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Más de 2.200 escolares y 50 colegios llenan Vigo en la Reconquistiña que abre la semana grande

La mañana del lunes en Vigo transcurrió entre tambores, trajes de época y chocolatadas. Desde Porta do Sol partió una marea infantil: unos 2.200 niños de 50 colegios tomaron el centro de la ciudad para dar inicio a la Reconquista, la gran fiesta local que recuerda la expulsión de las tropas francesas en 1809. La ceremonia, mezcla de educación cívica y espectáculo popular, sirvió además como pistoletazo de salida a la programación que ocupará el Casco Vello durante la semana.

La Reconquistiña: memoria, color y convocatoria

Ataviados con uniformes de época —unos haciendo de ‘franceses’, otros de ‘vigueses’— los escolares desfilaron por el corazón urbano acompañados por tambores y cánticos, en un acto que busca transmitir a las nuevas generaciones una lección de historia local con formato de fiesta. Sobre el escenario, el alcalde, Abel Caballero, hizo las veces de anfitrión y recordó la figura de Vázquez Varela, regidor de la época, antes de dirigirse directamente al público más joven.

La intervención municipal no fue ajena al tono epatante que suele acompañar al mandatario: en gallego y con un mensaje destinado a insuflar orgullo local, afirmó que «Vigo non quería ser servo nin escravo de ninguén e moito menos depender de invasores». Aprovechó además para proyectar ambiciones mayores para la ciudad, aludiendo a la candidatura de Vigo como sede en el Mundial de 2030 y proclamando con optimismo que «Ninguén nolo vai quitar». El remate fue una nota de humor y competencia amistosa con la vecina provincia: «Sodes os mellores nenos do mundo, mellores que os de Nova York, París, Madrid e, por suposto, que os de aí arriba (A Coruña)».

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Tras la ceremonia oficial hubo entrega de medallas y una chocolatada en el barrio do Berbés, donde miles de churros y tazas calientes cerraron la mañana antes de que los escolares regresaran a sus centros. Las imágenes de fotógrafos como Pedro Fernández y Edgar Melchor captaron tanto la algarabía infantil como la liturgia municipal que acompaña a la Reconquista año tras año.

Entre la pedagogía y la fiesta: cómo se organiza una convocatoria tan numerosa

Coordinación fue, una vez más, la palabra del día. Reunir a más de dos millares de niños supone una logística que va más allá del colorido: control de accesos, itinerarios seguros, acompañamiento de docentes y voluntarios, acuerdos con Policía Local y servicios de emergencias para garantizar que la mañana discurra sin incidencias. Según fuentes municipales, la programación prevé turnos escalonados para los centros, puntos de hidratación y equipos de atención primaria en puntos estratégicos del recorrido.

La presencia de 50 colegios refleja, en buena medida, el interés de la comunidad educativa por integrar la efeméride en la formación cívica. No se trató sólo de un disfraz y un tambor; muchos centros aprovecharon para trabajar la historia de 1809 en el aula, introducir nociones sobre la Guerra de la Independencia y fomentar el sentido crítico a la hora de transmitir memoria. Padres y profesorado coincidían en que la Reconquistiña es una manera efectiva de que los más pequeños interioricen la historia local sin abandonar el componente lúdico.

Raíces históricas y disputas de memoria

Cabe recordar que la Reconquista de Vigo rememora un episodio de la Guerra de la Independencia contra la ocupación napoleónica. En marzo de 1809, vecinos y milicias locales expulsaron a las tropas francesas de la ciudad portuaria, un suceso que ha quedado anclado en la memoria colectiva viguesa y que desde el siglo XIX se celebra con distintos grados de solemnidad y folclore. La figura de Vázquez Varela y la evocación del combate popular son constantes en los actos, que combinan reivindicación histórica y espectáculo.

Con todo, la revisión de episodios bélicos a través de la fiesta también plantea retos: cómo explicar la violencia del pasado sin glamourizarla, qué aspectos de la narrativa privilegiar y hasta qué punto la representación contribuye a unir a la comunidad o, por el contrario, a reforzar estereotipos. En Vigo el debate es más pragmático: la Reconquista sobrevive porque es, además, una llamada turística para el Casco Vello y un elemento de cohesión social en la primavera gallega.

La ciudad, desde hace décadas, ha sabido convertir la conmemoración en algo reconocible fuera de sus límites: comidas populares, desfiles y la escenificación de la expulsión de los ‘gabachos’ llenan las calles y atraen visitantes de la ría. Esa proyección se traduce en negocio para hosteleros y comercios del centro, y en lunes ya se comenzaba a notar el movimiento: reservados llenos en tascas históricas y un ajetreo que ayuda a reactivar la economía local tras el invierno.

Repercusiones y la semana que se abre

Con la Reconquistiña como aperitivo, la agenda municipal anuncia varios días de actos que rematarán con la jornada central en el Casco Vello: mercado de época, parodias históricas, conciertos y, como no, la reproducción de la salida de los franceses. Para el Ayuntamiento, eventos de este tipo son la ocasión idónea para mostrarse eficaz en la gestión del ritmo urbano y para reforzar una marca de ciudad que mezcla tradición y ambición moderna; el guiño al Mundial de 2030 forma parte de ese relato más amplio.

En clave local, la celebración cumple también una función pedagógica y simbólica: mantener viva la historia de la ría y enseñar a las nuevas generaciones a reconocer los hitos que forjaron la ciudad. A medio plazo, la pregunta que queda en el aire es si el relato seguirá evolucionando hacia una lectura más crítica o si continuará reforzando el tono festivo y competitivo que hoy lo caracteriza. Mientras tanto, las calles de Vigo permanecerán habitadas por tambores, trajes y chocolate; una mezcla que, año tras año, renueva la memoria colectiva.

Al caer la tarde y con las tazas ya vacías en Berbés, la sensación era la de un ritual cumplido: niños sonrientes, profesores aliviados y un centro urbano que respira tradición. La Reconquista comienza y, por ahora, Vigo parece dispuesta a convertir su pasado en un motor presente de identidad y actividad.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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