Florentino Cacheda López, con 88 años, sigue guardando la rutina de sus días en el despacho de la empresa que fundó en 1963 en Lalín. Fue capaz de convertir la imaginación de la aguja aprendida en la sastrería de su padre en un imperio exportador: la marca Florentino llegó a estar presente en las tiendas multimarca más selectas de España, Europa, Estados Unidos y México. Hoy, con la gestión delegada en su hijo desde hace una década, Cacheda habla con crudeza y añoranza: «El buen gusto no abunda en la actualidad».
Un oficio arrancado a la infancia
La historia de Cacheda confunde la biografía con la geografía de Lalín. Nacido en 1938, creció entre retales, medidas y la exigencia de un padre sastre que le puso la aguja en la mano a los seis años. Fue allí, entre talleres y la vida de pueblo —«las puertas de las casas estaban abiertas y podías entrar a comer a la casa del vecino»— donde se forjó la disciplina que más tarde le permitiría levantar una industria. Aun hoy, en su relato aparece el recuerdo de la casa pequeña convertida en escuela de trabajo: madrugones, tardes de bachillerato y la determinación de quien se sabe obligado a labrarse un destino.
Su primer golpe de suerte empresarial llegó durante la mili en Madrid. Cuenta Cacheda que, tras conversar en gallego con un paisano, acabó montando, junto a él, un servicio de sastrería para la casa militar. Fueron tiempos convulsos y oportunos: llegaron a tener 15 trabajadores y cobraban contratos con la Administración que les aseguraban trabajo. Esa experiencia fue decisiva. Podía haberse quedado en Madrid con la clientela segura, pero prefirió volver a Galicia con la ambición de «emprender algo propio» y contribuir al desarrollo de su tierra.
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →Moda gallega: entre la artesanía y la globalización
Durante los años 80 y 90, el relato de Cacheda se solapa con el esplendor de la moda española. La firma que montó en Lalín no sólo fabricó trajes; exportó una idea de ropa masculina clásica que encontraba mercado en París, Milán o la Quinta Avenida. Fue un tiempo en que la etiqueta «hecho en España» abrió puertas y las fábricas gallegas eran referentes. Galicia, sin embargo, nunca fue igual de cómoda para la industria que otras zonas más industrializadas: la virtud artesanal se convirtió al mismo tiempo en una limitación comercial.
Cacheda lo dice sin ambages: la moda gallega «era más artesana que comercial». Esa tensión entre oficio y negocio explica buena parte de la historia reciente del sector. Con la llegada de la globalización y la presión de costes, muchas empresas se vieron obligadas a externalizar parte de la producción. Florentino no fue una excepción: sobrevivió, pero no sin tomar decisiones difíciles, como trasladar líneas fuera de Galicia para mantener la competitividad. Aquella decisión, dolorosa para quien quería sostener empleo local, fue también la que permitió conservar la marca en los escaparates internacionales.
No es casual que un nombre como el suyo aparezca en actos colectivos: en 2022 estuvo entre los diseñadores en la presentación del libro que repasaba cuarenta años de Galicia Moda. Es la señal de quien, sin buscar la foto, sabe que su trayectoria forma parte de una memoria colectiva que aún hoy define la industria textil gallega.
Un empresario con pulso rural y mirada internacional
La fidelidad a Lalín —«nunca me gustó demasiado estar en el foco mediático», repite— es uno de los rasgos que configuran su legado. Prefirió levantar su fábrica en el pueblo, generar actividad y ver cómo la localidad pasaba de ser una «aldeíta» a una población con mayor peso económico. No oculta la ironía: las puertas que antes estaban abiertas hoy se cierran por miedo a los robos, pero Lalín ganó en dimensión y servicios.
Su perfil combina vocación, necesidad y sentido práctico. Al describir al joven que quiso ser carpintero un día y sastre al siguiente, aparece la tenacidad que caracteriza a muchos empresarios gallegos de su generación: aprender sobre la marcha, adaptarse, internacionalizarse sin perder la raíz. El éxito de su marca no estuvo sólo en la estética de las prendas; estuvo en la capacidad de organizar producción, ventas y relaciones con distribuidores en mercados lejanos.
El juicio de Cacheda sobre la moda contemporánea es ácido. «El buen gusto no abunda en la actualidad», sostiene, y esa frase resume una crítica estética y, quizás, una nostalgia por modelos de consumo y producción más pausados. Para él, la moda debería recuperar una mezcla de oficio, proporción y elegancia que, a su juicio, se ha diluido con el auge del prêt-à-porter masivo y la obsolescencia programada.
Legado y próximos pasos
Hoy la empresa sigue en funcionamiento bajo la dirección de su hijo, pero el testigo personal que deja Cacheda es múltiple: la demostración de que se puede crear industria en el interior de Galicia, la evidencia de que la artesanía puede alcanzar mercados globales y la lección, quizás más discreta, de cómo lidiar con las contradicciones del mercado. Le gustaría ser recordado «como una persona humilde que luchó por un ideal: su tierra». Esa aspiración resume una ética empresarial poco habitual en tiempos de volatilidad.
Queda por ver cómo se reponen las fibras de la moda gallega: hay iniciativas para recuperar producción local, nuevos enfoques sostenibles y un pequeño renacimiento de las firmas con identidad regional. Sin embargo, la tensión entre coste y calidad, entre volumen y oficio, sigue presente. El legado de Cacheda sirve de brújula para quienes buscan un punto medio: producir aquí, mantener la excelencia y no renunciar a la ambición de salir fuera.
Al final, la historia de Florentino Cacheda es la de un país que aprendió a vestirse a sí mismo mientras aprendía a vender fuera. En Lalín, donde él empezó a remendar la vida con hilo y aguja, todavía quedan talleres que hablan el mismo idioma: paciencia, medida y oficio. Si el buen gusto escasea, que nadie le quite mérito a quien, con paciencia, lo supo coser durante décadas.
¿Buscas una Inversión Segura?
Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual
Solicitar Información Ahora