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Trump da 48 horas a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz y amenaza con destruir sus centrales eléctricas

Donald Trump lanzó este sábado un ultimátum desde su plataforma en redes: si Irán no reanuda en las próximas 48 horas la circulación por el estrecho de Ormuz “sin amenazas”, Estados Unidos atacará y destruirá diversas centrales eléctricas iraníes, “comenzando por la más grande”. La amenaza se produce en plena escalada tras la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní el pasado 28 de febrero, y en un contexto de ataques reivindicados por la Guardia Revolucionaria contra buques en ese paso estratégico.

La jornada en la que la retórica sube un escalón

El mensaje de Trump no fue un comentario menor: fue una advertencia explícita, publicada en Truth Social, que elevó el tono de una coyuntura ya de por sí explosiva. Pocos minutos antes, el expresidente se jactó de haber “borrado a Irán del mapa” y defendió que la campaña militar aliada lleva semanas adelantada a lo previsto. A falta de declaración oficial de, por ejemplo, la OTAN o aliados europeos sobre un apoyo concreto a la maniobra en Ormuz, Trump insistió en que la apertura del estrecho es “una maniobra militar muy sencilla” aunque “se necesita mucha ayuda”.

Desde Teherán, la réplica llegó en términos igualmente duros. Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, avisó de consecuencias regionales: si las centrales iraníes son bombardeadas, Irán responderá destruyendo “infraestructuras vitales, energéticas y petroleras en toda la región”. Qalibaf añadió que tal escenario dispararía el precio del petróleo durante un largo periodo, lo que alimenta ya las preocupaciones en los mercados y en economías dependientes de las importaciones energéticas.

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En paralelo, el mando militar estadounidense ha tratado de justificar las operaciones recientes. El almirante Brad Cooper, del CENTCOM, afirmó que la capacidad iraní para amenazar el tráfico marítimo en Ormuz quedó “debilitada” tras el ataque a una instalación costera iraní donde, según Washington, se almacenaban misiles de crucero antibuque y lanzaderas móviles. Las bombas empleadas habrían sido de gran potencia:, según fuentes militares, varias de dos toneladas.

Un estrecho con historial de tensiones y un efecto inmediato en los mercados

El estrecho de Ormuz, que enlaza el Golfo Pérsico con el mar de Omán, no es un lugar cualquiera: por ahí pasa cerca del 20% del petróleo que se mueve por vía marítima. Históricamente, cada incidente en esa franja ha encendido las alarmas mundiales: desde los enfrentamientos del “Tanker War” en los años ochenta hasta las detenciones y ataques de los últimos años. Por eso cualquier cierre, siquiera temporal, tiene efectos que van más allá de la táctica militar.

En las últimas horas se notó ya en Europa y en Galicia una inquietud tangible. Los mercados de futuros reaccionaron con subidas en los precios del crudo, y entre los armadores y las lonjas gallegas hay preocupación por el encarecimiento del combustible y por el aumento de las primas de riesgo para las rutas que transitan por el Índico. En puertos como Vigo y A Coruña, donde la flota pesquera y los transportes comerciales dependen de combustibles importados, los responsables hablan de “incertidumbre” y de que la factura final podría traducirse en más presión sobre los precios al consumidor.

Antecedentes que ayudan a entender la magnitud del riesgo

La ofensiva que dio pie a esta espiral comenzó a finales de febrero con ataques a objetivos iraníes atribuidos a Estados Unidos e Israel. La respuesta de Irán fue automática: la Guardia Revolucionaria reivindicó ataques contra buques en Ormuz, y también se registraron acciones contra infraestructura y objetivos ligados a intereses occidentales en la región. No es la primera vez que confrontaciones lejanas repercuten aquí: en Galicia se recuerda la crisis de los petroleros y la volatilidad de 2019, y los nombres de puertos como A Coruña vuelven a sonar en reuniones logísticas y de suministros.

Además de los riesgos económicos, el ataque contra infraestructuras eléctricas plantea un dilema legal y humanitario. Golpear centrales que alimentan servicios civiles repercute sobre población civil y podría constituir, según expertos en derecho internacional consultados en estas últimas horas, una línea roja que aumenta el coste político y moral de la escalada. Trump, sin embargo, presentó la operación como una acción de acotamiento militar destinada a forzar la reapertura del estrecho y minimizar el impacto directo sobre civiles, aunque esas garantías suelen ser difíciles de verificar en la práctica.

Repercusiones y próximos pasos: desde la diplomacia hasta la vida cotidiana

El plazo de 48 horas que marca la Casa Blanca abre una ventana crítica. Si Teherán no cede, la retaliación anunciada —ataques a infraestructuras eléctricas— implicaría una ampliación del conflicto hacia objetivos civiles básicos y podría arrastrar a actores regionales que, hasta ahora, se han mantenido a la expectativa. Estados ribereños del Golfo, Rusia y China observan con atención, conscientes de que la regionalización del conflicto tendría efectos imprevisibles en las rutas energéticas y en la seguridad marítima global.

En Galicia, donde también se discute la seguridad de instalaciones estratégicas y la política exterior europea, la noticia ha activado debates sobre la necesidad de una respuesta común. Madrid, Bruselas y socios de la OTAN enfrentan la disyuntiva entre respaldar una acción militar destinada a garantizar la libre navegación y evitar una escalada que afecte a la economía y a la vida de millones de civiles. Las autoridades españolas aún no han hecho pública una postura contundente sobre el ultimátum de Washington, aunque en despachos europeos se habla ya de urgencia para coordinar sanciones, rutas alternativas y mensajes de contención.

Con la amenaza de alargar más de veinte días la ofensiva y con la retórica subiendo por momentos, el riesgo es que la política de ultimátums deje poco margen para la diplomacia. En las calles gallegas, entre pescadores y operadores portuarios, hay una mezcla de incredulidad y preocupación: no es la primera vez que crisis lejanas tienen efectos inmediatos en el precio del diésel que nutre la flota o en las mercancías que entran por los muelles.

Sea cual sea el desenlace en las próximas horas, la escena internacional ha cambiado: la amenaza de ataques a infraestructura eléctrica entraña consecuencias que van más allá de la geopolítica clásica y que exigirán, probablemente, respuestas simultáneas en los frentes militar, diplomático y humanitario. La clave estará en si la comunidad internacional logra imponer frenos antes de que se cumpla el plazo marcado por Washington, o si, por el contrario, la región desemboca en una fase de confrontación abierta cuyo coste será difícil de calcular.

«Si Irán no abre completamente, sin amenazas, el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas… Estados Unidos atacará y destruirá sus diversas centrales eléctricas, ¡comenzando por la más grande!», escribió el presidente en su cuenta.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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