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La Xunta aprueba el Pladiga 2026: más brigadas, drones y una UDEX reforzada para afrontar incendios «de enorme intensidad»

El Consello de la Xunta aprobó este lunes, 23 de marzo de 2026, la aplicación del nuevo Plan de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia, el Pladiga 2026. El documento, que se elevará este viernes al Consello Forestal, incluye un refuerzo notable de medios humanos y tecnológicos —entre ellos drones y sistemas de videovigilancia— y una reestructuración de los equipos de dirección de extinción para adaptarse a los incendios de mayor virulencia registrados en los últimos veranos.

Qué cambia en el dispositivo: más brigadas, más expertos y más ojos en el cielo

En el capítulo operativo, la Xunta incorpora 42 nuevas brigadas para la época de alto riesgo, una apuesta clara por aumentar la capacidad de respuesta sobre el terreno. Además, el plan amplía el número de expertos en la Unidad de Directores de Extinción —la UDEX pasa de 6 a 15—, con el objetivo de mejorar la planificación táctica y la coordinación en incendios complejos que afectan a varios municipios o a superficies de gran extensión.

En paralelo a estas dotaciones, el Pladiga 2026 intensifica el uso de tecnología: se prevé un despliegue mayor de drones para vigilancia nocturna y detección precoz, así como la instalación de sistemas de videovigilancia en puntos estratégicos. La Xunta defiende que ambos instrumentos permiten detectar con rapidez conatos antes de que escalen y optimizar el envío de medios aéreos y terrestres, aunque los ayuntamientos y asociaciones de vecinos reclaman garantías sobre la gestión de imágenes y la protección de datos.

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La ampliación del periodo de trabajo del personal fijo discontinuo figura también entre las medidas, con la finalidad de cubrir las ventanas de mayor riesgo meteorológico. A falta de cifras concretas sobre el número total del dispositivo, la intención oficial es solidificar la plantilla en temporada alta y dotar de continuidad a intervenciones que anteriormente quedaban fragmentadas por contratos estacionales.

De dónde vienen los incendios y por qué el plan cambia ahora

Galicia lleva décadas conviviendo con el fuego, pero los últimos años han dejado incendios de una intensidad y extensión que obligan a replantear estrategias. La Xunta no oculta que el objetivo del Pladiga 2026 es «adaptarse a los nuevos tipos de incendios de enorme intensidad en los últimos veranos», en palabras del presidente Alfonso Rueda. La conjunción de sequías más prolongadas, episodios de calor extremo y la estructura del paisaje, marcada por la fragmentación rural y la expansión de superficies monoespecíficas, explican parte del cambio.

En municipios como O Barco de Valdeorras, que aparecen en las imágenes que han ilustrado las últimas campañas contra el fuego, la memoria de incendios que arrasaron laderas y tocaron núcleos de población sigue viva. Por esa razón el Pladiga incorpora medidas de autoprotección y de gestión de perímetros rurales que combinan desbroces, cortafuegos y creación de franjas auxiliares alrededor de urbanizaciones y polígonos industriales, complementando la acción directa de extinción.

Históricamente, la prevención ha sido el talón de Aquiles: la ausencia de gestión forestal extensiva, la dificultad para aplicar medidas en terrenos privados y la necesidad de políticas agrarias que favorezcan usos que reduzcan la biomasa combustible han sido objeciones recurrentes. El nuevo plan intenta avanzar en esos frentes, pero no resuelve de un plumazo tensiones profundas entre uso del suelo, economía forestal y conservación.

Repercusiones locales y próximos pasos

El anuncio ha despertado reacciones encontradas en la política local y entre colectivos ecologistas. Alcaldes de comarcas afectadas celebran el refuerzo de brigadas y la ampliación de la UDEX, porque supone más personal formado y mayor capacidad de mando sobre el terreno, un déficit que en episodios precedentes dejó a responsables municipales desbordados. Sin embargo, técnicos y asociaciones recuerdan que la respuesta inmediata es solo una parte: la prevención en el paisaje y la restauración de áreas quemadas exigen inversión sostenida y cambios en la ordenación.

La implantación de drones y cámaras también traerá debates: mientras la Administración subraya la eficacia en detección y la reducción de tiempos de respuesta, organizaciones sociales y algunos regidores locales piden protocolos claros sobre la conservación de imágenes, límites de vigilancia y participación municipal en la gestión de esos datos. A falta de detalles técnicos en la versión aprobada, este punto será crítico para que la ciudadanía confíe en los mecanismos de control.

Esta semana, además de remitir el plan al Consello Forestal, la Xunta deberá concretar la financiación y los calendarios de contratación. La ampliación de la UDEX y de las brigadas exige reclutamiento y formación, y la compra o contrato de drones y sistemas de videovigilancia implica procesos administrativos que pueden dilatar la plena entrada en funcionamiento del dispositivo.

Galicia no encara esta crisis desde cero. Existen aprendizajes de veranos recientes: el papel de la coordinación interadministrativa, la necesidad de puntos de agua accesibles y la importancia de planes de evacuación municipal fueron lecciones repetidas tras grandes incendios. Ahora toca transformar esa experiencia en medidas sostenibles que combinen prevención, capacidad de extinción y recuperación de los territorios más dañados.

El Pladiga 2026 marca una hoja de ruta más ambiciosa en lo operativo. Pero la eficacia final dependerrá de que las medidas tecnológicas y de personal vayan acompañadas de políticas agrarias y forestales que promuevan paisaje resistente al fuego, inversiones en gestión del monte a largo plazo y diálogo efectivo con las comunidades rurales. Si no, los drones pueden advertir tempranamente, pero no reemplazarán a décadas de abandono y mala ordenación que siguen alimentando las llamas.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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