecuente, cierre de servicios y población que envejece sin relevo. Frente a ello, la interacción a través de la radio emerge como un recurso informal pero eficaz para combatir la soledad. Organizaciones vecinales han aprovechado esta capacidad: en varios concellos se han impulsado programas de tertulias radiofónicas y dedicación de espacios para mayores, con el objetivo explícito de promover la sociabilidad.
Cabre recordar que la radio en Galicia ha sido, históricamente, instrumento de sobremesas y de resistencias culturales: desde las emisoras que mantuvieron viva la lengua hasta los espacios que transmitían noticias locales cuando los grandes medios miraban hacia otra parte. Ese legado explica por qué, para muchos mayores, un micrófono sigue siendo más que un aparato: es una puerta abierta.
Repercusiones locales y qué puede cambiar
La historia de Marisa y Ramón ha tenido efecto inmediato en sus pueblos. En Malpica, el concello está valorando colaborar con emisoras para crear programas que fomenten el encuentro entre mayores de distintas parroquias; en Pontedeume, asociaciones de mayores planean retomar salidas conjuntas que la pandemia había suspendido. Las fuentes municipales consultadas confirman que, aunque no hay partidas específicas aún, existe interés por apoyar iniciativas que prevengan el aislamiento.
Más allá de las buenas intenciones, el caso abre una discusión práctica: transportes más frecuentes entre municipios costeros, financiación de actividades culturales y programas de alfabetización digital para quienes quieran complementar la radio con otros medios. Las asociaciones de mayores sostienen que no se trata de sustituir la radio, sino de enriquecer el ecosistema de sociabilidad. La participación activa de la gente mayor, añaden, es clave: son ellos quienes mejor saben qué tipo de actividades generan mayor adhesión.
Para la pareja, los planes inmediatos son sencillos y humanos: seguir saliendo, participar en algunas tertulias y acompañarse en las gestiones cotidianas. Sobre opciones como la convivencia o el matrimonio, responden con prudencia; prefieren dejar que el tiempo marque los pasos. No obstante, aceptan entrevistas y mensajes de oyentes que, desde distintos puntos de la provincia de A Coruña, les envían palabras de cariño y anécdotas parecidas.
La lección que queda es clara: no siempre hacen falta algoritmos para que dos personas se encuentren. A veces basta un programa de madrugada, un gesto de humor y la valentía de atender a una llamada. En una Galicia que envejece, historias como la de Marisa y Ramón recomponen la idea de comunidad y recuerdan que la vida puede sorprender a cualquier edad.
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