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Los guardianes de San Caetano: cómo Jesús Gamallo, Encarnación Rivas y José Alberto Díez han tejido décadas de poder en la Xunta

En los jardines de San Caetano coinciden memoria institucional y rutina diaria: allí se encuentran tres de los altos cargos con más recorrido de la Administración gallega. Jesús Gamallo, Encarnación Rivas y José Alberto Díez de Castro suman décadas en puestos clave —relaciones exteriores, urbanismo y universidades— y explican, a veces sin decirlo, por qué la Xunta funciona como una máquina con piezas que rara vez se cambian. Su permanencia plantea tanto la garantía de continuidad como la vieja discusión sobre la renovación en la gestión pública.

Tres trayectorias desde el papel al despacho digital

El más veterano en ocupar pasillos oficiales es Jesús Gamallo, licenciado en Derecho y profesor de Derecho Internacional, que llegó a la Administración autonómica en 1992 y acumula 23 años al frente de la Dirección Xeral de Relacións Exteriores e coa UE. Trabajó con Manuel Fraga y ha continuado con Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Rueda; conoce los vericuetos de la diplomacia autonómica y reivindica su papel en acercar a las comunidades autónomas a las instituciones europeas. Gamallo rememora una época en la que la acción exterior se hacía «por la vía de los hechos»: viajar, acuerdos bilaterales y presencia física antes de la era de los correos electrónicos y las redes.

«Cuando empecé hacíamos acción exterior por la vía de los hechos» — Jesús Gamallo, Director xeral de Relacións Exteriores

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Por su parte, Encarnación Rivas encarna la transición desde la práctica profesional municipal al aparato autonómico. Arquitecta de formación, ganó una plaza en el Ayuntamiento de Pontevedra en 2000, trabajó en la Gerencia de Urbanismo de Sanxenxo y en la Diputación de Pontevedra antes de asumir la Dirección Xeral de Urbanismo en 2009. Su discurso es casi pedagógico: la defensa de un urbanismo técnico, duradero y alejado de los vaivenes partidistas. Recuerda con franqueza el «pánico» del primer nombramiento y reivindica el esfuerzo por instalar la gestión por proyectos a largo plazo.

«El atrevimiento debe venir del conocimiento y aún tengo pánico de no estar a la altura» — Encarnación Rivas, Directora xeral de Urbanismo

En el ámbito académico, José Alberto Díez de Castro combina raíz andaluza y carrera gallega: obtuvo una plaza docente en el campus de Vigo en 1984, pasó a Santiago, fue profesor titular y dirigió la creación de la facultad de Económicas antes de asumir la Secretaría Xeral de Universidades en 2009. Su permanencia responde a una lectura profesional de la política universitaria: defensa de la autonomía, memoria institucional y la capacidad de anticipación que trae la experiencia.

«La experiencia aporta perspectiva, memoria y capacidad de anticipación» — José Alberto Díez de Castro, Secretario Xeral de Universidades

Por qué resisten: técnica, partido y esa red informal de San Caetano

No es casualidad que estos tres perfiles permanezcan. La aritmética del poder autonómico ayuda: la hegemonía del Partido Popular en las últimas décadas ha creado un entorno estable en el que los cargos técnicos con filiación o afinidad política han podido consolidarse. Pero hay otros factores que pesan tanto o más: la especialización profesional, la valía técnica y la habilidad para moverse entre diferentes presidentes y equipos.

En los pasillos se valora la memoria institucional. Gobernar Galicia implica, muchas veces, saber cómo se tramitan los informes del DOG, qué plazos marca la normativa estatal o cómo cerrar un convenio con una universidad extranjera. Ese saber acumulado evita costes políticos y administrativos, especialmente en áreas donde los efectos se miden a décadas: los planes urbanísticos o las políticas universitarias. Un plan urbanístico, recuerdan en Urbanismo, puede prolongarse una media de 20 años, lo que favorece la continuidad por encima del oportunismo.

Además, su posición como «tecnócratas con conciencia política» —se consideran técnicos pero no reniegan de su condición de políticos— les permite operar en la frontera entre lo técnico y lo estratégico. Influir más que mandar es, en la práctica, una manera de transformar el poder formal en capacidad real de decisión.

Repercusiones y próximos pasos: continuidad con tensiones

La permanencia de estos tres responsables tiene efectos claros sobre las políticas públicas. En relaciones exteriores, la Xunta mantiene interlocuciones consolidadas con gobiernos regionales, instituciones europeas y redes lusófonas; ahí está la asignatura pendiente que Gamallo cita, la búsqueda de un papel de Galicia en la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, que seguirán impulsando si cuentan con fondos y respaldo político. En urbanismo, la gestión técnica ha permitido cerrar expedientes pendientes y avanzar en transparencia, aunque persisten retos en municipios pequeños donde aún falta culminar planes básicos y agilizar plazos estatales para informes.

En el terreno universitario, la estabilidad evita rupturas en proyectos como la carrera de Económicas o la planificación de campus, pero también plantea la pregunta de la renovación: cómo atraer talento joven a la administración y cómo compatibilizar la memoria institucional con la necesaria adaptación a cambios en financiación, digitalización y competitividad internacional entre universidades.

El futuro inmediato de estos cargos dependerá en buena medida del paisaje político. Si el PP mantiene su control en la Xunta, la continuidad es la hipótesis más probable; un cambio de signo político obligaría a cambios más amplios. Aun así, su aceptación entre técnicos y parte del sector académico y municipal les da una base más allá del partido, por lo que no sería extraño ver transiciones más pausadas o roles de asesoramiento cuando llegue su relevo.

En definitiva, la historia de Gamallo, Rivas y Díez es la de una Administración que ha preferido conservar experiencia para gestionar asuntos que generan efectos a largo plazo. Eso tiene ventajas evidentes: eficiencia, redes de interlocución y previsión. También riesgos: envejecimiento de determinadas formas de hacer y cierta resistencia institucional al cambio. La pregunta que queda en San Caetano es si esa mezcla de saber y poder seguirá siendo la receta o si la Xunta abrirá pronto una etapa de relevo que combine veteranía y renovada ambición joven.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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