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Tres focos mineros en Galicia señalados como riesgo ambiental por el Ministerio

El Ministerio para la Transición Ecológica ha incluido en su inventario varias instalaciones mineras gallegas que considera peligrosas para el medio ambiente. Entre ellas figuran residuos y estructuras vinculadas a las explotaciones de Monte Neme, Touro y Rubiais (en Pedrafita do Cebreiro), localizaciones que vuelven a situarse en el foco tras incidentes previos y alertas de colectivos ecologistas. El listado, que data de 2012 y fue actualizado en 2022, recoge daños estructurales y derrumbes que reavivan la preocupación por la gestión de antiguos vertederos mineros y balsas de residuos.

Qué aparece en el inventario y por qué alarma

El catálogo del Ministerio identifica cuatro instalaciones gallegas con afecciones consideradas de riesgo. En Monte Neme, entre Carballo y Malpica, constan una escombrera de residuos y una presa dentro de las balsas de la antigua explotación de áridos y minerales, lugares donde se han producido movimientos de ladera en el pasado. La propia actualización del inventario recoge que esa zona sufrió al menos dos derrumbes, uno en 2014 y otro tan reciente como enero de este año, hechos que motivaron inspecciones y levantaron alarma entre la población local.

Además de Monte Neme, el inventario señala instalaciones vinculadas al municipio de Touro, donde el debate sobre la reapertura de explotaciones y sobre la gestión de residuos lleva años en la agenda pública. Por último aparece la escombrera de Rubiais, en el concello de Pedrafita do Cebreiro (Lugo), una zona rural donde la presencia de restos mineros plantea riesgos para acuíferos y caminos tradicionales que atraviesan brañas y praderas.

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La calificación de “peligrosa” no es una etiqueta administrativa neutra: conlleva la obligación de establecer medidas de vigilancia y, en su caso, planes de emergencia o de restauración ambiental. En la práctica, implica además determinar responsabilidades —propietarios, compañías explotadoras o administraciones— y cuantificar costes que, en muchos casos, superan ampliamente la capacidad del ayuntamiento o de pequeñas empresas locales.

Herencia de la minería y fallos de supervisión

La minería ha sido una actividad central en amplias zonas de Galicia durante décadas. Desde la extracción de minerales en el interior hasta la explotación de áridos en la costa, la actividad dejó un paisaje marcado por canteras, balsas y escombreras. No es la primera vez que esas cicatrices reaparecen en el debate público: casos como el de Monte Neme acumulan episodios de movilización vecinal y estudios técnicos que resaltan la inestabilidad de taludes y la posibilidad de escorrentías contaminantes.

En las últimas décadas, la regulación ambiental y el control sobre instalaciones mineras han mejorado, pero los expertos advierten de un problema recurrente: muchas infraestructuras fueron abandonadas antes de que se exigieran planes de cierre y restauración modernos. El inventario ministerial —herramienta útil pero que depende de inspecciones y fondos— funciona como diagnóstico, pero no siempre se traduce en actuaciones rápidas. A falta de confirmación oficial sobre plazos y recursos, vecinos y organizaciones ecologistas reclaman actuaciones concretas y transparencia en los expedientes.

En Touro, por ejemplo, la discusión no es solo técnica: la reapertura de explotaciones implica promesas de empleo en zonas con dificultades demográficas, al tiempo que despierta recelo por el posible impacto sobre suelos y cursos de agua. Ese dilema entre desarrollo económico y conservación del entorno viene de lejos en la Galicia interior y hace que cada señal de riesgo en el inventario tenga repercusión política y social.

Repercusiones locales y pasos que se exigen

Los municipios afectados suelen exigir inspecciones más frecuentes, vigilancia ciudadana y, cuando procede, planes de restauración financiados por las empresas responsables o mediante fondos específicos. En el caso de Monte Neme, el recuerdo del derrumbe de 2014 sigue vivo en los ayuntamientos de la comarca; técnicos consultados por vecinos señalan que la estabilidad de las balsas y la impermeabilización de escombreras deben ser prioridades para evitar filtraciones que afecten a acuíferos y explotaciones agrarias próximas.

Organizaciones ecologistas han pedido al Ministerio y a la Xunta de Galicia que aceleren los procesos de inspección y elaboración de planes de emergencia. “Son infraestructuras que requieren vigilancia permanente y, en demasiadas ocasiones, se actúa solo cuando ocurre un incidente”, indican fuentes ecologistas. En paralelo, la Administración autonómica tiene en su mano coordinar actuaciones y, si procede, reclamar responsabilidades económicas a los titulares.

En términos prácticos, el siguiente paso pasa por la realización de estudios geotécnicos, la limpieza o consolidación de escombreras, el sellado y desmantelamiento controlado de presas de residuos y la supervisión continua de aguas y suelos. Esos trabajos, sin embargo, precisan financiación y plazos; en municipios con reducidos presupuestos, la colaboración con la Xunta o con fondos estatales será clave para evitar que riesgos de baja intensidad se conviertan en desastres mayores.

La presión mediática y social también juega su papel. En zonas como las rías y las riberas gallegas, donde la actividad humana y los ecosistemas están muy entrelazados, cualquier episodio de contaminación minera tendría efectos sobre el turismo, la pesca y la producción agrícola. Por eso, la resolución de los expedientes señalados por el inventario no es solo una cuestión técnica: es una necesidad para preservar actividades económicas y la salud pública.

En definitiva, el inventario del Ministerio vuelve a poner sobre la mesa lo que muchos en Galicia ya saben: la huella de la minería necesita gestión y recursos. Queda por ver si la alerta declarada en documento se transforma en actuaciones concretas y en responsabilidad tangible para los titulares. A falta de decisiones rápidas, el riesgo seguirá siendo una amenaza latente para pueblos como los de Monte Neme, Touro y Pedrafita do Cebreiro, y para la tranquilidad de quienes habitan y trabajan en su entorno.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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